Y ya llevan días acudiendo a los barrios, azuzando al público de todas las edades para contagiarlos con su color y su desmesurada alegría, con su música de dulzaina y sus geométricas danzas, 180 grados a la derecha, otros 180 a la izquierda y vuelta a empezar, sin perder la vertical en ningún momento.
Reparten caramelos a los niños, que los contemplan con desbordada curiosidad por esos personajes, esos grotescos rostros que por más fiereza que quieran aparentar siempre les puede la amabilidad del ‘tarasquero’, del integrante de la comparsa (la Asociación de Gigantes y Cabezudos ‘A paso de Gigante’) que le da la vida al personaje por más inmortal que sea.
La tarasca: mujer temible o denigrada por su agresividad, fealdad, desaseo o excesiva desvergüenza Una tradición que se remonta, según los entendidos, a tiempos de la Edad Media y que se ha salvado de la quema de los tiempos , aunque algún gigante sí haya probado el fuego. Es el caso de la alta y espigada ‘Tarasca’, el personaje fundamental que siempre da que hablar, que provoca la crítica de su vestido o su peinado allá por donde pase, no obstante, el diccionario la define como "mujer temible o denigrada por su agresividad, fealdad, desaseo o excesiva desvergüenza", como bien se puede comprobar en la imagen central de esta página. Y sin embargo, muchos sastres la han vestido con orgullo y por sus peinados se pueden seguir las modas de cada época.
No extraña que, con tanta historia, el poeta Antonio Colinas, a los pies de la Catedral y escoltado por este elenco de caricaturescos alborotadores e indesables, les diera la bendición en el pregón del 2006. Y así han llegado hasta nuestros días por más hortera y desaliñada que se empeñe en salir la ‘Tarasca’...
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