En 1974 protagonizó otra recordada anécdota al realizar el cartel de las fiestas de San Froilán en León, al pintar las alforjas del famoso burro del santo eremita con los colores de la bandera de la República, lo que provocó la retirada del cartel y el consiguiente revuelo. Tanto que un año más tarde ganó el Premio Provincia de Pintura y los jerarcas de la época se negaron a entregarle el galardón, salvo Emilio Hurtado, pues era conocida su larga militancia en “el partido” (PCE).
Vivió muchos años en Madrid trabajando como maquetista y diseñador gráfico de numerosas publicaciones clandestinas , tipo Mundo Obrero o Calviva, y de director de arte del potente grupo editorial Punto y Seguido, “donde conocí a un tal MacIntosh y con mi jubilación me subí al carro de la pintura digital, que el arte tiene mil camino y todos son válidos si se hacen bien”.
Regresó a León. Trabajó mucho, expuso, escuchó música, su gran pasión, paseó, tapeó y conversó. Le puso color a esta ciudad. Pero este sábado se fundió a negro y, dice Toño Morala, "lloran los colores".
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