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La pasión de la escritura puesta al servicio del público adolescente

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La escritora madrileña Mª Isabel Molina es especialista en literatura infantil y juvenil. Ampliar imagen La escritora madrileña Mª Isabel Molina es especialista en literatura infantil y juvenil.
Mercedes G. Rojo | 18/02/2017 A A
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La pasión de la escritura puesta al servicio del público adolescente
Escritoras imprescindibles (VIII) Las obras de Mª Isabel Molina llevan leyéndose varias generaciones en escuelas y bibliotecas, quizás porque ese juego entre lo histórico y la aventura hace que sus historias se conviertan en atemporales
Hoy vamos a hablar de literatura infantil y juvenil porque en ella está el germen de los futuros lectores, e incluso podríamos aventurar que escritores. Como si de un género menor se tratara, como si cualquiera pudiera escribir para este público olvidamos a menudo lo crítico que éste puede resultar. Y es que, como afirma nuestra protagonista de hoy, "un adulto suele terminar un libro aunque le guste regular, pero un joven lo deja de lado. Son más auténticos. Si los aburres pasan de ti". Y para divertirse hay que saber leer y luego ser capaz de estremecerse con las palabras. Considera que al lector que perdemos a los 14 años es difícil recuperarlo a los 20 si la herramienta lectora no ha sido lo suficientemente educada.

Si hoy dedico este espacio a la LIJ es porque considero que quienes la escriben tienen en sus manos una labor fundamental, ser introductores de las nuevas generaciones en el mundo de la literatura. Enseñarles a amarla, contagiarles de su pasión consiguiendo, tal vez, para el futuro buenos lectores y buenos escritores. Porque la literatura también es vida.

Hablemos de Mª Isabel Molina (Madrid, 1941), autora que cuenta en su haber con más de 40 obras escritas, proceso de creación que ha compaginado con sus más de 30 años de trabajo en una librería. Sus obras llevan leyéndose varias generaciones en escuelas y bibliotecas, quizá porque la forma de utilizar el lenguaje y ese juego entre lo histórico y la aventura hacen que sus historias se conviertan en atemporales. Y si leer sus obras supone un placer, no lo es menos hablar con ella, escucharla y compartir a través de sus palabras todas esas anécdotas propias y ajenas, con las que consigue transmitir ilusión y descubrirnos la pasión que siente por su trabajo, un trabajo que hace muy bien como lo demuestran no solo los galardones y reconocimientos obtenidos durante todos estos años, sino el mejor de todos ellos, que miles de jóvenes sigan leyendo sus obras año tras año.

Mª Isabel Molina se declara una adicta a la lectura desde muy niña. Y de la lectura a la escritura, en la que también se inició tempranamente. Comenzó a escribir continuando historias de personajes leídos. Luego, su primer cuento publicado lo fue a los 13 años, en una publicación mensual. Y desde entonces no ha parado. Hoy reconoce que no sabe hacer otra cosa que escribir para adolescentes, público que le interesa porque le permite utilizar el lenguaje con toda la sencillez del mundo, pero también con la riqueza que nuestro idioma tiene. Con un lenguaje fácil, que no pobre. Ella que se considera una coleccionista, una fabricante de palabras, reconoce que escribir para ellos y conseguir que te lean es una difícil tarea, más aún más en un mundo donde la palabra está en franca retirada frente a la rapidez de la imagen. Un mundo en el que es continua la pérdida de palabras, "de la inteligencia de palabras, inteligencia lectora". Opina que la competencia es dura porque leer exige un esfuerzo, dominar una herramienta que nos permita acceder a lo que el libro cuenta con soltura, sin excesivo sacrificio. La diversión que el libro nos proporciona, más allá del tipo de sentimientos que nos despierte, solo se conseguirá sabiendo leer adecuadamente para después dejarse estremecer con las palabras.

Destaca la lectura como un ejercicio de libertad, y recuerda que lo primero que hace cualquier dictador (en cualquier época y lugar) es controlar lo que se lee y lo que se escribe, porque ambos ejercicios enseñan a pensar, frente a la rapidez de la imagen que no da pie a ello.

Y en su decisión de escribir para jóvenes busca argumentos que combinen la aventura con un intento de provocar emociones, apoyándose en la historia, en la vida que se esconde en ella, dándole a muchos de sus libros ese trasfondo histórico con el que acercarse a la historia que nunca nos contaron y cuyos detalles, a veces, nos recuerdan situaciones muy actuales.

Con Mª Isabel Molina descubrimos que la buena literatura no tiene edad y que también como adultos podemos disfrutar de las obras que leen nuestros jóvenes cuando éstas tienen calidad.
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