Amancio González reconoce que sus obras pueden llegar a inspirar propuestas argumentales, que dentro la escultura es como "un guiño al espectador". "La forma por sí misma suele producir una cierta pereza y cuando le provocas con una especie de trama argumental el espectador puede llegar antes a la escultura", destaca el artista, para quien en una sociedad tan tecnificada como la actual la recreación en una obra de arte resulta más difícil.
González quiere dejar constancia de que sus figuras no son realistas sino que representan estados emocionales. "Esta pieza, que se titula ‘Icaro 3’, es una figura suspendida que lucha contra la gravedad y que refleja un estado casi onírico. Igual que esta otra, ‘El lector’, que está como flotando y nos lleva a ese mundo interior en el que la lectura acaba por apoderarse del personaje y éste se halla en otro estado".
También repara en una pieza que en la distancia podría asemejarse a un Cristo, pero si uno se aproxima más a ella se da cuenta de que tiene más que ver con el personaje bíblico de Sansón. "En realidad no me interesa el mito de Sansón sino el estado emocional de una persona que en este caso intenta abrirse un hueco", concluye González.
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