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Aquellas navidades con poca luz

Aquellas navidades con poca luz

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Aquella España de algunos ricos, que compraban sonrientes los  pavos y corderos vivos… y qué cestas… Ampliar imagen Aquella España de algunos ricos, que compraban sonrientes los pavos y corderos vivos… y qué cestas…
Toño Morala | 26/12/2016 A A
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Aquellas navidades con poca luz
Sociedad La Navidad, da igual lo que pienses de ella, que te guste o te cause un profundo rechazo, te arrastra. Pero en estos días de reportajes de marisco a precios astronómicos bueno es recordar cómo nuestras gentes se sumaban a estas fechas
"En la puerta de mi casa, voy a poner un petardo, pa’ reírme del que venga a pedir el aguinaldo. Pues si voy a dar a todo el que pide en Nochebuena, yo sí que voy a tener que pedir de puerta en puerta. Arre, borriquito, arre, burro, arre, anda más deprisa que llegamos tarde. Arre borriquito, vamos a Belén, que mañana es fiesta y al otro también". Era uno de aquellos villancicos que entonaban – más que cantar - las familias en los años de posguerra en aquellas Navidades tan llenas de necesidad en la mayoría de las casas, pero eso sí, llenas de alegría y buen humor; la necesidad iba en el mismo paquete, aunque a veces, las lágrimas se cuajaban en las mejillas ante tanta pobreza y desamparo. Pero llegando la Navidad parece como si el corazón se ablandase ante tanta mala vida, y se hace más permeable en estas fechas tan significativas para muchos, mientras que para otros, no dejan de ser unas fechas de alto consumo, gasto de dinero sin medida y llenar la barriga sin mesura… De esa manera, los estómagos andan de cabeza durante varios días, y no digamos los frigoríficos y despensas. Pues como iba escribiendo, muchos recordarán aquellas botellas de anís vacías, y venga la abuela a darle con el mango de la cuchara para hacer música acompañada de la pandereta, zambomba… y las caras rojas de calor, comidas y bebidas a esgalla – quién las tenía -. También eran fechas donde se echaba de menos a los familiares fallecidos, a los emigrados, e incluso, durante años, a los encarcelados por defender aquella República… En fin, que llegan las Navidades y, a algunos les cambia la vida durante unos días. El ajetreo de las casas en aquellos años daría para escribir, por lo menos, siete periódicos. Las abuelas y madres esmerándose, limpiando la casa más a fondo para cuando llegaran los tíos y primos… sacando las vajillas de fiestas y saraos, los manteles bien doblados… por otra parte, había que dormir un buen montón de gente en las casas; algunos dormíamos, de niños, hasta cinco o seis en una misma cama, unos para los cabeceros y otros para los pies… también había camas turcas o plegables con colchón de lana que hacían mucho avío. En los pueblos era más fácil la contienda; el espacio era mayor en todos los aspectos. Los pavos, pollos, conejos… se criaban en casa, mientras las hornillas y sus trébedes con aquellas cazuelas no dejaban de cocinar aquellos guisotes tan maravillosos… el abuelo encima encendía la glorieta y dejaba la puerta de la cocina abierta para que por lo menos, la parte de abajo de la casa estuviera más caliente.

La imaginación tiende a idealizar estas fechas desde todos los lados posibles; desde la religión, hasta el ateísmo, pasando por innumerables puestas en escena de belenes vivientes en los colegios. Las discusiones sobre política o fútbol entre los cuñados, las irrefrenables risas de los adolescentes con acné en las caras de la inocencia, las abuelas que no paran un momento echando más comida a los platos sin parar… «¡qué estáis todos muy flacos!»… el patoso de turno que tira una de las botellas… el olor a café, esos días nada de achicoria… el personal arremangado y poniéndose de dulces hasta la coronilla, los más pequeños que ya andan por el portalón haciendo de las suyas, con frío y todo, no paran un momento, las madres recogiendo y fregando en los baldes de cinc… y venga agua del pozo; esa la sacaban los mozos ya casaderos con brazos de acero. Y si hablamos de aquellas colonias y masajes que se ponían para esas ocasiones… mejor lo dejo a su recuerdo, no vaya ser que se levante el Floid y la preparemos. Y eso además que el 22 de diciembre, y como todos los años, tampoco tocó la lotería en las papeletas que llevaban a medias media familia; era lo que había, se repartía desde el pan, hasta la lotería. Esos días, los que tenían bodega y buen vino, pues con los garrafones para allá y para acá, se guardaba fresquín… y algo de orujo para hacer aquellas digestiones que eran terribles con tanta pitanza; pero eso sí, todo el mundo comedido a la hora de beber. Aquellos champanes, sidras, el fundador, el ponche y demás licores… las mujeres tomaban algo de Santa Catalina o algo parecido y todo el mundo a misa de gallo. Aquí no hace falta decir nada; aquellos que no iban ya tenían la cruz sobre sus espaldas durante algún tiempo. Después todo el mundo para la cama, menos los paisanos que quedaban jugando a las cartas. Los chavales hacíamos tiendas de campaña con las mantas y colcha y con el jolgorio, llegaba la madre o abuela y allí no se movía ni dios. Aquellos tazones de buena leche de vaca con azúcar y pan migado el día de Navidad, abría de nuevo una festividad donde se volvía a comer hasta llenar la barriga, y a dormir una buena siesta.

