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Arrebol

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OPINIóN IR

14/04/2021 A A
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Todo es provisional: el amor, el arte, el planeta Tierra, vosotros, yo. La muerte es algo tan ineludible que pilla a todo el mundo por sorpresa. ¿Cómo saber si este día no será el último? Creemos tener tiempo. Y luego, de repente, ya está, nos ahogamos, fin del tiempo reglamentario. La muerte es la única cita que no está anotada en nuestra agenda». Así empieza Frédéric Beigbeder su novela ‘13,99 euros’ en la que sigue contando que ha decidido jubilarse a los treinta y tres años. «Dicen que es la edad ideal para resucitar».

Hubo una época en la que todo lo que estaba firmado por Beigbeder era susceptible de caer en mis manos. Lo leía al tiempo que lo hacía un amigo, el mejor amigo. Compartíamos las palabras de este escritor francés hasta el punto que nos enredaron haciéndonos creer que, como otra de sus obras, ‘El amor dura tres años’. Ahora que cumplí 33 no pudo por menos que, al felicitarme, desearme la resurrección. «Dicen que es la edad ideal para resucitar».

Todo pasó en aquel abril de 1988. Llegué con nocturnidad y alevosía en una madrugada precedida de un atardecer de esos en los que el cielo se pone en llamas. No olvidan en casa aquellos rojos y naranjas que hicieron del cielo el infierno en un momento. «Mira, hoy está el cielo como cuanto tú naciste» es una de esas frases con las que he convivido desde que tengo uso de razón, como si aquel arrebol fuese la premonición de las rosetas rojas de mis carrillos. No contento con el arrebol y con haber tenido niña, mi padre volvió al pueblo aquella noche después del alumbramiento para dedicarse a tocar las ventanas de la familia anunciando la ¿buena? nueva. De aquello, ya van 33. «Dicen que es la edad ideal para resucitar».

Ha llovido más de tres décadas. Dientes de leche, los definitivos, la miopía, la escuela, la comunión, el instituto, aprender a tragar el humo de los cigarros, el sabor del primer whisky, las verbenas. Más verbenas. Salamanca, Roma. La universidad. Los para siempre y los nunca más. Bombon Chip, Ella Baila Sola, Extremoduro, Violadores del Verso, Vetusta Morla. El discman, el mp3. El Alcatel One Touch, los pichis, los pantalones de campana, los pitillos. Las tardes a la puerta del ciber, tatuajes, desengaños, ausencias. Ahora, los 33. Y a Beigbeder le marido con un chato de clarete en alto por lo que está por llegar. «Dicen que es la edad ideal para resucitar».
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