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"Esto no es como tener miedo al número 13, te puede llevar a la muerte"

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La fobia social es un miedo intenso e incapacitante ante una o varias situaciones sociales, miedo a ser evaluado o juzgado. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen La fobia social es un miedo intenso e incapacitante ante una o varias situaciones sociales, miedo a ser evaluado o juzgado. | MAURICIO PEÑA
I. Herrera | 01/05/2016 A A
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"Esto no es como tener miedo al número 13, te puede llevar a la muerte"
Sociedad Laine y Pablo padecen fobia social y pertenecen a Amtaes, una asociación que busca crear un grupo de ayuda mutua en León
Ni Laine es su nombre ni Lois su apellido. Es el nick que utiliza en la red para sentirse más segura. Responde a las preguntas desde su guarida, su habitación, porque ni el teléfono ni el cuerpo a cuerpo es fácil para ella. Es alta, rubia y delgada, y una de esas tres o cuatro personas de cada cien que padecen la fobia social. Vive en Cataluña, pasa de los 40 años de edad y es ama de casa, pero no por gusto, sino porque no ha sido capaz de desarrollar una vida laboral por su trastorno.

La mayoría de la gente, en el mejor de los casos, te trata como un bicho raro o como un antipático o un antisocial Es Laine la que, mediante correo electrónico, solicitaba atención por parte de los medios a esta enfermedad, un poco de visibilización para este trastorno que, por definición, complica a sus afectados darla a conocer. Claro, la opción de quedar en persona con algún diagnosticado de fobia social en León quedó sepultada en cuestión de un par de correos, no se sentía capaz, pero sí mostró toda su disposición a contestar vía mail a cualquier pregunta. Y así se hizo, tanto con él como con Laine. Él se llama Pablo (reconoce que es un nombre falso). Tiene 39 años y vive en León, donde trabaja como investigador.

–¿Qué es la fobia social?
–Es un miedo intenso e incapacitante ante una o varias situaciones sociales, miedo a ser evaluado y/o juzgado. Sabemos que son miedos irracionales, pero como en cualquier otra fobia, no se puede controlar. Aparecen ideas en tu cabeza, pensamientos, y acabas evitando la situación porque se te hace insoportable la ansiedad que te crea no hacerlo, es la ansiedad anticipatoria, te quita el sueño, el hambre, es una angustia y una ansiedad tan fuerte que buscas la manera de que eso acabe.
Cada caso es diferente, pero lo que sí suele ser denominador común es que aparece asociado a otras patologías que, normalmente se desarrollan como consecuencia de la fobia social.

En el caso de Laine fue anorexia nerviosa grave, de hecho, hasta que no le diagnosticaron ésta, no llegaron hasta la fobia social. «Yo siempre he sabido que algo raro pasaba en mí, vivía muy encerrada en casa y en mi habitación, cuando tuve edad para salir no tenía amigos, no quería salir nunca. Sufría, y sufría en silencio. Los de fuera me invitaban a salir y hacer amigos, más adelante llegó el momento de buscar un trabajo, otra agonía. Me decían que era una vaga, una comodona, porque estaba en mi cuarto muchas horas, muchas veces llorando, porque lo único que me relajaba un poco de ese mundo real era apartarme a mi habitación, lo necesitaba. Ante tantas presiones, tanto miedo, tanto intentar avanzar y no poder, dejé de comer. Mis padres me llevaron a un psicólogo cuando la situación se hizo físicamente alarmante y allí me diagnosticaron una anorexia nerviosa grave y la fobia social», relata.

La mayoría de las personas que padecen esta patología permanecen toda la vida sin llegar a ser diagnosticados Pablo, por su parte, expone que, en su caso, la fobia social se manifiesta en una incapacidad para comunicarse con otras personas, hacer amistades, tener pareja... Es curioso que, en el trabajo, apenas se relaciona con nadie, teme hablar por teléfono, conducir... y, sin embargo, sí es capaz de hablar en público (dar clases, charlas). Sufre la fobia social desde que tiene uso de razón, pero no ha sabido qué era hasta hace poco: «La mayoría de las personas que padecen esta patología permanecen toda la vida sin diagnosticar, se dan cuenta de su problema por internet, como en mi caso, al encontrar información de otras personas en su misma situación, pero es que la propia limitación que supone la fobia social hace que los afectados eviten visitar al psicólogo o al psiquiatra, con lo cual se crea un círculo vicioso difícil de atajar». En el caso de Pablo, junto a la fobia social sufre la misofonía, una aversión a ciertos sonidos.

