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Cara y cruz de Salvador Ferrer Culubret

Cara y cruz de Salvador Ferrer Culubret

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Fuerte de San Cristóbal en Navarra. Ampliar imagen Fuerte de San Cristóbal en Navarra.
| 14/05/2020 A A
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Cara y cruz de Salvador Ferrer Culubret
Historia Por José Luis Gavilanes Laso
Durante su estancia en León como Inspector de Enseñanza Primaria, Salvador Ferrer Culubret Maura (Girona 1902-1985) dirigió la emisora local Radio León. Presidió el Ateneo Obrero de León y la Asociación de Prensa. Tenía su domicilio en la Avda, Padre Isla, 24. Casó en 1932 con la leonesa Julia Morros Sardá (León 1902-Madrid 1983), también como él Inspectora de Enseñanza Primaria y doctora en Ciencias Naturales. A ella se debe una tesis doctoral sobre antroprometría, un estudio antroprométrico comparativo de niños leoneses, trabajo que se ha convertido en libro de consulta indispensable por ser el único existente en este campo. Fue acusada de significada izquierdista afiliada al partido Radical Socialista. Por el B.O.E de 21 de junio de 1937 se la separó definitivamente de servicio, con baja en el escalafón.

Políticamente, Salvador Ferrer militó en Unión Republicana como Vicepresidente del Comité Local y Vocal del Comité Provincial. Se significó por su militancia en la Institución Libre de Enseñanza, vinculación a la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, a la de Trabajadores de la Enseñanza y a la dirección del periódico profesional República.
Fue detenido el 16 de agosto e 1936 e ingresado en el depósito San Marcos, entonces lugar en León de reclusión para aquellos considerados individuos de izquierda o de «ideas avanzadas» no sumados al golpe de estado militar que había triunfado en León el 20 de julio. Al parecer, según recoge en su libro Carlos J. Domínguez (‘Asesinaron La Democracia. Autopsia a Miguel Castaño, alcalde y periodista represaliado’) Salvador Ferrer es detenido tras ser denunciado por alguien «con gran influencia en Falange –sin identificar la fuente– y de guardar en su domicilio una pequeña pistola detonadora conocida como ‘asusta perros’, y un viejo recibo de pertenecer a la Asociación de Amigos de la Unión Soviética».

Lo cierto es que en el Consejo de Guerra sumarísimo subsiguiente, del 5 de noviembre de 1936, se le acusa a Salvador Ferrer de ser autor de un delito de rebelión militar previsto y penado en los artículos 237, párrafo 2º del 238 Código de Justicia Militar, en relación al apartado A del artículo 6º del Bando de la Junta de Defensa del 28 de julio de 1936, condenándole a la pena de reclusión perpetua.

En su declaración ante el tribunal militar, Salvador Ferrer manifiesta: «Que el precepto que ha guiado su vida es la ecuanimidad; que su actuación desde Radio León ha sido la enseñanza de poesías y canciones leonesas a los niños, negándose a propagandas políticas; que perdona al que le acusó ya que no quiere que en su hogar pasen las zozobras que pasan en el suyo».

Resulta indudable que en su detención tuvo que ver un personaje fundamental en la represión en León y su provincia –tanto en los procesados por «traición»,  como por «auxilio a la rebelión», como en los «paseados» o fusilados sin juicio previo– el falangista Comandante de la Guardia Civil y Delegado de Orden Público, Luis Medina Montoro; designado por el General Comandante Militar de la Plaza para averiguar la actuación de las personas de «significación político-social e influjo que hayan podido tener en las ma-sas(sic) proletarias».

Salvador Ferrer es el único de los 16 encausados en el mencionado Consejo de Guerra que se librará del pelotón de ejecución en el Campo de Tiro de Puente Castro el 22 de noviembre de 1936. Acusados de «traición», estaban entre ellos: el Alcalde de León, el Presidente de la Diputación y el Gobernador Civil. Según la sentencia, «todos ellos habían contribuido en forma directa y maliciosa a entorpecer las operaciones del Ejército y facilitar las del enemigo».

Entre los testigos llamados a declarar en el Consejo de Guerra contra los 16 encausados, a  instancia de Luis Medina Montoro y su secretario Bernardo Venta Venta, sólo Germán María Castellanos, un «retirado de Negocios y con domicilio en Ordoño II, número dos», menciona a Salvador Ferrer. Al ser preguntado, declara que: «Oyó a don Salvador Ferrer Culubret acompañado de su señora que decía a otro señor, a quien no conoce el dicente, que el Ejército al sublevarse cometía una canallada contra el Estado, ya que lo que se ventilaba era un pleito entre derechas e izquierdas (….); que dicho señor estaba dispuesto a tomar parte con toda su fuerza para aplastar el movimiento del Ejército; que es público y notorio en León que dicho señor Ferrer era el designado como Comisario de la Checa para que una vez que hubiera triunfado el movimiento comunista que preparaban los elementos del Frente Popular; que dicho señor Ferrer lo considera el dicente como un destacadísimo elemento marxista de acción».

El 7 de noviembre se da una orden para que Salvador Ferrer sea trasladado de San Marcos a la Prisión Provincial de León y posteriormente trasladado al Fuerte de San Cristóbal, en Pamplona.

