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Aquella Santa Bárbara

Aquella Santa Bárbara

EL BIERZO IR

Un minero asturiano en el tajo, cuando aún quedaban minas. Ampliar imagen Un minero asturiano en el tajo, cuando aún quedaban minas.
Apolinar Suárez | 08/12/2020 A A
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Aquella Santa Bárbara
Opinión
Recuerdos viejos, entrañables. Recuerdos que arañan las entrañas cuando los evoco. Recuerdos de aquellos mineros a los que de niño oía hablar de testeros y de ramplas, de mampostas y costeros. De las guías y de los cortes, de polvo y de silicosis. Recuerdos de gente con bota y fardela que avanzaban con caminar pausado en dirección a la bocamina. Escasos de ropa y de calor. Una vieja lámpara, mejor, «así no se ve el peligro». Jornadas de silencio y oscuridad, algunas indicaciones al ayudante y empiezan a «dar la tira».

La rampla les espera estrecha y mojada. Solo la madera para el día conserva el color natural. Lo demás todo negro, toda su vida allí dentro es negra. Oscura como la noche, sin luna y sin estrellas Las mampostas aullando y el peligro acechando siempre sobre sus cabezas.

-¡¡¡Ten cuidado chaval que hoy la mina está tirando mucho!!!

Más silencio, se purga la manga, se enrosca al martillo y comienza la faena. El martillo atruena en el estrecho agujero y el carbón empieza a bajar por las chapas hasta la compuerta.

Primeros metros avanzados, primeras toneladas de carbón arrancadas a la capa.
-Vamos a postear esta jugada.

Un bastidor, tres puntalas bien apretadas. Trago de vino para refrescar y lavar la boca y a picar de nuevo. Sin guantes, sin mascarilla, a pulmón abierto, «es que con mascarilla me ahogo».

-¡¡Guaje, aprieta la palomilla de la manga que hay poco viento!! debe de haber alguna fuga.

De nuevo el martillo retumba atronador. Otra jugada y nos largamos, que esto está muy malo.

Cinco o seis horas en aquel infierno, de rodillas, sin poder erguirse. Sin aire para respirar, sin luz para detectar el peligro pero con la intuición de saber que acecha.

-Este jornal cayó, mañana será otro día.

Con el cuerpo resbalando por la roca bajan hasta la galería. La ropa empapada en agua y sudor. Otro trago de vino para enjuagar la boca, lo escupe para el hastial y enfilan hacia la bocamina. Reciben el primer soplo de brisa fresca en la cara. Aire limpio que llena sus pulmones y que les invita a caminar más rápido.

En el cuarto de aseo la rutina de siempre, quitar la ropa mojada, ponerla a secar para el día siguiente y fumar lentamente un cigarro. En el humo de ese cigarro se esfuman los crujidos de la madera y el estallido de la rampla. Una larga ducha caliente.

Recios brazos, ancho pecho y el polvo del carbón que se resiste a despegarse de esa piel de minero. Piel brava de gente serena. Mirada tranquila, no exenta de valor y de miedo. Recuerdos de gente curtida en derrabes y encierros.

Gente reivindicativa y solidaria. Días de lucha obrera y de huelgas generales. De manifestaciones y guerrillas contra la policía. Marchas negras y canciones protestas.

Santa Bárbara bendita, patrona de los mineros, se acabó la minería y te quedaste sin mineros a quien proteger, pero cada 4 de diciembre te seguimos recordando como el primer día de trabajo y de miedo. Algunos optimistas tiran algunos petardos que quieren sonar a fiesta, aunque haya poco que celebrar. Sólo queda el recuerdo de sus corazones indomables, el ejemplo de lo que un minero debe ser.

Hoy y siempre VIVA LA GENTE MINERA.

Apolinar Suárez es ex-trabajador minero asturiano y vecino de Ponferrada
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