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Care Santos: "A Antonio le echo de menos todos los días"

VERANOIR

La escritora barcelonesa Care Santos. Ampliar imagen La escritora barcelonesa Care Santos.
Joaquín Revuelta | 14/02/2018 A A
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Care Santos: "A Antonio le echo de menos todos los días"
Literatura La escritora barcelonesa, Premio Nadal 2017, ha sido invitada por la Fundación Antonio Pereira para impartir una conferencia en la que establecerá un diálogo con el decálogo del añorado autor villafranquino ‘Me gusta contar’
La escritora barcelonesa Care Santos, flamante ganadora de la 73 edición del Premio Nadal por su novela ‘Media vida’, ha sido invitada por la Fundación Antonio Pereira para impartir este miércoles una conferencia que lleva por título ‘Por qué nos gusta contar (y que nos cuenten)’, que tendrá lugar a partir de las 20:00 horas en el salón de actos de la Fundación Sierra Pambley con entrada libre hasta completar el aforo.

- En alguna entrevista he leído que las historias que contaba su abuela determinaron en cierto modo su decisión de convertirse en escritora. ¿Hasta qué punto la tradición oral, algo muy arraigado en esta tierra leonesa, ha marcado esa vocación?
- Todos somos deudores de la literatura oral de una forma u otra. Estamos en la época de la tecnología y de los aparatitos, pero una persona que sepa contar solo con el don de la palabra seduce y consigue captar la atención de un auditorio. No hacen falta grandes efectos especiales ni nada que se le parezca. Ese poder lo sigue teniendo la palabra y nos sigue sugestionando. Y desde luego lo que decías es muy cierto, pues yo creo que sin mi abuela materna, Teresa, no hubiera sido la escritora que soy, porque ella era una narradora oral maravillosa. Y pienso que sin ser muy consciente de que lo era realmente.

- ¿Ese vínculo familiar alimentó ya entonces su vocación literaria o concurrieron otras circunstancias?
- Yo nací en una casa llena de libros porque tanto mi padre como mi madre eran grandes lectores y ambos hacían sus pinitos escribiendo. Mi madre un diario y mi padre siempre escribió poesía y novela. Pienso que se debe a las dos cosas, tanto a los libros que había en la casa de mis padres y al interés lector que ellos tenían, como a las historias de mi abuela que me hicieron descubrir eso que te decía, lo fascinante que era hacer una simple historia con la única condición de que esté bien contada.

- Me imagino que las primeras lecturas que le impactaron fueron determinantes a la hora de decidir que lo suyo era la literatura. ¿Qué libros o qué autores fueron los que ejercieron una mayor influencia en aquellos años de iniciación?
- Yo leí siempre muy desordenadamente, por pura pasión, que es la mejor manera de leer que existe. Por tanto leí de todo. Primero leía lo que no me dejaban leer, evidentemente, es una de las obligaciones de los hijos llevarle la contraria  a los padres, o aquello que mi padre no me recomendaba ni me hubiera recomendado jamás. Y después, todo en realidad. No hay género ni autor que no me haya interesado en algún momento o que pueda interesarme. Al revés, lo que siempre ando lamentando es la falta de tiempo que tenemos para leer, pero no porque no le dedique tiempo sino porque la vida es corta para leer todo lo que te gustaría.

- Lo que me sorprende siendo todavía una persona joven y madre de familia numerosa es de dónde saca tiempo para leer y para escribir tanto y en todos los campos literarios.
- Tiene poco glamour y se habla poco de la política del esfuerzo porque el valor del esfuerzo parece que no está de moda. Pero yo es en lo único que creo. Yo creo en el trabajo, constante, diario, extenuante si hace falta, pero dado que hacemos algo tan hermoso y que nos gusta tanto, pues también está bien que trabajemos más que la media de la población. Yo me lo aplico plenamente. Me gusta lo que hago pero a la vez trabajo muchísimo.

- ¿Elige cualquier hora del día para escribir?
- Ya no. Antes me tiraba escribiendo toda la noche y dormía por la mañana. Sin embargo, desde hace unos años he comprobado que soy más lista por las mañanas. Intento empezar a trabajar muy temprano, a las siete o así, y escribo hasta la hora de comer.

- Ha cursado Derecho, Filología Hispánica y Periodismo.
- No estudié Periodismo, ejercí de periodista en varios medios de comunicación, pero siempre buscando el poder escribir y ganarme la vida con ello. Tuve la suerte de que todavía estaba en una época en que el periodismo permitía esas cosas, porque desde luego ahora no las permite. Yo aprendí prácticamente todo lo que sé de escritura de los grandes maestros que tuve como redactores jefes y como era muy jovencita resultó ser un buen aprendizaje y encima cobrando.

