Cerrar
Utilizamos cookies propias y de terceros para realizar el análisis de la navegación de los usuarios y mejorar nuestros servicios. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información.
Cerrar
Iniciales LNC

Editorial

Icono viñeta con el texto Lolo

La Viñeta

Silueta de la escultura La Negrilla

La Negrilla

Carta

A pie de calle

Taxi

BLOGGINGIR

13/08/2017 A A
Imprimir
Taxi
Pensamos con ingenuidad que nuestros problemas proceden de lo inmediato y apenas si prestamos atención a vendavales que nos parecen ajenos pero que acaban por arrastrarnos. Ocurrió así, hace diez años ahora, con las primeras tormentas de la borrasca financiera general y no se quiso ver, al menos oficialmente, porque a unos no interesaba y porque a otros les era más cómodo mirar hacia otro lado.

Hace unos meses contemplábamos el conflicto de los estibadores como un mal ajeno a estas tierras y a estas gentes de secano. Incluso comulgábamos con las informaciones que nos presentaban a ese colectivo como privilegiado y nos sentíamos cómplices del Ministro de Fomento cuando afirmaba, y mentía con ello, que sus huelgas iban a mermar la productividad de nuestros puertos. Hoy los datos dicen lo contrario y anuncian también la llegada de nuevos propietarios para ellos, naturalmente poderosas empresas transnacionales.

Y miramos, en fin, a los taxistas, que se andan partiendo la cara con los otros parias empleados por los negociantes de los llamados VTC (vehículos de turismo con conductor), sin reconocer en ello el olor del comercio internacional que, como en el caso de la estiba, ha situado el transporte de mercancías y de viajeros en su punto de mira y de beneficio. Es decir, nos negamos a entender que los tratados internacionales de comercio perjudican claramente lo cercano y benefician notablemente lo indefinido y distante.

Saben los listos que no interesa tanto la especulación financiera, aunque continúe, como la depredación comercial. Que aquello, como se demostró, provoca riesgos incontrolables y que es mucho más fácil desregular otros sectores imprescindibles para la vida cotidiana. El transporte, por ejemplo, pero también la alimentación, la agricultura, la salud o los servicios. Hacia eso apuntan sin pudor ese tipo de tratados, así los ratificados ya como los en vía de negociación, y los taxistas o los estibadores son sólo sus primeras víctimas. Se ha abierto la veda.
Volver arriba