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Calzado duro para años duros

CULTURASIR

Las famosas e históricas Chirucas… las que corrían más que los grises, se decía. Ampliar imagen Las famosas e históricas Chirucas… las que corrían más que los grises, se decía.
Toño Morala | 31/12/2018 A A
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Calzado duro para años duros
Reportajes Calzados vamos todos, salvo escasas excepciones, pero en las épocas más duras y en las familias con menos posibles tenían que durar mucho aquellos calzados de entonces
Terminábamos el anterior reportaje de los maestros turroneros con… «menos plato, menos turrón, y más zapato…» y qué mejores fechas para escribir sobre ellos, que estas que estrenamos un año nuevo, y que la tradición dice que hay que dejar un zapato en la Noche de Reyes para recibir regalos. Nos llega a esta memoria tan inmensamente frágil y llena de buenos y malos recuerdos; de cosinas que nos sirvieron para vivir mejor, y que nos quitaron muchas penalidades; aún muchos recordamos a muchas buenas gentes descalzos o con unas sandalias o alpargatas roídas del desgaste y la mala fortuna. Aún, esta memoria, a veces tan triste y nostálgica, recuerda la casi miseria, por no decir claramente, miseria, -sin más-, en la que se malvivía en tiempos aún no tan lejanos; tiempos llenos de penurias y de pocas alegrías, de trueques llenos de medios engaños para los de siempre, y de robar, sí, robar a manos llenas a los pobres trabajadores y campesinos de este país, en aquellos años, donde la picaresca era el pan negro de todos los días, y si sobraba, además, se le ayudaba al vecino; y si poca ropa había entre los calados huesos, menos aún se despachaba el calzado en aquellos pies tan acostumbrados al barro, el agua, el frío, los sabañones, y la cura con manteca de cerdo en ellos para calmar el dolor y las heridas que la pobreza despachaba sin más en la mayoría de las casas de la bondad, el trabajo digno, y las sonrisas inocentes y limpias de los moradores de las mismas. Pero lo dejamos ahí, en la memoria del pasado, pero no en el olvido… y nos metemos de lleno en el relato que hoy intentaremos escribir. El calzado, esa necesidad que se fue agrandando al evolucionar la especie y dejar de ser nómadas para hacernos sedentarios; el sedentarismo, ha sido una de las claves de grandes cambios en la evolución humana, y uno de ellos fue el vestir y el calzar. Y así se fueron creando y resolviendo con aquellos materiales de cada zona, o con lo que más a mano se tuviera… pieles, fibras textiles vegetales y animales…

Sandalias de paja de Egipto

Pero no todo ha sido fácil de inventar, no todo es pensar y ponerse manos al calzado, ni mucho menos; tuvieron que pasar siglos enteros para ir acoplando tanto materiales como las formas de fabricar calzado a la medida de los pies. Todo ha tenido su tiempo y evolución, todo ha tenido sentido, aparentemente práctico, y de esa manera hemos llegado a estos años donde cada individuo de occidente puede tener un bonito mueble zapatero con un buen montón de calzado para todas las épocas del año; casi nada, y encima vamos a la moda, bueno… lo que dictan las modas, lo de la comodidad es otra cosa. El calzado más antiguo que se conoce es un par de sandalias fabricadas con paja trenzada, y que provienen de Egipto. Cuenta la historia, que en los tiempos bíblicos se entregaba una sandalia como un signo de juramento o para cerrar un contrato; eran costumbres de cada sitio; aquí se da un apretón de manos, y fuera. Según algunos expertos, hace unos 15.000 años, el hombre prehistórico quiso proteger sus pies del frío y del hielo y se le ocurrió cubrirlos con un trozo de piel de animal y amarrarlos con una especie de cordel. Sin saberlo, habían inventado el primer calzado. Los griegos llevaban altos coturnos que llegaban a la pantorrilla y que eran simples suelas atadas con cintas y correas que posteriormente usaron los romanos. Hasta finales del siglo IV se utilizaron las sandalias, que fueron sustituidas por calzados fabricados con pieles de animales y que también usaron los bárbaros.