–¿A qué tienes miedo?
–Laine: No es que vea una persona y me asuste como lo haría alguien que tiene fobia a las cucarachas, de hecho por eso es una fobia tan difícil de entender y por eso, imagino, se conoce también ahora como ansiedad social, además de como fobia social. Es cierto que temo que me valoren negativamente y no me conformo con un aprobado, necesito más, con lo que la ansiedad ante tanta necesidad de perfección es enorme. Es imposible ser perfecta. La verdad es que contestar esta pregunta me da un poco de vergüenza. La gente que no lo vive se puede preguntar, ‘pero bueno, ¿tú a que tienes miedo?’, y resulta todo tan ridículo, te sientes tan ridícula... No hay un peligro o una causa efecto, es como una tensión inaguantable.
–Pablo: Los fóbicos sociales podemos experimentar pánico frente a situaciones que otros consideran normales o incluso disfrutan, como mantener una mera conversación. Pensamos que estamos siendo constantemente juzgados y ridiculizados por los demás y podemos reaccionar de forma agresiva ante nimiedades. Yo tengo miedo, por ejemplo, a iniciar una conversación, dirigirme a un extraño o a un superior, pedir algo, manifestar mis sentimientos...

–¿Tienes amigos?
–Laine: En mi ciudad actual no tengo amigos, salvo los compañeros de la asociación Amtaes, pero donde vive mi familia aún conservo dos del instituto. Se limitan a dos porque sólo acepto personas que me son incondicionales, que me conocen bien y que me aceptan como soy, no temo su evaluación negativa incluso aunque me hagan críticas. Ellas ya me conocen y saben a qué diré no o qué necesito para decir sí, todo está normalizado, se adaptan a mí y me ayudan. La relación con ellas es buena. Las cosas que yo no hago, ellas las hacen por su cuenta.
–Pablo: Tengo compañeros muy buenos y simpáticos con los que no me cuesta relacionarme, pero no se puede decir que tenga amigos íntimos. No cultivamos adecuadamente las pocas amistades que conseguimos y nuestro miedo a nuevas relaciones hace que el aislamiento llegue a ser total. La culpa no es de la gente, entiendo que no quieran relacionarse con seres tan extraños. La mayoría de personas detecta inmediatamente que algo no funciona en nosotros y acaba rechazándote (al menos esa es nuestra interpretación). Yo, en mi vida, he encontrado dos o tres personas comprensivas (a parte de mi familia). La mayoría de la gente, en el mejor de los casos, te trata como un bicho raro o como un antipático o un antisocial. Uno no elige ser fóbico social, como no elige tener ninguna otra patología. Simplemente somos así, aunque yo ya me he acostumbrado a no esperar ningún tipo de comprensión.

No puedo trabajar, no tengo más que dos amigos, dependo de otras personas para muchas cosas, como llamar por teléfono Leer, escuchar música, escribir... son las actividades a las que suelen dedicar su tiempo libre. Solos y en la intimidad de su habitación, su casa o ese lugar en el que se encuentran a refugio. Cuando se les pregunta por alguna situación concreta en la que se haya manifestado públicamente esta fobia la primera reacción es la misma: «Ésta es una enfermedad que se lleva en silencio», pero anécdotas, «muchas, y todas amargas». Cuenta Laine, por ejemplo, que recientemente, en una comida (todo un paso asistir a una cita social como ésta), trató de aguantar más de lo que su mente le pedía y salió la fobia: «Me encuentro al borde del pánico, con ganas de llorar y escapar, veo borroso por la ansiedad, no puedo ni coger objetos pues se notaría el temblor, las piernas parecen no sostenerme, veo el lugar como algo irreal, ajeno a mí, y a menudo creo que me voy a desmayar por el esfuerzo de disimularlo y aguantarlo». Pero es que hasta ir a un supermercado a hacer la compra constituye todo un reto, y no siempre están dispuestos a enfrentarlo.

