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Políticos adustos

24/05/2020
 Actualizado a 24/05/2020
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Pedro Sánchez no parece ser hombre de gran sentido del humor. O de ninguno. Centrado exclusivamente en sus ambiciones, siempre se le ve tenso, también cuando sonríe. Incluso su risa, las pocas veces que ríe, es precautoria, casi severa. Se trata de una risa precautoria, siempre sometida a una vivencia muy importante. A algo relacionado con el poder, con los mítines, cosas así. Yo nunca le he visto reír con despreocupación. Alguna vez lo habrá hecho, sin duda, pero lo debe prodigar poco. Es un hombre eternamente enojado. Perdónale, Señor.

Pablo Casado sonríe más pero tampoco parece tener mucho sentido del humor. Y cuando se ríe, da la impresión de que lo hace teniendo muy presente las indicaciones que le dicen sus asesores de imagen, por lo que da en envarado; en poco libre. Pablo Iglesias tiene más recursos en este territorio, pero su ejecutoria, tan falsaria, y no lo digo solo por el asunto de su mansión, le quita frescura a cuanto hace. Y siempre tiene a raya su espontaneidad.

Inés Arrimadas tampoco es un dechado de ironía y de gracia. Demasiada seriedad siempre, ninguna concesión al humor, algo tan habitual y necesario en la política anglosajona por poner un ejemplo. Por último Santiago Abascal, aunque cultiva un estilo más cercano, su discurso tantas veces tenebroso, le inhabilita para despertar una sonrisa. De los líderes autonómicos solo hablaré de dos. De Urkullu, modelo de seriedad ceremonial, y de Torra quien, acaso por su condición mediterránea, es hombre que parece tener sentido del humor, aunque lo esconda. Es un gamberro que disfruta con su cargo.

Todos estos señores se parecen muy poco a sus antecesores de hace treinta o cuarenta años. Nada que ver con la ironía galaica de Manuel Fraga, o de la ironía asturiana de Santiago Carrillo. Ironía que se traduce en distancia cordial y en prueba de inteligencia. También de experiencia de la vida, con un toque de escepticismo. A Carrillo y a Fraga cabe añadir a Felipe González o a Alfonso Guerra, el primero con su humor de gran pegada, y el segundo, verdadero prodigio del sarcasmo y de la rapidez de respuesta. Nada que ver con la abrupta bancada de los líderes actual. Gente que parece estar en mantillas. Y ello porque solo se han dedicado a la política. A vivir de un sueldo público y a obedecer a sus jefes para ascender a la cúpula del partido. Personas de poca cultura, en general, incapaces de relajarse fuera de su casa (y algunos ni eso). Personas con mucha querencia por el aburrimiento.
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