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Ciento veinte minutos

Ciento veinte minutos

OPINIóN IR

08/08/2021 A A
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Ciento veinte minutos
Mamá, me da mucha grima ese hombre. Esas fueron las palabras que dije a mi madre hace unas semanas refiriéndome a un señor que nunca dejaba de mirarme en un bar. El hombre en cuestión se llenaba la boca diciendo que tenía cuarenta y ocho años ––cotizados, supongo– y todos nos mirábamos atónitos. Durante estos últimos días, él siempre me miraba fijamente cuando iba con mis amigas a tomar una cerveza. Este viernes fue más allá y, mirándome a la cara, decidió decir a sus amigos unos sonoros «mirad a esa chica» y «es que me voy a enamorar» que a mí solo me daban arcadas. Unos minutos después, me miró fijamente y me espetó: «deja de mirarme» con un repugnante tono ligón. Tras callarle la boca y decirle que me daba asco, él se fue diciendo que yo era una sensible por haberme puesto a llorar de la rabia. Ni un perdón recibí por su parte.

Semanas soportando que un señor que me duplica o, incluso, triplica la edad me mire de forma lasciva para que, el día que yo le planto cara, él se victimice delante del resto. Esa misma noche, un chico nos calmó a mi amiga y a mí y nos quiso invitar a una sidra. Aún maldigo la hora en que aceptamos. Nos vimos obligadas a bebernos la botella en menos de quince minutos para que nos dejara en paz. De Guatemala a Guatepeor. ¿Aún creen que el feminismo no es necesario? ¿Qué tendría que haber pasado para que se tomara todo mucho más en serio y no se les tratara como a dos hombres que habían bebido un poco de alcohol? ¿Es la bebida una justificación para perpetuar el machismo? Yo tengo muy claras las respuestas, pero no parecen estarlo para todos.

Es pleno siglo veintiuno y el machismo sigue presente, por mucho que haya quienes siempre traten de justificarlo. Esto es un problema social muy grave cuyas representaciones no solo son violaciones y asesinatos, también se dan en pequeñas cosas como las que he contado. Y tengo muy pocas dudas de que la mayoría de mujeres han vivido situaciones así de asquerosas y no han podido denunciarlo. Hoy quiero utilizar estas líneas para condenar lo vivido en menos de dos horas porque ninguna mujer, yo incluida, merecemos pasar por esto. Aún queda mucho, aún no está hecho.
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