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Como si un leonés fuera presidente de Gobierno cada año

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Fulgencio Fernández | 16/07/2017 A A
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Como si un leonés fuera presidente de Gobierno cada año
Casas con historia El derribo y el desprecio por la que fue casa de Félix Gordón Ordás, ilustre veterinario y presidente de la II República en el exilio, poco dicen en favor de su ciudad natal que llegó a la indecencia de nombrar Leonés Indigno a quien ahora es Hijo Predilecto
Si hay una historia que nos recuerda el desprecio y la injusticia de una tierra con un hijo suyo ésa es la de León con Félix Gordón Ordás. Y si esa historia la queremos ilustrar con algo que la represente con fidelidad ésa sería la historia de su casa natal, la que hoy llega a este recorrido veraniego por las «casas con historia». Más bien debería llegar pues esta serie llega tarde, ya ha sido derribada, no en los años 60 hace nada, en mayo de 2016. Nada recuerda en su tierra a este ilustre veterinario y presidente de la República en el exilio entre los años 1951 y 1960. Bueno, nada le recuerda en su faceta política, si en la de veterinario, una placa y un gran mural en la Facultad de Veterinaria. Como suele afirmar un gran defensor de su obra y su figura, el catedrático emérito de Veterinaria Miguel Cordero del Campillo: «Como si en esta provincia naciera un presidente del Gobierno cada año».

La realidad es que antes de Gordón Ordás sólo habían nacido uno o dos, según se mire: Bernardino Fernández de Velasco Enríquez de Guzmán y López Pacheco, XIV Duque de Frías, presidente del Consejo de Ministros en 1838, que era madrileño pero accedió a este cargo siendo senador ‘cunero’ por la provincia de León. El segundo había sido el astorgano Manuel García Prieto y después lo fue el aún cercano José Luis Rodríguez Zapatero.

Si la historia de su casa natal ilustra su historia personal habría que viajar, de la mano de unos de los leoneses que más ha investigado sobre este asunto, Juan Carlos Ponga, hasta el año 1873. Ponga aporta un documento que explica que aún no se ha publicado, sacado de la autorización municipal, del día 30 de noviembre de 1873 y que, según se desprende de las actas municipales, se dictamina: «Visto el nuevo informe de la Comisión de Policía señalando los puntos a los que se ha de sujetar Rosendo Gordón para fijar la línea de fachada de la casa que va a reedificar en puerta moneda, se aprueba». El citado Rosendo era el padre de Félix Gordón Ordás y el propio Ponga hablaba de esta familia en 2015 cuando el Foro por la Memoria le pidió un perfil del fallecido ex presidente: «Félix Gordón Ordás nace en León el 11 de Junio de 1885; hijo de un albañil y de una trabajadora del servicio doméstico, que unos años antes se han desplazado hasta la capital, procedentes del norte de la provincia; en la calle de Puerta Moneda (en el número 20). Es el menor de los hermanos». Añadiendo palabras del propio Félix Gordón: «Dicha casa fue construida por mis padres, él oficial de albañilería y carpintería. (...) Eran una pareja maravillosa, por su energía y bondad. Mi padre y mi madre eran arrancados de la cantera del pueblo. Ella había trabajado de sirvienta desde los 13 años, desoladoramente sola. Él en el campo y de albañil».

Confiscada la casa familiar

El ya citado Miguel Cordero del Campillo, defensor y estudioso de su colega veterinario, añade datos sobre lo que fue ocurriendo con este edificio que ya no existe: «En la Guerra Civil o Incivil se les confiscó la casa, se puso en venta y fue adquirida por el señor Beltrán, el propietario de la antigua línea de autobuses a Villablino, quien se portó dignísimamente con la familia. Por lo pronto, permitió que Consuelo, su hermana, siguiera ocupando su piso, sin abonar ningún tipo de renta y, cuando estaba próximo al fallecimiento, recomendó a sus hijos que facilitaran la readquisición de la casa por sus antiguos propietarios, si mostraban deseo de poseerla, en el mismo precio que él la había comprado. Es un rasgo tan digno de encomio, que nos alegra poder difundirlo».

Antes de la guerra civil —y saltamos nuevamente al personaje abandonando los avatares de su casa— ya ha dado Gordón Ordás muchas pruebas de su capacidad y ya ha ostentado importantes cargos.

De ideas republicanas se hace ferviente antibelicista a raíz de un hecho que le toca presenciar: "El terrible espectáculo de la repatriación de los soldados derrotados que venían de Cuba y pasaban por la estación de León camino de Madrid. Viajaban hacinados en vagones, apiñados, enfermos de fiebre amarilla y heridos». Comienza a escribir en periódicos como La Democracia o La Verdad y ya defiende causas que, en aquellos momentos (1906), eran muy adelantadas a su tiempo. Escribe con el seudónimo de María Estébanez Bujeiro una clara defensa del divorcio y de la dignidad femenina, «que tuvo una contestación por parte del obispo de la diócesis Juan Manuel Sanz y Saravia, en su medio oficial, el Diario de León. La polémica volverá en julio de 1910 cuando con el seudónimo de El chico de la imprenta, escribe en El Obrero leonés, otro artículo sobre el mismo tema titulado ‘La mujer y la Iglesia’, en tono muy duro, lo que le da fama de anticlerical».

Con la II República (1931) se suceden sus cargos políticos: Subsecretario de Industria y Fomento y Director General de Minas y Combustibles; después director general de Ganadería e Industrias Pecuarias y ya en 1933 es nombrado Ministro de Industria y Comercio. Uno de sus grandes éxitos es creación de la Dirección General de Ganadería e Industria «con la que se elevaba la profesión Veterinaria a la dignidad que merecía, encargándola del control de las explotaciones ganaderas y de la política pecuaria, lo que le enfrentó con los ingenieros agrónomos y los ingenieros pecuarios». Y, sobre todo, ganó fama de gran orador: En el diario La Libertad escriben: «Gordón Ordás es el orador por antonomasia. Cuando habla, todo en él es ascendente e inmaterial: desaparece su persona, para dar paso a la idea, que va vistiendo y modelando con el gesto, con la dicción, con la lumbre de los ojos, con las manos, más elocuentes todavía...».

Y en 1936 es nombrado por Azaña embajador en México, haciendo una impagable labor con los republicanos españoles de todas las clases sociales que llegaban a aquel país gracias a la capacidad diplomática del leonés ante el presidente Cárdenas, lo que propició una vida más fácil para muchos de ellos. La maestra babiana, de Truébano, Josefina García que falleció a los 104 años en León y estuvo exiliada en Méjico siempre recordaba este buen hacer del leonés que sería presidente de la República.

Esa es una historia más conocida, ¿pero qué ocurrió con aquella casa de la calle Puerta Moneda. Pues que poco iban a preocuparse de ella en la ciudad que le nombró Leonés Indigno, ciudad a la que no pudo regresar en vida y falleció en 1973 sin poder regresar. Cierto es que, a instancias del cronista oficial de la ciudad, Luis Pastrana, el alcalde Mario Amilivia borró la indignidad del anterior nombramiento y pasó a ser Hijo Predilecto de la Ciudad e, incluso, parte de sus cenizas son las únicas que alberga el Pabellón de Leoneses Ilustres.

Peor suerte corrió su casa. No se escucharon las peticiones de hacer allí un pequeño museo, no se instó a los dueños a conservarla, no se recordó a su ilustre morador cuando se aprobó el derribo por ruina... No. Sólo es un caserón vacío.

Se fue la casa y la memoria de su morador, la modesta placa que ni siquiera decía que fue presidente, la metáfora del desprecio a uno de sus hijos.
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