Publicidad
30 años de soledad

30 años de soledad

CULTURAS IR

Cristina Vega con el libro infantil que acaba de publicar. | LAURA PASTORIZA Ampliar imagen Cristina Vega con el libro infantil que acaba de publicar. | LAURA PASTORIZA
Fulgencio Fernández | 22/11/2020 A A
Imprimir
30 años de soledad
Literatura Cristina Vega y su madre Concha son los últimos y únicos vecinos de La Veguellina, un pueblo con las calles sin asfaltar por las que Cristina da interminables paseos en los que va ‘amasando’ las historias que después escribe. Acaba de publicar ‘La princesa Esmerilda’
Su mundo es de otro mundo. Los mundos que Cristina Vega crea son suyos y también de las ideas que nacen en los largos paseos por las calles vacías de su pueblo, La Veguellina; por las laderas cercanas; de los descansos a la sombra de las paredes de barro de una iglesia ya abandonada y de muchas casas vacías, en las que ya se ha cuarteado y prácticamente borrado el cartel ‘Se vende’. Al lado, a unos pocos metros, pasa una carretera cercana y que parece tan lejana.

Los mundos de Cristina también se alimentan de las muchas horas de lectura que llenan sobre todo estas noches tan largas de noviembre, que la luz natural se apaga tan pronto. «Me apasiona leer, desde siempre, es lo que más me entretiene... todo lo que no consigue la televisión, que prácticamente no la veo, mi madre la ve algo más, pero no mucho».

Cristina y su madre, Concha, son las últimas y únicas vecinas de su pueblo desde que falleciera su padre y marido respectivamente, ganadero y tratante, muy conocido en la comarca y en todas las ferias. «Cada poco aparece alguien por casa, alguien que le conocía y le apetece pasar a charlar un rato, en su memoria».

- Cristina; ¿estarás muy cansada de contestar a la pregunta de si no te aburres, de qué haces todo el día, de cómo se puede vivir en un pueblo prácticamente vacío... de cómo se combate la soledad?
- La verdad es que no sé cómo se combate la soledad, yo no tengo tiempo para esa soledad digamos negativa; la otra, la buscada sí la conozco, pero no la combato porque la disfruto.

Y explica cómo tiene los días ocupados: «Ya te digo que cuando me queda un tiempo vacío pues lo ocupo en leer o en escribir; y el resto pues atender a los animalillos de la casa —gallinas, gatos, perro...—, pasear, charlar con mi madre que es una fuente inagotable de historias, anécdotas y ganas de vivir. Mi madre sí que es un mundo en sí misma, un pozo de sabiduría popular y optimismo vital».

Además de todos estos nutrientes para sus obras a Cristina le encanta hacer algún viaje, moverse de La Veguellina para regresar al lado de Concha y a escribir. Su primera obra publicada, que no la única escrita, es un relato infantil, titulado ‘La princesa Esmerilda’. «Tenía tres o cuatro escritos en este género y me pareció el más apropiado, me gusta la idea que desarrolla. Es la historia de un reino centrada en la princesa que para ser reina se debate entre sus idea personal y lo que quiere su padre, ha de tomar una decisión y se decide por ser fiel a sí misma y no a su padre pues creo que las personas deben confiar en sus propias ideas, defenderlas, por más que le suponga que le cojan manía».

La pena es que el libro salió en muy mala época, no ha podido Cristina, como le hubiera gustado, acudir a los colegios cercanos, contárselo a los niños, ver sus reacciones, hablar con ellos. «Es una pena. Ya habrá tiempo».

Peros en estos tiempos de confinamiento, de soledad añadida a la ya existente, Cristina Vega le ha dado un fuerte empujón a su proyecto literario más ambicioso, una gran novela. «Ya llevo escritas 238 páginas y aún no intuyo el final. Es una historia en la que está muy presente el mundo rural, pinceladas de esta tremenda pandemia y hasta sucesos surrealistas...».

- ¿Cuándo escribes?
- Cuando me viene. Voy amasando ideas, las voy apilando en la cabeza hasta que, de repente, explotan y entonces me siento y brotan casi solas. No soy de las que tiene la capacidad de sentarse ante el ordenador y ponerse a escribir ya.

- ¿Cambió algo por el pueblo en los últimos meses?
- Nada. Seguimos sin agua, las calles sin asfaltar, sin internet, el teléfono a pedales... bueno, parece que van a comprar una de las casas vacías, a ver si al fin tenemos vecinos.

- ¿Y el Covid?
- Pues el 100% de negativos, somos dos y ninguna lo hemos pasado. Algo bueno tenía que tener esos «30 años de soledad».
Volver arriba
Newsletter