La decadencia luminosa

Por José Miguel López-Astilleros

20/05/2022
 Actualizado a 20/05/2022
Plano de la «ciudad sin nombre».
Plano de la «ciudad sin nombre».
En ‘Dakovika’ (Marciano Sonoro, 2022), la última novela de Bruno Marcos, se nos ofrece, a través de unos personajes muy singulares, una visión antiheroica de «la ciudad sin nombre», trasunto de León. La mayor parte de los lugares por los que transita la trama son aludidos por su nombre real, presente, como pueda ser la basílica románica de San Isidoro, o pasado, como el antiguo hotel Oliden, hoy Alfonso V, aunque también los hay recreados, como la mansión de los Siena-Pombal, reflejo de la casa decimonónica de Sierra Pambley, actualmente museo. La historia de la ciudad bimilenaria y su tratamiento desrealizador, así como la geografía e itinerarios donde tienen lugar las distintas peripecias, son factores decisivos en la creación de un estado anímico desangelado y umbrío, que el autor pretende transmitir como propósito final, por encima de un desenlace narrativo determinado, con lo cual logra una desgarrada pintura existencial que no solo alcanza a los personajes, sino a todos los aspectos.

La historia de la ciudad está integrada en la obra no como un homenaje al pasado sino ofreciendo un nuevo ángulo de la misma a través de los distintos personajes y sus andanzas, en su mayoría noctívagas, porque esta es una novela nocturna y de sombras chinescas, proyectadas en el subconsciente más oscuro y delirante del lector. A veces, se dan versiones diferentes de esa historia real, así como de sus leyendas, adaptadas al tono general de la obra, como por ejemplo la del topo de la catedral que, según la tradición, destruía por la noche lo construido por el día, en cambio aquí esa labor la realiza la Secta del Topo. Otro aspecto que llama la atención respecto a estos pormenores es la irreverencia con la que se comportan algunos de los personajes principales que resulta humorística a la vez que trágica, así los episodios del cáliz de doña Urraca y las tumbas de los reyes leoneses.

Las principales cuadernas del argumento están distribuidas en tres partes con veinticuatro, veintidós y veintiún capítulos respectivamente. Dado que las dos primeras fueron publicadas por entregas en Manual de Ultramarinos, se percibe una cierta independencia en muchos de ellos, siendo así que la acción está montada de forma original en una suerte de cuadros narrativos, como si fueran tomas cinematográficas. De este modo el Cuervo, protagonista principal y narrador en primera persona, y Larsen, ambos traperos pícaros que trafican con libros viejos, van a vivir aventuras insólitas que los llevarán a conocer a Lamieva, la amada del Cuervo, al poeta bohemio Pascal, y al poeta ladrón de versos Garnach, a los cuales hay que añadir al desconocido y misterioso, también poeta, Vokislav, y muy relacionado con este al personaje que da nombre al libro, Dakovika. Casi toda la acción transcurre en el casco viejo de la ciudad por el que los personajes se desplazan por los tejados o las cloacas, con lo cual actúan y viven sobre y bajo la realidad, creando así una realidad propia, una simbólica suprarrealidad marginal, que encarna los desechos del tiempo. No obstante, aparecen otros personajes menores igualmente singulares que coexisten con ellos. Todos son presentados por su sobrenombre, con lo cual se potencia la sensación de caricatura grotesca del ambiente lumpen en el que viven.

El recurso narrativo más sobresaliente es la profusa utilización de la descripción esperpéntica, que se imbrica en la acción y la enriquece generando una pintura onírica de fuerte impacto. Estas descripciones platónicas inversas caracterizan la degradación de personajes, lugares y tiempos, para lo cual el autor no escatima el uso de elementos escatológicos.

En ‘Dakovika’ Bruno Marcos nos asoma, con un estilo deslumbrante, a los lances y tragedias de unos perdedores que luchan por sobreponerse al desaliento vital y al paso inexorable del tiempo, creando una decadencia luminosa y lírica.

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