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Vivos vestidos de muerto

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Las amortajadas se visten en el interior de la iglesia con sus mortajas antes de dar comienzo la procesión por las calles de Quintana Fuseros. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Las amortajadas se visten en el interior de la iglesia con sus mortajas antes de dar comienzo la procesión por las calles de Quintana Fuseros. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 11/06/2017 A A
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Vivos vestidos de muerto
LNC Domingo La procesión de los amortajados o de las mortajas de Quintana Fuseros es un ancestral y único rito que hoy protagoniza ‘La pieza del mes’ en el museo Etnográfico de Mansilla
Pocos viejos ritos, que aún se celebran, llamarán tanto la atención como la Procesión de los amortajados o de las mortajas que cada 3 de mayo (fiesta de la Cruz)se celebra en Quintana Fuseros, en el municipio de Igüeña.

Pocas veces, y en pocos lugares, se podrá ver a unos vivos vestidos de muertos, con su propia mortaja, como protagonistas de una procesión. Que eso es lo que ocurre en la citada procesión de la localidad berciana y que aún se sigue celebrando. Este singular rito protagoniza esta tarde (a las 18.30 horas) la actividad del Museo Etnográfico Provincial de Mansilla de las Mulas ‘La pieza del mes’, en la que la recepción de dos mortajas (de hombre y mujer) cedidas por la Junta Vecinal de Quintana Fuseros irá acompañada de una conferencia del investigador de las Tradiciones y del Patrimonio Cultural de la provincia de León David Gustavo López.

La ermita es pequeña y repiten: "Los amortajados tienen preferencia" En una de sus últimas ediciones, un día espléndido, media hora antes del comienzo de la procesión iba llegando a la iglesia de Quintana de Fuseros gente con sus mortajas bajo el brazo, entraron al templo y se fueron vistiendo mientras Mauricio Peña hacía fotografías sin que aquella gente se inmutara por nada, lo que le extrañó por poco habitual en este tipo de ritos. Pocos minutos después salían a la calle «ya amortajados», con sus vestidos blancos o de colores, mientras otro vecino nos explicaba: «Ahí va gente que ha librado de un cáncer, que ha tenido un accidente y sobrevivió, algunos que se salvaron de enfermedades malas, madres que se han ofrecido por sus hijos... qué se yo, aquí le tenemos mucha fe al Cristo de la Cabaña».

Ése es el misterio de la procesión, la fe en el Cristo de la Cabaña, hasta cuya ermita va el recorrido procesional atravesando el pueblo (y en la Virgen del Rosario) y la singular ofrenda que quien ha visto la muerte de cerca les hace: Ante una enfermedad muy grave, un accidente... compran o se hacen su propia mortaja y se ofrecen al Cristo. Si no superan el trance la familia utilizará la mortaja y si lo superan acudirán a la procesión del 3 de mayo vestidos con ella.

- Los hay que van el año de la enfermedad , otros se ofrecen para varios años, cinco o diez, según sea el mal, y los hay que para «mientras vivan»; añade el vecino.
- ¿Usted nunca ha salido?
- Sí, una vez.
- ¿Y de qué se libró?
- Eso son cosas de cada uno... y del Cristo de la Cabaña, no nos gusta decirlo aunque los del pueblo nos conocemos y sabemos qué le ha ocurrido a cada uno, somos pocos y no hay muchos secretos.
- ¿Cuántos habitantes son?
- Pocos, muy pocos, unos 200... con los que fuimos.

Buena prueba de ese declive poblacional de esta localidad fue el hecho de que este pueblo fue uno de los primeros de España en protagonizar una de aquellas ‘Caravanas de mujeres’ que se pusieron de moda después de la famosa que llegó a Plan.

- ¿Tanta escasez de mujeres había?
- La había, pero también fue una cosa de los mozos del pueblo, hace treinta años, era una moda.
- ¿También irían muchos más amortajados en la procesión?
- Claro, muchos más, pero no porque haya bajado la tradición de ofrecerse, lo que ocurre es que somos menos y también que hay menos enfermedades mortales, ya sabes que antes se moría de cualquier cosa. También son pocos los que ahora van descalzos mientras que antes era casi lo más normal.

En la ermita del Cristo se celebra la misa. No entran todos los vecinos que acuden pues no hay espacio suficiente y ocurre lo que parece más lógico: «Los amortajados tienen preferencia».

Para los que quedan en el exterior se coloca un altavoz.

Aquellos que sufren una grave enfermedad o accidente compran su mortaja y se ofrecen al Cristo, si se salvan acuden a la procesión del 3 de mayo vestidos con su propia mortaja Al final de la misa sale la verdadera procesión de los amortajados, con la imagen de la Virgen y también la del Cristo. Una orquesta acompaña al cortejo, aunque «durante muchos años la música era la de Genaro ‘El Tamborilero’, que era del pueblo. Murió en Ponferrada ya hará más de 30 años, había estado en la División Azul y él solo se manejaba con la flauta y el tambor, era un personaje. ¡Cuántas bodas y fiestas tocó por aquí!». Cuando se van acercando a la iglesia el repique de las campanas se suma al rito. Depositan la imagen del Cristo en la iglesia, donde permanece hasta el día de San Isidro, cuando regresa en otra procesión en la que se aprovecha para bendecir los campos manteniendo la otra tradición de la comarca: la agraria.

La comitiva llega hasta la iglesia y en el interior se produce otro rito tradicional, algunas personas le recitan al Cristo de la Cabaña algunas poesías, propias en el mayor de los casos o una de un vecino del lugar ya fallecido, profesor en la Universidad de Salamanca: José Luis Rodríguez Molinero. Suyo es el poema: «Por Tu desnudez, ¡oh Cristo!, / quita de mí lo que es pravo, / que libre quiero yo estar / de la veste del pecado».

Ahí acaba el singular rito que precede a la fiesta. Los músicos cambian las partituras de la procesión por las del baile vermú pues como dice uno de los integrantes de la Orquesta Flor: «Los músicos sabemos que la burra se amarra donde manda el amo».

Un rito único aunque hay algunos otros ‘parecidos’, muy pocos, en otros puntos de la provincia. Mejor dicho, hubo, pues la mayoría han desaparecido. Hubo una procesión similar, pero con el añadido de ser niños los amortajados, en La Cuesta, en La Cabrera, donde aún se conservan las mortajas, en muy buen estado. También en Nuestra Señora de la Garandilla y Val de San Lorenzo (por la Virgen de la Carballeda). Y aún se conservan algunas, aunque diferentes, fuera de la provincia, siendo la más conocidas la pontevedresa de Santa Marta de Ribarteme donde los ofrecidos en vez de mortajas van en sus propios ataúdes. Mortajas llevan también en la procesión de Viernes Santo de la localidad zamorana de Bercianos de Aliste.

Y en León... Quintana Fuseros.
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