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Ciudadano de tercera

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Procesión en la Valduerna, 1937. | WEB DE LA ASOCIACIÓN PENDONES REINO DE LEÓN Ampliar imagen Procesión en la Valduerna, 1937. | WEB DE LA ASOCIACIÓN PENDONES REINO DE LEÓN
Raquel de la Varga / Leticia Barrionuevo | 22/08/2018 A A
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Ciudadano de tercera
Los consejos de Patronio ‘Antonio B. El Ruso, Ciudadano de tercera’ sigue siendo una novela desconocida para muchos leoneses
En estos tiempos la historia reciente parece convertirse para algunos en un cuento de hadas adulterado, hasta el punto de llegar a hacernos descreer de lo que era evidente. En estos tiempos de mindfulness y tazas que te invitan a vivir en una felicidad permanente, de inmediatez enfermiza y poca reflexión, para los que ni siquiera llegamos a la treintena hay documentos literarios que debieran formar parte de ese canon de lecturas obligatorias que raramente se llevan a cabo en el periodo escolar.

En los tiempos del Naturalismo contar la verdad con pelos y señales se convirtió en necesidad, y lo que no gustó a muchos entonces siguió molestando cada vez más. El mundo conoce la pobreza de las hurdes gracias a que Buñuel se las enseñó al mundo, hasta que Ramón Carnicer sacó a la palestra literaria una de las zonas más míseras de nuestra tierra y a la vez con más oro en su interior, la región más al suroeste de la provincia, Donde las Hurdes se llaman Cabrera.

De La Cabrera baja, en concreto de La Baña, donde lo "echaron", procedía Antonio Bayo, quien se ha convertido en una de las leyendas de la zona y en personaje literario incómodo. A principios de los años 70, mientras vivía en Bilbao leyó Papillón y se puso en contacto con Ramiro Pinilla, a quien la historia de la literatura tardó décadas en reconocer como uno de los grandes narradores en lengua española hasta que recibió el Premio Nacional de Narrativa en 2006.

Antonio creía que su vida había sido mucho peor que la del célebre ladrón francés de la novela, así que se pasó un mes yendo a casa del escritor bilbaíno para relatarle ante la grabadora toda su vida: cómo sobrevivió en un chamizo de cuatro paredes junto a su madre, quien trabajaba las tierras de los vecinos y se prostituía y sufría las vejaciones de cualquiera a cambio de unas pocas berzas, o con el cura por un saco de patatas; De cómo su hermana de meses se murió en sus brazos por el hambre, o le encarcelaban una y otra vez y lo llevaban ante el juez, que para subsanar el robo de una gallina le instaba a robar para él un conejo. De las palizas de la Guardia Civil y los meses que pasó escondido en el monte ayudado por los maquis; Del hambre que desesperó a hombres hasta el punto de tener que comerse un perro callejero y convirtió a las instituciones en cómplices de la barbarie y la injusticia en aquellos años de posguerra; De cómo perdió varios dedos y, escondido en su casa, escapado de la justicia, tuvo que huir por la necrosis galopante y la peste de la carne podrida en busca de un médico, no sin antes tratar de vengarse prendiendo fuego al cuartel de la Guardia Civil. De las torturas que recibió a lo largo de su vida y que, como tantos y tantos pasajes de esta vida novelada, una de las más terribles novelas picarescas que se hayan escrito, ponen los pelos de punta: "¿He movido la cabeza? Sí, la he movido, porque me cae la primera hostia del día en la cara. [...] El cabo entra, da una orden y un guardia trae el fusil y empieza a reventarme las uñas a culatazos contra la mesa. Saltan por el aire los alfileres y trozos de uñas. Me clavan nuevos alfileres y arrean más culatazos. Y así toda la noche. Los dedos se me abren y quedan sin rastro de uñas, sangrando como caños. ¡Y gracias a que Dios sólo me había dejado seis dedos!".

Lázaro de Tormes escribió su vida en una carta al clérigo que le pedía cuentas de por qué consentía en tener a su mujer amancebada y en su respuesta estaba implícita la respuesta incriminatoria: porque personas con poder como él le habían impedido llevar una vida que pudiese considerarse decente. Siglos más tarde hemos aprendido poco de una obra que, pese a estar considerada como una de las cumbres de nuestra literatura, solo nos quedamos con las anécdotas y no con el trasfondo. Por desgracia, cuando se viven momentos en la historia como el que originó la Guerra Civil, en parajes donde hay más miseria surgen nuevos lazarillos, capaces de sufrir cualquier vejación por salvar la vida. Y por eso Antonio B. El Ruso, Ciudadano de tercera debería ser lectura obligatoria.

Datos prácticos

Tras la reedición de la novela en 2007 se originó una anécdota que, inevitablemente, ha pasado a la historia. Ramiro Pinilla contó públicamente en más de una ocasión para ilustrar que el desarrollo llegó muy tarde a La Cabrera que en una visita del gobernador civil en 1944, los aldeanos al ver los jeeps por primera vez creyeron que eran animales y les echaron brazadas de paja ante sus morros.

La Cabrera, territorio enclavado en el suroeste de la provincia de León y formado por treinta y siete localidades entre la Cabrera Alta y Cabrera Baja, ha cambiado mucho desde entonces. Uno de los principales atractivos para turistas y viajeros son los itinerarios culturales, por caminos y senderos, que se prolongan hasta los singulares pueblos, que forman la región, pasando por castros o fortificaciones de época romana como el Castro Romano de Truchas del siglo I a.C. Algunas rutas propuesta por la zona la del Lago de Truchillas y del Monte Teleno http://www.aytotruchas.es/turismo-y-ocio/rutas/
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