El edificio, que data de principios del siglo XX, fue comprado por la familia Quijano en 2001, momento en el que sometieron el inmueble a una profunda rehabilitación que le salvó del abandono que sufría. Tiene un nivel de protección 2 dada la importancia arquitectónica del mismo y consta de cuatro plantas entre las que se distribuyen más de 20 estancias, además de una bodega.
Esta protección determina la «conservación de la totalidad de los elementos formales y estructurales, así como de aquellos definitorios y configuraciones esenciales de la organización espacial».
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