Un mensaje inédito hasta la fecha y que todos los expertos y analistas, no sólo del Barrio Húmedo, sino también de la zona del Cid y hasta de San Mamés y la avenida Pendón de Baeza, apuntan como un nuevo discurso de la Hostelería en sus relaciones institucionales, comparable al cambio de rumbo de la Iglesia en el Concilio de Trento o las disculpas del rey Juan Carlos por sus viajes a Botsuana.
Además, el hostelero reconoce que no siente una violación de la competencia en las medidas ciudadanas o del ayuntamiento que llevan a los consumidores a otras zonas de la ciudad. "En mi pueblo la Comisión de Fiestas también montamos una tasca en la plaza y el del bar no se pone de ninguna manera", abunda en la cuestión.
Por motivos de seguridad, este magnate pide ocultar su identidad. Tiene miedo a las represalias, ya que hasta ahora "y no es por fardar" nadie ha reconocido que se hace dinero con los bares. "Ahora, también se trabaja", aclara.
No obstante, recuerda también los tiempos en los que los cortos costaban veinte duros o cuando los bares no parecían "tiendas de Adolfo Domínguez".
Un hostelero que se define como "valiente" y que espera que su discurso cunda imagen y empiecen a escucharse "voces más amables" que apuestan por "modernizar" la oferta pensando también "en los de toda la vida, no sólo en los turistas" porque al final, dice, "esto es un negocio para todos".
