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Yonkis de la lignina

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18/03/2017 A A
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Yonkis de la lignina
Se hunde la nariz entre las páginas, se cierran los párpados para que las vocales mayúsculas no golpeen en lo blanco del ojo (ya se sabe que, tan cerca, las vocales se pueden poner algo violentas) y se aspira profundamente, como un sabueso que busca el origen de una pista clave.

El olor que prevalece, ese que tanto nos gusta a los yonkis de los libros, es el de la lignina, pariente de la vainilla. La lignina nos habla de los árboles en los que crecen los libros por escribir -que, por suerte, no son robles centenarios- y su aroma se extiende por las hojas como una invitación a seguir pasándolas.

En un par de semanas, en un mes tan literario como abril, se cumplirán dos años desde que León dejó de oler a lignina y empezó a heder un poco más a desolación. Fue cuando la editorial Everest anunció el desmantelamiento de sus talleres de artes gráficas: Evergráficas, y el despido de sus 80 trabajadores.

Sería el principio del fin.

Aunque varios despidos anteriores (ERE como eufemismo) ya parecían anunciar lo que llegaba, la liquidación de los talleres fue el paso definitivo para el despeñamiento de una editorial que llegó a dar trabajo a cuatrocientas personas. Así, su nave en Trobajo del Camino ya no huele más que a vacío. Y, mientras de las instalaciones sigue saliendo maquinaria y muebles, malvendidos aquí y allá, aún se mantienen las deudas con la plantilla.

Everest es un agujero más en las ruinas que estos años de crisis han dejado en la provincia. Tras la caída del gigante, la resistencia libresca ha quedado en manos de editoriales como Eolas, con Héctor Escobar al frente; Rimpego, de Joaquín Alegre; Lobo Sapiens, con José Antonio Martínez Reñones o Ediciones Chelsea, del músico Alex Díez (Cooper). Además de las esforzadas publicaciones de Ediciones Leteo, el Club Xeitu, Camparredonda o Amigos de Papel, entre otras pequeñas editoriales y asociaciones que después lamentaré que se me pasen por alto.

Todo por y para los yonkis de la lignina, que no somos legión pero nos hacemos ver lo que podemos, como la libroadicta y bloguera leonesa Marta Marne (leersinprisa), cuya biblioteca pronto necesitará a un par de estibadores con buenos bíceps, estén o no liberalizados.
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