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Caer en la barbarie

Caer en la barbarie

OPINIóN IR

25/11/2019 A A
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Caer en la barbarie
Hemos caído en la barbarie? No es una pregunta gratuita, una simple ocurrencia, si se contempla la larga temporada de destrucción de inmobiliario, cortes de carreteras, huida de empresas y deterioro de la convivencia en Cataluña sin que nadie se oponga. Y eso que se trata de que una parte de España, movilizada por una minoría, trata de romper sus lazos con el Estado Español, del que forman parte por sucesos históricos y jurídicos, el último de ellos La Constitución Española, votada por una amplísima mayoría de catalanes. El cronista, leonés habitante en Cataluña, se siente obligado por imperativo moral a dar su opinión al respecto, por si contribuyera en algo a esclarecer a sus paisanos el ambiente que se vive ahora, cuando el mismo Presidente del Parlamento Catalán acaba de reconocer ante un juez que no se siente obligado a cumplir, ni acatar, leyes provenientes de tribunales «españoles».

En un reciente libro: ‘Los amnésicos’ de Géraldine Schwarz, descendiente de alemanes y franceses que callaron ante los desmanes del nazismo alemán, y se aprovecharon de la persecución contra los judíos, y el colaboracionismo francés, se pregunta «¿Por qué una sociedad moderna, rica y cultivada, cayó en la barbarie?». ¿Por sacar provecho? Y ella misma nos proporciona la explicación. «El fascismo seduce y es sexi. Ni yo sé si me hubiera resistido a esa seducción. ¿Realmente, seduce el separatismo catalán?».

El paralelismo entre este independentismo catalán y la barbarie, y dentro de ella el nazismo, deviene de la imposición por la fuerza y por parte de un grupo étnico concreto, de una forma de organizar la sociedad, excluyente de otros grupos de la misma, aunque sean mayoritarios, por el hecho de no hablar como ellos, no pensar como ellos, no participar de sus ansias de acaparar todo el poder para lucrarse; de comer a parte para comer más.

La convivencia que comenzó a romperse cuando «reinaba» Jordi Pujol, aquel impulsor de la mentira del derecho de autodeterminación, que sólo se contempla para países bajo la bota extranjera, es el karma que repiten los independentistas como si fuera dogma de fe. Pero los dogmas, como el amor, hacen el daño y se van. Como escribe Manuel Vilas en ‘Alegría’, «el amor es un deseo permanente, que no se cumple, que nos avisa de la hermosura de la vida y luego se marcha».

Reconoce la Schwarz que su abuelo francés, colaboracionista con Hitler, era un guardia de frontera, en un entorno pobre que tal vez valoraba más un trabajo seguro que ser un héroe. ¿Ahí comienza la barbarie? ¿Callar ante el nacional/separatismo no es barbarie? ¿Entonces, qué es?
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