Previamente, al acercarse las Navidades, existía la costumbre de pedir el aguinaldo; lo hacían con una amplia sonrisa desde el sereno, el cartero, el guarda urbano, la portera, el peluquero… algunos lo hacían a través de una felicitación manuscrita, otros sin nada, pero el que más o el que menos, siempre daba algo para que estas buenas gentes pasaran las fiestas un poco más apañados, que sus sueldos no eran grandes. Les comento algo al respecto; existía la costumbre entre los niños de recorrer el vecindario, casa por casa, cantando villancicos acompañados por panderetas, zambombas y botellas vacías de anís a modo de instrumento musical. A esta costumbre se la conoce como «pedir el aguinaldo»; dinero poco, pero algún caramelo y otros dulces, solían darles. Otros eran verdaderos poetas y escribían en sus felicitaciones, por ejemplo: "Aquí viene un servidor, para no perder costumbre; no lo tome a pesadumbre, recíbame, por favor. ¡Navidad! Dicha del alma, doquier alegra canciones, bebidas, dulces, turrones, paz serena, dulce calma. Olvida el triste su llanto, se siente al anciano, niño, porque es Navidad cariño, alegría y gozo santo. Y yo le deseo, señor, pase alegres Navidades, salud y felicidades, y un Año Nuevo mejor", firmado: El sereno. Otra de las costumbres y ya por estas tierras nuestras, es la de El Ramo, nuestro árbol de navidad; representación de origen popular que aún se puede ver ligado a la Misa del Gallo. En origen era una rama adornada con flores, dulces y ocasionalmente velas, que las mozas ofrecían a la Virgen; las ramas se sustituyeron por entramados de madera, generalmente triangulares o romboidales, sostenidos por un mástil vertical, de los que cuelgan panes, dulces y cintas. En muchas ocasiones se acompañan de cánticos, composiciones rimadas, sin medida fija, que varían en metro y rima, dependiendo de la habilidad del versificador. Algunas de las curiosidades en Nochevieja como indica José Manuel Sutil Pérez en su libro ‘La Navidad en Maragatería': después de la cena, los jóvenes "echaban el rastro", es decir, un camino de paja molida que enlazaba las casas de los jóvenes que se creía que mantenían relaciones y podían contraer matrimonio dentro del nuevo año. Otra tradición muy extendida en el ámbito leonés era colocar un ramo en la ventana donde vivía una moza soltera.

Y llegamos a los Reyes Magos, muchos de nosotros no tuvimos juguetes hasta muy pasados los ocho o diez años, pero sí, nos traían casi siempre unas mandarinas, naranjas, galletas… no se me olvida el día que llegaron los Reyes y me dejaron un sombrero de plástico negro, una insignia de sheriff, una cartuchera negra y un revolver de restallones… la que preparamos aquellos días… Carta a los Reyes Magos… "Queridos Reyes Magos, me he portado muy bien todo el año… y también quiero un coche Tiburón a pilas con cable blanco y volante, y para mi hermana una muñeca Güendolina…" Pero si algo queremos los mayores es que venga el año nuevo con mucha salud para todo el mundo, y si es posible, que dejen de traer carbón de afuera, que ya tenemos mucho por nuestra provincia, solo hay que sacarlo racionalmente y dar trabajo a un montón de buenas gentes, así sea, y que lo veamos todos. Felices Fiestas.
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