Otro apunte, dice que en el siglo VII, los carolingios empezaron a usar polainas que dejaban solamente los dedos al descubierto. Y ya más para acá, en la Edad Media, se fue imponiendo la moda de los zapatos terminados en punta, quizás por la influencia oriental a través de las cruzadas. El Renacimiento trajo consigo una nueva moda al calzar zapatos demasiado anchos. Y durante el Barroco, el zapato se convierte en uno de los gustos estéticos de la época… líneas, curvas, bordados, sedas, terciopelo, bridas, bucles… -qué coquetos- usando un buen montón de todo tipo de artículos, que rayaban la exageración y la ostentación. Es en aquella época, cuando también surgen los tacones, y lo más curioso es que no fueron las damas las primeras en utilizarlos. Fue Luis XIV, el Rey Sol, el primero que los llevó para poder agarrarse mejor a los estribos a la hora de montar a caballo.

Segarra, Gorila, Chiruca

Y aquí en nuestro país, a finales de siglo ya existía una industria consolidada y mecanizada con fábricas que llegaban a superar los 1.000 trabajadores. Además, en el siglo XX el cuero es sustituido por la goma en la suela y se empiezan a probar materiales sintéticos para su fabricación. Aunque no es hasta 1971 cuando aparecen las primeras zapatillas de goma de marca comercial. Y hay que escribir un poco sobre la historia de aquellas primeras fábricas españolas con nombre propio que llenaron y cubrieron los pies de calzado a todo un país en tiempos muy fastidiados. Nombramos algunos ejemplos… La historia de Calzados Segarra empieza con su fundación como empresa en 1882. Segarra junto con grandes maestros artesanos especializados en la fabricación de calzado, llegaron a convertirse en una de las mayores empresas zapateras de Europa durante muchos años.

Otra de aquellas fábricas fue Gorila; fundada a principios de la década de los 40, Gorila ha sido y sigue siendo una de las empresas de calzado más antiguas y queridas de España. Desde sus inicios en un modesto garaje de Mallorca, pasando por el nacimiento de la famosa pelotita verde, hasta su posterior traslado a Arnedo (La Rioja). En 2016, en Madrid, se ha realizado una exposición que recoge la historia de una marca que ha visto crecer a varias generaciones y que ha calzado a pequeños y mayores desde los convulsos años de la posguerra. La cadena… Don Manuel y Don Santiago fundan en el año 1836 la primera fábrica en Munilla, La Rioja. Cuentan que: «Munilla era el centro lanero de aquellas sierras y el río Manzanares que riega la villa un buen lavadero de lana. A lomo de caballerías fueron llevadas a Munilla las máquinas y los telares a mano, a aquel edificio, que conocen en el pueblo con el nombre de «Vapor Viejo», cuyas naves silenciosas y abandonadas, conocieron los primeros afanes de estos dos emprendedores hermanos».

Mercedes en diminutivo

Chiruca, tiene una vida que cubre un montón de avatares, que pasó de la gloria al casi olvido, hasta que su actual propietaria, la riojana Calzados Fal, la ha vuelto a revivir. La historia de esta marca legendaria, se remonta hasta la Primera Guerra Mundial y tiene un acontecimiento un tanto paradójico… el derribo de un avión por la resistencia francesa en los pirineos catalanes, fue la causa de que el avión cayera en un pueblo de Gerona llamado Tortellá, donde residía un ingeniero textil, un avispado que aprovechó el fuselaje del avión estrellado para hacer el molde de una suela capaz de ayudar a los franceses a atravesar la frontera escapando de los desastres de la guerra. Aquella nueva bota de gran resistencia recibió el nombre de Chiruca porque la esposa del ingeniero se llamaba Mercedes, y Chiruca era su diminutivo cariñoso en gallego. Este era también el título de un drama de Torrado, que entonces hacía furor en los teatros de Cataluña. Así que el bueno del ingeniero pensó que éste era el nombre apropiado para una marca que nacía con suerte. Sin embargo, las cosas se torcieron cuando, durante la II República, el Estado decide expropiar la empresa.

Aquel golpe de estado del 36 y la victoria golpista, la dictadura franquista, devuelve la fábrica a su antiguo propietario, que a su vez se asocia con un empresario vasco, y se convierte en el primer fabricante nacional de calzado. En la década de los cuarenta, nada menos que el 80% de los españoles (especialmente, militares y campesinos) usaban las Chiruca… Y hay que cuidar el calzado, y mucho, en ello nos va tanto la economía doméstica, como el buen andar de nuestros pies por la vida.
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