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Chile revive la represión y el abuso del 73

Chile revive la represión y el abuso del 73

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Marina Gay Ylla | 27/10/2019 A A
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Chile revive la represión y el abuso del 73
Internacional Por Marina Gay Ylla, estudiante de la ULE residente en Valparaiso
Tras más de 20 años desde el fin de la Dictadura Pinochetista, el pueblo chileno vuelve a ser duramente reprimido, siendo urgente una respuesta social internacional. Los motivos de las manifestaciones han de ser comprendidos y la represión real ejecutada por el presidente Piñera y Chadwick y los efectivos militares y carabineros (policía nacional chilena) ha de ser visibilizada debido a su ilegalidad denunciada por el abogado constitucionalista Jaime Bassa y a los informes del INDH (Instituto nacional de derechos humanos), que ha iniciado querellas por abusos policiales tales como violaciones y abusos sexuales en comisarías, torturas sexuales según redacta la INDH, hacia un joven por parte de un carabinero, muertes injustificadas durante el estado de emergencia y el descubrimiento de un presunto centro de tortura en la estación del metro Baquedano de Santiago. La población denuncia la existencia de detenidos desaparecidos, violencia física y sexual por parte de las FFAA chilenas y uso ilegítimo de armas no reglamentarias.

Un análisis superficial de la situación podría llevarnos a pensar que el motivo de la movilización del pueblo es la subida de precio del metro pero las verdaderas razones no son esas. La precariedad en la que el estado ha sumido al pueblo chileno es, sencillamente, inhumana.

Esta precariedad responde a dos factores: el sistema neoliberal que implanta Estados Unidos desde el ascenso del poder de Pinochet y la constitución que se fragua durante ese período, ya que se siguen rigiendo por la constitución de 1980, durante la dictadura cívico-militar, con ínfimas modificaciones.

Para comprender las estrategias empleadas contra el pueblo chileno es necesario remitirnos a como EEUU empobreció el gobierno del presidente electo Salvador Allende antes de la dictadura pinochetista, mediante la doctrina del Shock que la CÍA toma de la psiquiatría, tal como explica Naomi Klein. Para ello, EEUU llevó a cabo un bloqueo comercial que dio paso a un desabastecimiento de la República Chilena, a esto se le suma la represión militar frente a cualquier disidente y la impunidad que deja el estado al LUMPEN (individuos socialmente marginados por el sistema) para generar inestabilidad y enfrentamientos entre civiles. Tanto es así que ese componente cívico de descontento, por miedo, se puede volver contra el pueblo, si este acepta una nueva “paz” aun conllevándole la pérdida de derechos humanos.

Como he dicho, el motivo del despertar del pueblo chileno y sus movilizaciones pacíficas es un hartazgo de la precariedad. Un sistema en el que la sanidad es privada porque la pública carece de insumos y materiales que el estado no quiere suministrar ni subvencionar de forma adecuada mientras beneficia económicamente a la privada. Un estado que empobrece su educación pública con sueldos ínfimos, ratios de alumnos excesivas y casi nula preocupación en cuanto a la seguridad de los estudiantes, convirtiendo a esta en un gueto de violencia y precariedad material, donde la universidad está vinculada a los bancos y su crédito es gestionado por los mismos que endeuda a 30 años a los estudiantes, que llegan a tener que pagar 220.000 pesos chilenos al mes, es decir 300€ o incluso más para que no se incremente el interés. Las carreras ascienden a precios de 46.000€ aprox. en la universidad pública en un país con un sueldo mínimo interprofesional de 382’2 €.

Un estado que entregó en su día el derecho del agua a la empresa privada que el gobierno actual se plantea entregar perpetuidad, devastando zonas enteras afectadas por la extracción del río Aconcagua. Un gobierno que continúa manteniendo salvajemente la extracción de sus recursos como la energía eléctrica, privatizada y externalizada, “vendiendo Chile a transnacionales” como Endesa, para entregarlo a potencias extranjeras. Un estado que permite que 7 familias sean dueñas del mar y sus recursos mientras los trabajadores tienen que luchar por mantener sus puestos de trabajo y su modo de vida.

Un estado donde las políticas agresivas han omitido de forma explícita las peticiones del pueblo convirtiendo Chile en un resort de las llamadas zonas de sacrificio, grandes concentraciones de industrias altamente contaminantes que sitúan en poblaciones a menudo empobrecidas, que suponen un grave peligro para la salud de sus pobladores en localidades como Quintero y Puchuncaví en las que se contraen enfermedades cancerígenas y se producen intoxicaciones que se cuentan por cientos, sobre todo en menores de edad, a causa del vertido de sustancias y la emisión de componentes tóxicos en el ambiente como el arsénico. Un estado en el que el dirigente de las protestas por la desintoxicación de dichas zonas tras dar un discurso aparece presuntamente suicidado.

Un país donde no existe un sistema de pensiones público que satisfaga la mínima retribución económica para vivir con dignidad y en el que las políticas gubernamentales siguen apoyando sistemas como AFP (administradora de fondos de pensiones) que, lejos de sustentarse sobre los valores ético-económicos de la seguridad social, entrega unas pensiones equivalentes a un país 40% más pobre del que en realidad es según el PIB, potenciando así la precariedad de las familias y mostrando la profunda desigualdad que se ve acentuada por el estableciendo del ahorro privado obligatorio como pilar fundamental de ingreso de dicha empresa. Y finalmente, un gobierno que hace un anuncio del alza del precio del metro a 30 pesos más en hora punta, quedando así en 830 pesos, 1’03 €. El metro es un transporte esencial para los trabajadores chilenos, que gastarían 123,4€ al mes en el acceso al trabajo y la escolarización de sus hijos. Teniendo en cuenta que el salario mínimo interprofesional son 382’2€ y que la pensión básica de vejez es 133’211€ es evidente el abuso económico que sufre la población, incluso previo a la subida.

No, las movilizaciones no son resultado del alza del precio del metro.

¿Qué ocurre en la actualidad? ¿Qué quiere el pueblo chileno?

El pueblo está llenando de manifestaciones pacíficas todo Chile pidiendo masivamente la destitución de Piñera y Chadwick, pues la pretendida anulación de la subida del metro es insuficiente, y el modus operandi de ambos es inaceptable ya que existen evidencias gráficas de montajes televisivos que incriminan a la población, participación militar y de la policía en el avivamiento del fuego de barricadas, quema de supermercados que aceleran el desabastecimiento y de edificios cruciales que sirvieron de excusa a Piñera para militarizar todo el país e instaurar un toque de queda durante el que se están cometiendo detenciones ilegales, como explica el abogado constitucionalista Javier Bassa, ya que estando tipificado como falta, la sanción sería una multa. Nada habilita a ejército o policía a detener ni disparar durante el mismo. También denuncia Bassa que los decretos firmados sobre los estados de emergencia no son constitucionales ya que remiten a artículos que hoy día no existen y muestra la gravedad del hecho de que la actuación de las FFAA esté ejerciéndose sin responsabilidad política ya que Piñera no ha delegado oficialmente dicho poder a Chadwick, y esto también es ilegal. Para la destitución de ambos, se requieren votos de 78 diputados de los 155 existentes.

Entre tanto el pueblo chileno, sigue saliendo a la calle, haciendo frente al miedo que generan los abusos y la deliberada omisión de respuestas de quienes les están reprimiendo.

Marina Gay Ylla. Estudiante de lingüística y literatura de la universidad de León, música, residente en Valparaíso, Chile
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