Hasta el ingreso en la cárcel navarra, la vida de Salvador había discurrido paralela a la de Ricardo Fernández Cabal. Ambos dedicados a la enseñanza con labores pedagógicas de actitud laica: Salvador en León y Ricardo en Asturias, pero este último con grandes periodos de estancia en León por ser el domicilio de sus padres (su padre Manuel Fernández Fierro era también Inspector de Enseñanza Primaria). Ambos, Ferrer y Cabal, eran militantes de izquierda y pertenecientes a la Institución Libre de Enseñanza. Ambos aficionados al teatro, uno como autor y el otro como actor. Ambos detenidos en León con tenencia ilícita de arma de fuego. Ambos juzgados en Consejo de Guerra y condenados a cadena perpetua, recluidos en el depósito de San Marcos y trasladados al Fuerte de San Cristóbal, en Pamplona. A partir de aquí su vida paralela acabará total y brutalmente.

El 22 de mayo de 1938 tuvo lugar la famosa fuga de 795 presos de la prisión navarra. De todos ellos sólo tres consiguieron pasar a Francia. El resto o regresó de inmediato a la prisión, fueron muertos o capturados. Cabal estuvo entre los fugados, pero fue capturado, juzgado como cabecilla del motín, condenado a muerte y fusilado. En el proceso que se le incoó tuvo especial participación Salvador Ferrer, quien se había quedado en el fuerte y entablado buena relación con dos de los tres falangistas que estaban también en el mismo batallón. Con cadena perpetua para Ángel Alcázar de Velasco y diez años a José Rodiles Pascual (el otro falangista era el capitán de caballería José Chamorro García, hermano del piloto  de avión que se estrelló en la provincia de Burgos transportando al General Mola). Estos tres falangistas estaban condenados por implicación en la disidencia de Manuel Hedilla a la orden de Franco de Unificar al Tercio de Requetés con la Falange Española y de las JONS.

Salvador Ferrer declaró en el juicio contra los capturados que durante la fuga Cabal pretendía matar a Ángel Alcázar de Velasco, lo que ratifica en su declaración el propio Alcázar de Velasco: «Ricardo Fernández Cabal le buscaba para matarlo, y gracias a D. Salvador Ferrrer y D. Federico López Costa, evitaron que diera con él» (vid. toda esta historia, sin duda inventada para ganar méritos, por Alcázar de Velasco en su libro ‘La gran fuga’, Editorial Planeta, Barcelona, 1977, donde en la página 217 aparece la fotografía de Salvador Ferrer y citado en la 239). Por su testimonio y no haber colaborado en la fuga, Ferrer será seguidamente indultado y excarcelado en enero de 1939.

Es revelador, aunque con datos falsos, el testimonio de otro recluso de San Cristóbal, el vasco Josu Landa. En una entrevista, declara a favor de Cabal en estos términos: «Hubo un canalla que le denunció, Salvador Ferrer. Al enterarnos nos intrigó conocer qué motivo fue el que le impulsó a hacer la canallada (…) Según nos contaron paisanos de Cabal, existían una serie de motivos que fueron los que llevaron a Cabal al ‘paredón’. Siendo los dos inspectores de enseñanza, Cabal tenía más prestigio en el Cuerpo y era más querido por la gente; lo dos escribieron un tratado de pedagogía, teniendo más éxito el escrito por Cabal que el de Ferrer. Los dos anduvieron detrás de la misma chica y fue Cabal quien se casó con ella. Todos estos motivos fueron los que sacaron a flote la envidia y el rencor que Ferrer anidaba en su interior. Con esta denuncia consiguió que, a la hora de premiar a los chivatos, le rebajaran la condena y, como resultado de ello, saliera en libertad: No solo consiguió la libertad, sino que le nombraron secretario de Rodiles, uno de los falangistas que también salió y que acto seguido fue nombrado para ocupar un importante puesto en la Radio Nacional. El tal Ferrer era una de las peores personas y la más hipócrita de las que he conocido en mi vida. Es una de las pocas caras que durante mucho tiempo aparecía ante mí en los sueños» (Félix Sierra y Iñaqui Alforja, ‘Fuerte de San Cristóbal. La gran fuga de las cárceles franquistas’, Pamiela, Pamplona, 2ª ed., 2006, p.138).

Parece cierto que Cabal y Ferrer no eran íntimos amigos en su etapa leonesa. No sé si ambos estuvieron en disputa sobre una mujer. Lo falso es que Cabal estuviera casado. Murió soltero. Ferrer sí lo estaba con Julia Morros Sardá, como ya ha quedado dicho. Aunque ambos tenían ideas afines sobre pedagogía infantil, no es cierto que Cabal hubiera escrito un tratado y de más éxito que el de Ferrer. Cabal no era inspector sino simplemente maestro en Careñes-Villaverde (Asturias). Lo que sí es cierto es que Ferrer acompañó a Rodiles, nada más recobrar libertad, como ayudante en la etapa de este último como director de Radio Nacional de España, de 1939 a 1941.

Tras su liberación, Salvador Ferrer Culubret llevó a cabo una intensa labor de divulgación de temas educativos pronunciando conferencias en Bruselas, La Haya, Amsterdan, Madrid, y diversos centros culturales y pedagógicos de capitales españolas. Previamente a su detención y condena, había escrito ‘La escuela laica’, Gráficas Leonesas, 1934. Su posterior trabajo ‘Una institución docente española: La Escuela de Estudios Superiores del Magisterio (1909-1932)’, publicado en Madrid en 1973, sigue siendo un referente en la historia de la educación española.

También destacó como escritor, especialmente como dramaturgo. Es autor de una docena de obras de teatro (una de ellas, ‘El Condestable’, obtuvo en 1965 el premio ‘Lope de Vega’, otorgado por el Ayuntamiento de Madrid), además de novelas y otras publicaciones. Fue también guionista de espacios relacionados con el mundo de la escena muy populares en la primera época de TVE. Fue también presidente del Círculo Catalán de Madrid. En su honor, el Pleno del 14 de enero de 1992 del Ayuntamiento de Girona acordó dedicarle la calle que lleva su nombre.

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