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¡A las armas! Coge cerillas

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13/01/2019 A A
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¡A las armas! Coge cerillas
Visto que si te quedas donde hay cobertura pues o te entra Radio María o el alcalde Valladolid, que tal para cual y Séneca para Kanisca, pues el Mauri y un servidor —en adelante US— nos enfoscamos en un reportaje de bares, que es una forma de pasarte el día tomando chupativos y encima decir que estás trabajando, que si te paran —que te paran— los lobos con la máquina siempre les puedes decir algo parecido a lo de aquel cura que volvía de decir misas por parroquias.

- ¿Ha bebido?

- A ver. Vengo de decir siete misas y no he sido yo, ha sido Nuestro Señor quien ha decidido que la transubstanciación de su cuerpo en la sagrada consagración se haga en pan de hostias y vino de misa. Lo que quiere decir que vengo con siete hostias y siete vinos en el cuerpo. Y sin desayunar, que hay que comulgar en ayunas.

- Siga.

Le preguntó el otro lobo, ¿qué te dijo?, y le explicó: «Que Nuestro Señor tiene substancia y para matar el sabor bebe vino».

Con dos cojones.

Y Mauri llevaba preparado un discurso —yo no me hablo, para no empeorar lo del punto— para ver si tragaban: «Es que un estudio de la Unión Europea sobre Despoblación en el mundo rural de la ruralidad dice que lo único que fija población son los bares abiertos (en los cerrados no encontraron con quién hablar) y los cuarteles de la guardia civil (esto yo creo que es peloteo).

Tuvimos suerte que no nos pararon porque si no me da que mezclan las palabras del cura con las de Mauri y nos comemos las siete hostias y ahí se para la transubstanciación, el vino ni catarlo.

Vuelvo al suco. Que lo que sí encontramos en los bares fue imaginación e ideas sensatas, esto viene a cuento de Radio María y el alcalde de Valladolid. En Valdeteja estaba Chiqui y muy en voz baja nos preguntó: «¿Me seguís, os apuntáis a la Revolución. Yo soy el comandante y me gustáis, con barba y eso».

Oye, nos apuntamos. Éramos cinco, que no es mucho pero para empezar. Dijimos, «para quemar algo somos bastantes».

Fuimos a las órdenes del Comandante a darle chisca a la Revolución, y cuando llegamos a quemar... no teníamos cerillas.

Volvimos para el bar.
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