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Trillos: los trineos del estío

VERANOIR

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Toño Morala | 26/06/2017 A A
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Trillos: los trineos del estío
Reportajes Las trillas, aquellas de los tiempos anteriores a su mecanización, eran otra dura faena del campo que, sin embargo, nos llega envuelta en imágenes cargadas de buena energía, aquellas que convertían a los trillos en los ‘trineos del estío’
En algunos lugares ya han comenzado los trabajos de la mies; hoy en día, casi todo se cosecha con grandes y rápidas cosechadoras mecánicas; pero antiguamente,- y no hablo de siglos, ni mucho menos, pongamos unos treinta o cuarenta años atrás-, en algunas comarcas, estos trabajos de la mies se hicieron como desde hace siglos, hasta la llegada de la maquinaria agrícola a motor, e incluso se combinaban ambas. Era muy normal ver por nuestros pueblos a algún tractor sin cabina, que además de acarrear las gavillas desde las tierras y descargar en la era, pues iban a por otra carga… mientras otro familiar, trillaba con tiro de mulas generalmente; de esa manera se adelantaba mucho; luego cuando el tractor estaba sin trabajo, pues se le enganchaba el trillo y trillaban con él… las mulas a descansar y darles buena ración de pienso casero y agua, que al día siguiente vuelta a empezar hasta acabar aquellas labores tan trabajosas y con tanto calor. Muchos recordarán el olor tan inmenso de la mies en la era, aquellas montañas de grano a los ojos de un niño, y a los pardales y otros pájaros dándose un banquete de aúpa. Aquí la nostalgia se pierde por el duro trabajo; pocos quedarán que les haya gustado segar a hoz o guadaña, luego con aquella máquina segadora tirada por mulas, hacer morenas, cargar los carros con la purridera, descargar en la era, trillar, aventar y limpiar, recoger la paja y descargarla por el boquerón del pajar, pisarla respirando polvo a mansalva… las pesadas quilmas de grano para guardar en las paneras… Y todos estos trabajos requerían una serie de herramientas y aperos que ayudaban, y mucho. Y uno de aquellos aperos maravillosos, fue el trillo; qué gran invento para separar el grano de la paja y no romper el grano; tela tiene la cosa y, además molía la paja para el ganado y para otras múltiples aplicaciones.

Hay comarcas de nuestra provincia donde no se usó el trillo para trillar, lo hacían con mayales, mangos o palos de madera unidos por correajes de cuero o cadena, uno más largo… y con ellos se golpeaba la parva hasta separar el grano de la paja, pero eso sí, la paja quedaba casi entera. También había trillos de rodillos y de cuchillas metálicas, pero los de lascas de piedra, eran los más comunes por estas tierras…

Y escribiendo sobre las lascas de pedernal, sílex; aquellas piedrecitas que hacían de cuchilla para trillar en buenas condiciones, y que muchos trilleros que venían de Cantalejo (Segovia) y otros lugares, recorrían pueblos y villas, en época de primavera. Venían en carros con diverso material y herramientas para arreglar trillos y cambiar las lascas desgastadas- empedrado-; menudo oficio ambulante variopinto y necesario, y sacando lascas a golpe de piqueta y sabiduría. Las herramientas utilizadas por estas buenas gentes se las fabricaban ellos mismos; de las cuales las más destacadas son las siguientes: sierra de carpintero, barrena, martillo (de orejas o de bolas), escofina, serrucho, garlopa, juntera, moldura, formón, escoplo, mazo y cepillo (curvo o recto), además de la azuela, el berbiquí, las barrenas, las llaves-tuerca, el compás de hierro, las escuadras (por un lado escuadra y por el otro falsa escuadra) las cárceles (especie de bancos para sujetar las tablas y provistos de dos orificios destinados a encajar una estaca si el trillo era más estrecho; de esta manera no se movía ni se utiliza el otro espacio). Para empedrar los trillos, los briqueros se servían de un sistema de talla que recuerda mucho a las maneras prehistóricas de fabricar herramientas, únicamente se diferencian en la utilización de martillos metálicos en lugar de percutores de piedra, madera o asta. La materia prima preferida por estos artesanos es el sílex blanquecino que importaban de la provincia de Guadalajara (Brihuega, Jadraque y Sigüenza). Como a menudo los briqueros tenían que reparar trillos a domicilio, si no tenían otra cosa, usaban guijarros de río, cantos rodados que ellos denominaban morrillos, de cuarcita de grano fino y homogéneo, que escogían en los recorridos ambulantes por lugares diversos.

La historia del trillo tiene para contar largo y tendido; el trillo cuenta con una larga trayectoria ayudando al hombre sedentario y las tribus en la sobrevivencia. Plinio el Viejo, en su Historia Natural. ‘Cómo llevar una granja’, escribe sobra las formas varias de trillar la mies. Con tres variantes: Golpeando las gavillas de cereal contra una piedra majadera, o una tabla llamada tarugo majadero. Haciendo pisotear la mies esparcida por la era a recuas de bueyes o caballerías. La trilla con mayal; una especie de maza de madera con la que se golpea la parva hasta separar la semilla del tallo. La profesora Patricia C. Anderson, ha encontrado vestigios arqueológicos que demuestran la existencia de trillos desde hace, al menos 8000 años en Oriente Medio y los Balcanes. En concreto, la siega de cereales deja un desgaste muy característico (llamado comúnmente lustre), debido a la presencia de partículas minerales microscópicas, los fitolitos, en el tallo de las plantas. El desgaste de las piezas usadas en los trillos es distinto porque, además de la abrasión propia de haber cortado cereales, tienen pequeñas micropercusiones producidas al chocar los filos de los componentes del trillo contra el pavimento pétreo de la era.

Los trillos debieron ser muy importantes en Mesopotamia, pues ya aparecen en los documentos escritos más antiguos que se conocen. En la ciudad de Kish (Irak) se exhumó una plaqueta de arenisca grabada con pictogramas que podrían constituir el más antiguo documento escrito conocido en el mundo. Esta tableta, que se conserva en el Ashmolean Museum de Oxford, tiene representaciones de trillos en sus dos caras, junto a símbolos numéricos y otros pictogramas. El profesor Julio Caro Baroja, admite que, para España, el trillo aparece citado o representado en obras de arte. Concretamente, menciona algunos relieves románicos en Beleña (Salamanca) y Campisábalos (Guadalajara) , ambas del siglo XII. Y para ir terminando, un micro-relato sobre la cuestión… «Los niños trabajaban y se divertían a la vez, aunque con el trillo había que tener cuidado; cuidado de que no te cogiera un pie, una mano… Aquel chiquillo era espabilado y casi nunca dormitaba encima del taburete del trillo, pero en aquella ocasión, y debido al cansancio… y a aquel susurro de las lajas del trillo sobre la parva, se fue durmiendo y comenzó a soñar… Soñó que estaba en el Norte, rodeado de nieve fresca, y encima de uno de aquellos trineos tirados por renos… acompañando a Papa Noel y parando en todas las casas para dejar bonitos regalos… al poco rato llegó el abuelo y sonriendo le dijo: — ¡Qué, te has traspuesto…! el niño sonrió también y comentó: — ¡Estaba rodeado de nieve, nieve muy fresca abuelo! Cuando fallecía una mula o vaca, bueno era un burro para trillar; había que uncir de las maneras más inverosímiles para llevar a cabo esta gran labor… y recuerden… Parva con burro trillada, parva malograda, y ya saben por qué».
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