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Raquel de la Varga y Leticia Barrionuevo | 01/08/2018 A A
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Los consejos de Patronio Cualquier punto de la geografía local podría albergar el argumento de una novela negra
Lope de Vega fue el primero en proclamarlo a los cuatro vientos allá por 1609 en su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo: el mundo es un compendio de cosas inverosímiles, así que la literatura, a imitación de la realidad, debe ser reflejo de esta mixtura de lo dispar. Así apostó él por el género de la tragicomedia, donde el rey y el pobre, la risa y el llanto van a menudo de la mano puesto que «buen ejemplo nos da naturaleza, que por tal variedad tiene belleza».

Luis Artigue, –poeta local con pose de loco– natural de Villalobar, cuatro siglos después es uno de los defensores públicos de este hibridismo (para algunos monstruoso) inherente a la literatura y a la vida. Por eso, es frecuente verlo en público defendiendo la mezcla entre humor y terror y otras uniones en principio incompatibles, que en la práctica ha sabido defender con solvencia magistral.

Con su última novela Donde siempre es medianoche en plena promoción queremos recordar otra obra anterior en la que, partiendo del autobiografismo, convierte a un pueblo como Villalobar en territorio literario en el que cabe todo, casi sin invención ninguna. Esta localidad leonesa —archiconocida por tener el mayor número de prostíbulos por habitante de España— es la ficticia «Violincia», en la que transcurre lo que nos cuenta uno de los clientes asiduos del Club la Sorbona. Esta casa de citas es uno más de los «hospitales sentimentales nocturnos» de Violincia-Villalobar, en el que las «expertas en interacción sexual con ánimo de lucro», «licenciadas en generosidad sexual», «profesionales del fuego amigo» o «expertas en el ardor remunerado» ejercen una labor de atención psicológica y, por supuesto, de enseñanza no reglada. No es casual que el burdel que da nombre a la novela sea el mismo que el de la prestigiosa universidad parisina, ni tampoco nos debe extrañar que la institución universitaria en sentido amplio se lleve tantos palos por parte del autor. Después de todo, la alma mater del mundo occidental nos prepara en cuestión de todo tipo de saberes, pero no para afrontar la verdadera idiosincrasia mundana ni lo inverosímil que nos rodea.

La cubierta ya nos avanza que se trata de «una novela negra, psicológica y de alterne». Y como en toda novela negra, (aunque sea una parodia, o una parodia de una parodia) hay un investigador demasiado peculiar, todo un homenaje al detective clásico anglosajón, con bombín y traje a medida que mide con pulcritud sus actos. Hay algo que investigar, nada menos que el robo de la pipa de Kif que un luthier había fabricado para Mozart y que posteriormente se identificó como la flauta mágica; Hay prostitutas, psicólogos, psicoanalistas, una mezcla de todos los anteriores, chuloputas, homeópatas, loqueros, profesores de universidad, ferias del libro, el arte y la literatura como terapia en este mundo de locos.

Datos prácticos

Según el Instituto Nacional de Estadística, la prostitución representa el 0,35 % del Producto Interior Bruto Nacional de España, lo que se traduce en alrededor de 3.783 millones de euros anuales. Es un tema que siempre ha suscitado el debate social y moral a la par de opiniones heterogéneas y muy variadas, dependiendo del segmento de la población que lo valora. Prohibir o legalizar la prostitución ha sido la disyuntiva eterna de las políticas gubernamentales que no siempre han llegado a un acuerdo con los demás colectivos de la sociedad, con opiniones inevitablemente enfrentadas sin visos de alcanzar un punto de acuerdo.

El gobierno nacional de nuestro país, a través del Plan Integral de Lucha contra la Trata de Mujeres y Niñas con Fines de Explotación Sexual (2015-2018), adopta una postura de defensa de los derechos humanos y protección de las prostitutas, proporcionándoles un espacio de confianza y los recursos necesarios para su atención integral (alojamiento seguro, atención sanitaria, atención psicológica, recursos educativos, etc.). Además de la protección de las víctimas, el Plan Integral insiste en la intensificación de la lucha contra la trata con fines de explotación sexual, la actuación policial y respuesta penal con la puesta en marcha de medidas legislativas. En la misma línea se encuentran asociaciones y organizaciones, como APRAMP, que ayudan a la prevención, reinserción y atención de las mujeres que sufren explotación sexual para recuperar su libertad y dignidad necesarias para vivir de forma autónoma, fuera del control de sus explotadores.

Por otro lado, no debemos olvidar colectivos y asociaciones como Hetaira y Genera que nacen con los objetivos de combatir el estigma social que recae sobre las prostitutas, reivindicar derechos para mejorar su situación laboral, sindicarse, cotizar, en definitiva para favorecer la defensa de sus intereses como trabajadoras que ejercen la prostitución.
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