Margarita Robles sabe, sabe de lo que habla, y habla bastante, y aún así, estoy segura de que vale más lo que calla que lo que cuenta. Lo sé porque la he entrevistado, y porque nos lo está demostrando en esta comida de la Casa de León de Madrid. Margarita Robles, menuda, nerviosa, brillante, lleva más de 20 años en el centro de todas las batallas. Políticas, judiciales, nacionalistas, ministeriales, parlamentarias. La primera mujer en presidir una sala de lo penal, una audiencia –la de Barcelona–, ha sido secretaria de Estado de Interior –en los años negros de las huellas de los GAL–, magistrada del Tribunal Supremo y en la actualidad diputada por el PSOE en el Congreso. Es una política nata y su arma es la palabra. Tiene una memoria apabullante, un verbo afilado, pasión, y suelta frases con carga de profundidad y se queda tan tranquila. «Podemos me tentó, pero a mí no me gustan. Me gusta Pablo en las distancias cortas. Pero no su proyecto. Como caigamos en manos de Podemos nos ejecutan en una cuneta al amanecer», nos espeta casi sin aire. Y yo escudriño a esta mujer menuda y no veo ni pizca de humor en la frase. La dice totalmente en serio. O quizá es que su humor, que nació en León, porque aquí vivió hasta los doce años, se ha catalanizado –estudió y residió en Barcelona– o madrileñizado –su ciudad desde hace muchos años–. O quizá es que si pasas por el ministerio del Interior después de Rafael Vera y el rastro sangriento de los GAL, en la época cuando «la gente llamaba a los gobernantes asesinos si había algún atentado de ETA», se te agotan las reservas de humor. «Después de aquello, lo que pasa ahora en España me parece un juego».
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.