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Comisiones y subcomisiones

Comisiones y subcomisiones

OPINIóN IR

11/03/2021 A A
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Comisiones y subcomisiones
La semana pasada dimitió el miembro de la ejecutiva provincial del PSOE, Alejandro Campillo. A su vez, el partido, inició la apertura de un expediente disciplinario y su suspensión cautelar de militancia. ¿Por qué? Pues porque este buen señor publicó en las redes sociales un comentario, a cuenta de la vacunación en las hermanas del Rey en los Emiratos Árabes Unidos, en el que expresaba su deseo más íntimo de «dar guillotina a los Borbones». Conste que toda esta película me dejó frío: no es más que otro síntoma de la mala educación que tienen nuestros políticos y de lo poco que piensan antes de escribir cualquier tontería en las redes. Lo que sí hizo que me fijase, es el cargo que ostentaba en la ejecutiva socialista: ‘Secretario de Estrategias contra la Despoblación’. Con dos cojones y una vara. No sabía, ni siquiera podría imaginármelo, que los partidos políticos de la provincia hacían algo (incluso perder el tiempo), para luchar contra la despoblación patria. Porque, ¡hombre!, estudiar medidas a lo mejor lo hacen, pero de ellas no ha salido ninguna solución, y a las pruebas me remito. Antes al contrario, nuestra provincia no deja de perder habitantes; bien por los que la han diñado en la pandemia, bien porque los viejos que disponen de posibles prefieren vivir en Alicante, pongo por caso, o, sobre todo, porque nuestros jóvenes lo único que van a conseguir, si se quedan, es miseria. Que el PSOE tenga en su ejecutiva una secretaría de despoblación me suena a crear una comisión, de la que nacerá una subcomisión y que lo único que consiguen es gastar el dinero de los contribuyentes; normalmente, se eternizan en el tiempo y llenan los bolsillos de los políticos y de los funcionarios que las integran. La ‘Mesa por León’ es un ejemplo esclarecedor de lo que afirmo. La provincia de León está condenada a desaparecer. Si no nacen niños y los viejos tienen la mala costumbre de morirse, pronto nos quedaremos sin gente que are los campos, que vaya a la fábrica (si las hubiera), o que nos sirva un café en el bar de la esquina. Es así de duro y de jodido. La única alternativa para vencer esta sangría sería traer miles y miles de emigrantes a nuestra tierra o crear las alternativas necesarias para que los nuestros no se fuesen a buscar el pan y la sal lejos de aquí. Lo primero es relativamente sencillo. Lo segundo, si dejamos hacer a los políticos, un imposible. Ellos no piensan en el bien común, en la gente. Toda su actividad va dirigida a ganar las siguientes elecciones, para asegurarse un modo cómodo de vida. No, no estoy haciendo demagogia. ¿No lo hace el presidente del Gobierno o el de la Junta?, ¿no lo intenta el presidente de la Diputación? Si es así, que lo es, ¿qué no hará cualquier diputado, cualquier concejal, cualquier alcalde pedáneo?

En Europa, donde no es verdad que aten los perros con longaniza, deben de estar estupefactos con las noticias que les llegan de España. Es impensable que un miembro del gobierno alemán o del gobierno holandés aplauda y aliente las algaradas callejeras que vayan dirigidas contra el gobierno de esos países. Es igualmente inaudito que desde cualquier instancia de esos gobiernos se ponga en cuestión, un día sí y otro también, a la primera magistratura del Estado, aunque, como sucede con la nuestra, la cague a base de bien.

Nuestro problema, y no es baladí, es que en España no se cumplen las leyes. Hoy lunes 8 de marzo, día que escribo este artículo, es el Día de la Mujer Trabajadora. Por favor, quiero, necesito, que alguien me diga en qué ley de nuestro ordenamiento jurídico se dice que las mujeres tienen que cobrar menos que los hombres. Que uno sepa, en ninguno, y me preocupé de preguntar a quién sabe si existía esa discriminación. No, no es problema de la ley. El problema es de su incumplimiento. Entonces, que se persiga a los que lo hacen mal. Es así de sencillo. Y nos quitaríamos de encima un tema que puede, y debería, provocar una reacción social incluso violenta. Si tuviéramos en León, en España, un tejido empresarial coherente, no habría estas desigualdades, mayormente porque la Ley es clara y diáfana. Pero nuestros empresarios, por lo menos la mayoría, son una masa ingente que temen más a una baja maternal que a una inspección de trabajo. Uno se pregunta, seguramente con una malsana inocencia, por qué el Ministerio de Trabajo o el de Hacienda no vigila estos desafueros, cuando debería ser su máxima preocupación... Mientras la sociedad se divierte discutiendo sobre estas cosas que no dejan de ser problemas coyunturales, siguen muriendo en España más de doscientas personas al día por culpa del coronavirus y pasamos de puntillas sobre ellos. Pareciera que nos hemos acostumbrado a ver morir a la gente sin que nuestra conciencia se preocupe lo más mínimo y es vergonzoso. Las noticias de los muertos salen, en los telediarios, en el cuarto o quinto lugar, a los diez o quince minutos de empezar...; no te queda más remedio que pensar que nos molestan los muertos... Salud y anarquía.
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