–¿Cómo condiciona tu vida esta patología?
–Laine:No puedo trabajar, lo he intentado varias veces, no tengo más que dos amigos como ya he explicado, dependo de otras personas para muchas cosas, por ejemplo, llamadas telefónicas, económicamente... Estoy muy limitada en mi vida.
–Pablo: La condiciona totalmente, aunque hay fases. Uno llega a integrar la fobia social dentro de su vida cotidiana, de forma que a veces no se da ni cuenta. Cambias tu itinerario para no encontrarte con gente, mientes para evitar situaciones embarazosas, respondes groseramente a personas que amablemente se acercan a tí, exageras la importancia de situaciones vergonzosas como tropezarse o confundirse, llegas a estar sin hablar con nadie en todo el día...

–¿Existe forma de curarse?
–Laine: Sí, en teoría está la terapia cognitivo conductual, que dicen da buenos resultados, digo en teoría porque en mi caso no ha funcionado.
–Pablo: No lo sé. Quiero creer que sí, pero muchos la padecen hasta la muerte.

–¿Qué no te ayuda lo más mínimo?

–Laine: Cuando hacen hincapié en todo aquello que no hago porque no me siento capaz y ellos creen que si me esfuerzo podría hacerlo. Me resulta muy frustrante, me deprime mucho, me hunde.
–Pablo: Me gustaría que la gente fuera más comprensiva a la hora de interactuar con los demás. Si alguien se comporta de forma extraña, igual no es que sea arisco o antipático, es que tiene una enfermedad que le impide responder mejor.

Ambos, Laine y Pablo, creen que una forma de ayudarles sería la divulgación de esta enfermedad, «no sólo la gente no conoce la fobia social, sino que los propios sanitarios no la tratan porque nadie les ha enseñado a diagnosticarla». Los dos son socios de la Asociación Española de Ayuda Mutua contra Fobia Social y Trastornos de Ansiedad (Amtaes), creada hace poco más de un año con el objetivo de difundir esta enfermedad y crear Grupos de Ayuda Mutua (GAM) por toda España como forma de salir del aislamiento y sociabilizar con personas que están viviendo cosas parecidas entre ellas.

Según algunos estudios, es una enfermedad que está presenten en un 3% de la población, otros apuntan a una prevalencia del 14% A día de hoy, en la provincia de León sólo hay un socio, Pablo, y por tanto no existe aquí ningún GAM, pero lo que es seguro es que hay muchas más gente con fobia social, pues tiene una prevalencia, según algunos estudios, de un 3% (según otros del 14%), por eso animan a estas personas a que contacten con la asociación (amtaesasociacion@gmail.com) que, además, cuenta también con grupos de ayuda virtuales.

–¿Existe concienciación social y ayuda por parte de las administraciones para abordar este trastorno?
–Laine: La verdad es que se conoce y entiende muy poco, cuando, por ejemplo, el bulling está en boca de todos y a la orden del día, y se desconoce que es muy común que las personas que lo sufrieron acaben con fobia social. Se fijan en lo sensacionalista, en lo que es visible. La fobia social no se ve, pero está ahí. Se desconoce por ejemplo el alto riesgo de suicidio que hay en estos casos , o el riesgo de alcoholismo y/o drogadicción, los porcentajes son muy altos, o mi pasada anorexia y otras patologías asociadas, nadie se fija hasta que se hace visible de forma dramática por esa patología asociada, y ya es tarde.
–Pablo: Evidentemente, no. No se puede abordar un problema que no se conoce. No es una simple forma de ser, es una patología tipificada en los manuales médicos. Por ejemplo, todo el mundo vería normal pedir una baja laboral por una gripe, pero nadie pediría la baja por fobia social, aunque puede ser más incapacitante. Al oír fobia social parece que es una tontería de adolescentes o que es como tener miedo a las arañas o al número 13. No. Es una enfermedad, en ocasiones muy grave, que puede llevar a la muerte.
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