Y lo han hecho en una mañana en la que el sol ha permitido que el vuelo haya podido acometerse sin ningún problema, solo con los nervios y la ilusión por montarse en el avión de los participantes.
Los que tenían la movilidad más reducida tenían que ser introducidos en la avioneta con una grúa especial preparada para este efecto. Después, al terminar el vuelo, que ha durado unos 15 minutos, han sido desplazados de la misma manera. Al finalizar el viaje, las caras de alegría y satisfacción han mostrado claramente lo útil y beneficioso que son este tipo de actividades.
Pero también ha habido tiempo para aprender de la primera persona discapacitada que pudo volar. Se trata de Elisabeth Heilmeyer, piloto profesional que tras quedarse en silla de ruedas, inició una batalla judicial para que le permitieran seguir volando tal y como lo hacía antes. Algo que logró y que le permitió sentir de nuevo las mismas sensaciones que antes.
Heilmeyer fundó con otras personas en su misma condición la fundación Sillas Voladoras, que intenta ayudar a las discapacitadas a poder volar. Son ya 115 socios, 32 de ellos con discapacidad.
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