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Cerrojo a 100 años detrás del mostrador

Cerrojo a 100 años detrás del mostrador

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Fulgencio Fernández | 14/01/2019 A A
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Cerrojo a 100 años detrás del mostrador
Sociedad Ascensión Ramón se despide con una carta a sus 104 años del bar tras el que ha estado todo un siglo, el último de Bárcena de la Abadía que se ha visto obligada a cerrar
Con 104 y una lucidez que demuestran sus palabras, Ascensión Ramón ha tomado la "triste" decisión de echar el cerrojo del último bar de Bárcena de la Abadía, después de un siglo tras su mostrador, "desde los 4", presumía hace apenas unos meses en este periódico. No tenía dudas entonces de que la fiesta será todavía mayor cuando llegue a los 110, pero ahora se ha visto obligada a cerrar no sin antes escribir una carta con la que despedirse y agradecer el "cariño recibido" durante todos estos años.

Trabajadora desde niña, viuda muy joven con 7 hijos, gran lectora y socia de honor del Bibliobus, echa el cierre pero no del todo, porque su casa dice, siempre estará abierta para todo el que la quiera visitar.

Con estas palabras que ha titulado 'Cerrojo a 100 años detrás del mostrador', Ascensión Ramón se despide del bar en el que ha pasado toda su vida y con el que ha compartido la historia de los vecinos de Bárcena de la Abadía:

Mis primeros recuerdos, desde que tenía 4 años, son detrás de un mostrador. Hoy es un día triste para mí, pues la puerta del Bar Ascensión echa el cerrojo. Me invade una gran tristeza, pienso primero en el pueblo, Bárcena de la Abadía sin escuela desde hace ya muchos años, y ahora sin bar: lugar de encuentro de vecinos y forasteros, lugar de tertulia, entretenimiento, de diversión, en el que se comparten las alegrías y también las tristezas, válvula de escape se convierte en lugar de terapia.

Es para mí un orgullo y satisfacción llegar a mis 104 años con plena capacidad física y mental a lo que doy gracias a Dios, y en gran medida, al haber podido seguir al frente del negocio durante todo este tiempo, aunque solamente fuera para charlar con los vecinos, amigos y gente de paso, con los que alguna que otra vez hemos posado para que esos momentos queden plasmados en una fotografía que quedara siempre para el recuerdo.

Hago memoria y recuerdo que hemos pasado tiempos difíciles, años de miseria, de guerras, de hambruna, postguerra, crisis... épocas buenas y no tan buenas, pero de las que con trabajo, sacrificio, dedicación y ahínco hemos salido: despacho de ultramarinos, carnicería, piensos, pieles, bar y casa de comidas, recuerdo cuando hacíamos baile, con música en vivo, de aquí han salido unos cuantos matrimonios, cine, teatro, noches alegres de cantares, también de peleas, cuantas noches he pasado en vela con uno o dos clientes con un vaso de vino.

Lo siento pero hay muchas circunstancias que concurren las cuales me obligan a cerrar.

Desde aquí hago una llamada a nuestros gobernantes que reflexionan y tendrán que tomar medidas, los bares, en poblaciones pequeñas no pueden suportar los mismos impuestos y exigencias como si estuvieran en la misma plaza Lazúrtegui o en la puerta del sol. 

Llega la hora de agradecer a mis convecinos, a tantas y tantas personas que he tenido la suerte de conocer desde mi niñez, que han pasado por nuestra casa, por ellos hemos estado  y llegado hasta aquí, el respeto, la confianza y el cariño que de todos hemos recibido.

Os digo, que la casa de Santos, como era conocida o la casa de Ascensión o Bar la Viuda, nunca se cerrará, estará siempre abierta a toda persona que nos quiera visitar, siempre habrá un trago para compartir y un rato para conversar.

Agradecidos a todos para siempre.

Ascensión Ramón
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