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Ciclismo

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OPINIóN IR

22/08/2021 A A
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Ciclismo
Se tenga o no afición al ciclismo, habrá que reconocer que la retransmisión televisiva de este tipo de competiciones reúne intereses que van más allá de lo puramente deportivo. Sin duda porque se trata de un espectáculo, como casi todo lo que se asoma a las pantallas, y por eso el envoltorio acaba siendo en muchos casos más relevante que el contenido mismo de lo emitido. También porque su ritmo cansino en ocasiones, la repetición de comentarios y el sinfín de etapas tan parecidas entre sí animan y arrullan la siesta de muchos espectadores, lo cual no es despreciable. Finalmente, porque contribuye como pocas emisiones a lo que yo defino como turismo desde el pasillo de casa, es decir, sentirse parte de esos recorridos por donde discurren las grandes vueltas.

En esto último también hay intereses y revelaciones más que pintorescas. Ni el Tour, ni el Giro, ni la Vuelta realzan los mismos testimonios del paisaje y de las localidades situadas en el itinerario. Por ejemplo, en la actual edición de la Vuelta a España sorprende la abundancia de imágenes y explicaciones sobre construcciones religiosas frente a otro tipo de monumentos (viejos castillos aparte, casi todos ellos arruinados): catedrales, iglesias, ermitas, santuarios, monasterios, basílicas y todo tipo de edificios de esa naturaleza parecen ser los únicos elementos arquitectónicos reseñables en este país. Incluso un arzobispo, el de Burgos, participó dicharachero en la gala de presentación de la Vuelta y un abad, el de Silos, cortó la cinta del inicio de una de las etapas. No hay un capellán exclusivo para estos eventos, pero poco falta.

Se pretenda tal o no, esto forma parte así mismo del nacionalcatolicismo rampante en estos momentos en España. En casi todo momento más bien, lo cual no resulta ya tan vistoso ni circunstancial. Esa reiteración de imágenes religiosas en una prueba ciclista, o en otras expresiones deportivas donde también son comunes, no es gratuita. Sirve a un dios que no habita en los cielos.
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