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La Negrilla

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A pie de calle

Verano en miniatura

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10/08/2017 A A
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Verano en miniatura
Nunca he sido paciente, así que imaginará usted que estoy contando las horas para escaparme de nuevo al paraíso redipollejo, que cobra vida estos días con la llegada de los veraneantes que aún estaban en lista de espera y que no quieren faltar a su cita con San Bartolo.

Y es que estos días el bar de Esme se abarrota y hay que hacer cola para pedir un clarete o un botijo de cerveza mientras nos hacemos las mismas preguntas de cada verano: «¿Ya estás hasta septiembre?». «Vinisteis todos?». «¿De dónde es la orquesta de este año?».

Pero la cola dura sólo tres o cuatro minutos, porque en los pueblos se vive un verano en miniatura. Y eso es lo que realmente me presta, porque está muy bien ver que el pueblo se anima sin llegar al tumulto que se genera en los destinos turísticos de primera división y que, unido a la indigencia mental de determinada patulea, ha llevado incluso a hechos de violencia callejera que ponen en solfa uno de los pocos salvavidas que tiene la economía de este nuestro país. Lo cierto es que me parece un coñazo veranear entre tanto gentío, pero cada uno es libre de ir allá donde le plazca siempre que no sea para hacer el cafre.

Aunque pensándolo bien, no todo el mundo puede ir donde quiera. Fíjese si no en el inane Mariano. No creo que le haya hecho ni pizca de gracia dejar su retiro estival en Galicia para ir a ver al rey a Mallorca cuando están el resto del año a 12 kilómetros de distancia y se ven cada dos días y el del medio. Es como si yo tuviera que dejar el paraíso redipollejo para ir a Gijón a analizar con el alcalde de esta nuestra ciudad cómo va la tramitación de la reforma de Ordoño. Todo un planazo para las vacaciones...

Así que prefiero quedarme como estoy, porque el inane Mariano tiene que estar pendiente también de los catalanes, que se le quieren salir del país y en cualquier momento se la lían. En cambio, lo peor que puede pasar en el pueblo es que las vacas de mi tío Vicente se salgan del ‘prao’ y haya que ir corriendo a buscarlas (siempre que no sea la hora del vino o del mus).

Por estas cosas y por otras muchas que ya no caben en estas líneas, me decanto siempre por un verano en miniatura.
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