- ¿De qué manera el periodismo le ayudó en su faceta literaria?
- Me ayudo muchísimo. El periodismo yo creo que hace algo importante, que es enseñarte a separar el grano de la paja, muy importante, y enseñarte el don de la brevedad. Pienso que Antonio Pereira lo aplaudiría. La brevedad es un don. La falta de exceso es un don. Hay textos que requieren más brevedad que otros. Eso el periodismo te lo enseña muy bien. Y me enseñó también una disciplina de trabajo. Porque en la redacción de un periódico tú no tienes nada que argumentar salvo que hay que acabar el texto para el día siguiente. Y da igual que no te salga, que no encuentres las palabras, el hecho es que tiene que estar terminado a una hora concreta.

- Citaba antes a Antonio Pereira, cuya fundación la ha invitado este miércoles a impartir en León una conferencia. ¿Qué conoce, aparte de la obra del maestro del cuento y el relato, del resto de escritores nacidos o formados en esta provincia?
- Tenéis una hornada maravillosa. Naturalmente les conozco como lectora, pero también he tenido la suerte de conocer a muchos de ellos en persona. Antonio era un ser adorable, además de un magnífico escritor. En mi intervención de esta tarde voy a establecer un diálogo con el decálogo que publicó en Muchnik, que se llama precisamente ‘Me gusta contar’. Ya empiezo parafraseándole en el mismo texto de mi conferencia, pero Antonio es mucho más que un escritor de referencia para mí. Es una persona a la que echo de menos todos los días.

- ¿Y del resto de autores leoneses, Mateo, Merino, Aparicio, Llamazares... qué me puede decir?
- El resto, en distintos grados, les conozco a todos, les he leído a todos, por supuesto, y me parece envidiable el corpus de la obra que entre todos han ido contando. Desde luego yo no sé qué coméis ahí en León que pasan estas cosas, porque es una hornada literaria de las que merecen la pena.

- ¿Le gusta ir alternando sus escritos en función del tipo de público al que van destinados?

- Me gusta cambiar para no aburrirme nunca. Pienso que si siempre hiciera lo mismo acabaría aburriéndome de mí misma y de repetirme, porque ese es un peligro grande que corremos los que llevamos muchos años escribiendo y pensamos seguir haciéndolo, que al final acabamos plagiándonos a nosotros mismos. Yo la única forma que encuentro de no caer en eso, aunque seguramente caeré también, es variar de interlocutor, de género, de tono, incluso de lengua porque también escribo en catalán. El público infantil es probable que acabe no cultivándolo tanto como otros, pero el juvenil por ejemplo es un público que me encanta, que me parece durísimo, que es un reto para cualquier escritor que quiera enfrentarse a ellos, y que además es necesario captarles porque son los lectores del futuro.

- El público adulto es el destinatario natural de su novela ‘Media vida’, con la que ha ganado el Premio Nadal en su 73 edición, donde hace un reconocimiento a la generación de sus padres, que tuvieron que sortear más dificultades en su educación, en especial en el caso de las mujeres.
- Yo quería homenajear a esa generación de mujeres a las que educó durante el franquismo y con el paso de las décadas, que además fueron pocas, tuvo que dar un salto cuantitativo porque en realidad el mundo ha cambiado muchísimo y no se parece en nada al que recibieron y para el que fueron educadas. Y han tenido que hacer un esfuerzo grande, que algunas han hecho con naturalidad, otras no tanto, pero en todo caso todas ellas se han visto ante el reto de recorrer ese camino tan largo de la educación que recibieron y el entorno en el que se criaron a una sociedad que no tiene absolutamente nada que ver con sus principios morales, con lo que se esperaba de ellas, con el papel de la mujer en la familia, etc.

- He leído que mujeres de la generación que usted retrata en ‘Media vida’ se han sentido plenamente identificadas con los personajes de su novela. ¿Le ha resultado difícil meterse en la personalidad de esas mujeres tan diferentes a usted?

- Siempre comienzo a construir a través de los personajes. He estudiado escritura teatral, donde se pone mucho énfasis en los personajes, algo que yo creo que se descuida un poco cuando se estudia teoría literaria de la narrativa. Los personajes son importantísimos porque son los actores que van a hacer que tu historia avance. Es difícil pero también muy gozoso construir el mundo en el que vas a vivir durante unos meses mientras escribes la novela. Yo lo que pretendía aquí es que fueran cinco modelos posibles en esa época, cinco mujeres diferentes, que también son cinco recorridos o cinco respuestas a lo que la vida les sirvió, pero también aquello de lo que venían, que fueran verosímiles para aquellas mujeres que conocieron la época y que podrían ser cualquiera de ellas. Me encanta que mis lectoras, las de esa edad, las que sí podrían haber sido mis protagonistas, se sientan identificadas y sientan que hay verdad en esos personajes. Porque en realidad de eso se trataba.

- Después de un año de promoción, ¿cómo vive la vuelta al trabajo?

- Lo que me cuesta es no escribir. Lo peor que llevo de las promociones es que me apartan de mi mesa y mis papeles. Eso lo llevo fatal.
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