"La cadena de las emergencias debe estar engrasada, como la de la bici de Induráin"

Entrevista a Luis Manuel Martínez Meijide, teniente general y jefe de la UME

Alfonso Martínez y David Rubio
27/03/2022
 Actualizado a 27/03/2022
| SAÚL ARÉN
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Es uno de esos leoneses de adopción que, pese a sus raíces gallegas y su matrimonio en tierras mañas, no consigue evitar una sonrisa de satisfacción al llegar a la que durante tres años fue su casa y divisar nuestra Catedral desde la terraza del Camarote Romántico. Se trata del teniente general Luis Manuel Martínez Meijide, que es jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y esta semana ha recibido la Medalla de Oro de la Cámara de Comercio y el Garbanzo de Plata que concede habitualmente el Club Peñalba-Casino de León como reconocimiento social a su labor durante la pandemia.

– Fue entre 2013 y 2016 el jefe del Mando de Artillería de Campaña y dejó aquí grandes amigos. ¿Qué siente al volver a recoger estas distinciones?
– Lo cierto es que debo reconocer que fueron tres años intensos. A lo mejor en otra escala del tiempo habrían tenido que ser nueve o diez. He tenido la oportunidad de conocer a personas clave, que son las que me han llevado de la mano para conocer ese León que a lo mejor en condiciones normales me hubiera llevado ese tiempo conocer. Cuando uno va destinado a un sitio, normalmente uno es recibido por los compañeros militares, por el estamento militar que te arropan y te acompañan, pero en mi caso a esto se añadió un contacto aún más importante con la gente de León, con sus habitantes, con su sociedad civil. Y eso me permitió conocer de primera mano el León cultural, el León gastronómico, el León histórico, el León de la naturaleza… León es una provincia maravillosa que tiene de todo, porque el turismo puede ser gastronómico, de esquí, de montaña en las cuevas de Valporquero o los Picos de Europa, pero luego tiene también ese encanto de la parte de la Maragatería o el Páramo. Y por supuesto, la maravillosa comarca del Bierzo, que es el enganche entre mi Galicia y León. Soy coruñés y estoy casado con una maña, que se llama Pilar, y eso también me marca, pero mi segunda piel es muy leonesa. Estoy feliz de volver para estos reconocimientos, porque no solo es una ocasión para comprobar que la UME es una unidad querida y está integrada plenamente en la sociedad leonesa, sino que también tengo esa oportunidad de ver y estar con mis amigos, esos que tan bien me acogieron a mí y a mi familia.

– Y vuelve efectivamente como máximo responsable de la UME, que tiene en Ferral del Bernesga uno de sus batallones y que con la pandemia se ha acercado aún más a los ciudadanos. ¿Se sienten como la unidad más querida de las Fuerzas Armadas?
– Quizá sea la más conocida. No quiero decir que la más querida, porque he tenido la oportunidad de conocer unas cuantas guarniciones. La última mudanza que hice fue la duodécima. Y la Legión es muy querida en Almería, la Brigada de Paracaidistas es muy admirada en la zona de Alcalá y Paracuellos en Madrid… Todas las unidades son muy queridas. Qué podríamos decir de Galicia sin su Brigada Aerotransportable o de Asturias sin su Regimiento de Infantería Príncipe en Siero… En todas hay un vínculo con sus territorios. Siempre he dicho y he inculcado a mis subordinados que no solo están al mando de una unidad militar, sino que están en una ciudad. Son el engarce entre la sociedad civil y la militar, que al fin y al cabo son la misma. Ellos tienen que hacer su trabajo, pero al mismo tiempo deben ser conocedores y espectadores de todo lo que ocurre en la sociedad de esa ciudad en la que están. Eso genera siempre un cariño. La UME recibe ese cariño porque tiene un impacto mediático, porque hace cosas directamente por la sociedad. Y quizá esa misma sociedad no ve el gran esfuerzo que hacen todos nuestros militares que están en misiones de tierra, mar o aire y que están cumpliendo con su deber. Ahora mismo, mientras hacemos esta entrevista, hay muchísimos españoles que están en diversos escenarios velando por nuestra seguridad. El ciudadano no tiene la oportunidad de ver ese esfuerzo y esa preparación, porque normalmente no suponen una noticia con la que se puedan abrir los informativos o los periódicos, aunque quizá en este momento sí por otros motivos. Pero eso en el caso de la UME es más frecuente y por eso procuramos devolverle a las Fuerzas Armadas en su conjunto el cariño que nosotros recibimos. La UME no existiría sin el resto y cumple su misión gracias al resto. Es una misión muy bonita y el expresidente Rodríguez Zapatero lo dijo este miércoles perfectamente. Se trata de estar en punta de lanza de las capacidades de las Fuerzas Armadas para afrontar las emergencias.

Durante la pandemia, las mochilas que usamos para incendios se reconvirtieron para desinfectar espacios– Se han enfrentado a temporales, incendios… pero quizá nunca habrían esperado tener que entrar en residencias de ancianos o acudir a la erupción de un volcán como el de La Palma…
– Eso es verdad. Nos entrenamos para unas cosas y luego algunas veces tenemos que responder ante otras muy diferentes. Suelo decir que es un poco el espíritu de la caballería. Hay que ser flexible, hay que adaptarse. Con los medios que tenemos hay que responder. Durante la pandemia, las mochilas que normalmente llevamos para la extinción de incendios se reconvirtieron para fumigar biocida a la hora de desinfectar todo tipo de espacios. Las autobombas que llevaban el agua con las mangueras para luchar contra el fuego se convirtieron en elementos nodriza para reforzar las tareas de desinfección en Ifema, en estaciones de tren y aeropuertos y en otros lugares donde había grandes movimientos de gente. Nos tuvimos que adaptar y para ello contamos con la gran ayuda de las empresas y de las universidades, que concentran personal clave en muchísimas áreas técnicas y nos ofrecieron soluciones casi inmediatas a nuestras necesidades.

– ¿Estaban preparados sus hombres desde el punto de vista psicológico para una situación como la vivida durante la pandemia? ¿Ha sido la más dura de todas las que han vivido?
– Es una pregunta muy oportuna porque se está produciendo ahora una transición muy positiva. Los militares hacemos un entrenamiento físico, de ejercicios, de escenarios y de situaciones, pero es necesario también un entrenamiento psicológico. En la ‘Operación Balmis’ descubrimos que era necesario hacerlo y lo pusimos en práctica. Si queremos que nuestros soldados cumplan una misión y que todos los días que salgan en condiciones de trabajar y de rendir, deben tener una preparación psicológica que debe llevarse a cabo antes de la misión, durante su desarrollo, porque los psicólogos van al escenario donde ven lo mismo que los soldados, a esa residencia o a esa morgue. Y luego unos tratamientos posteriores a esa labor para ventilar emociones, imágenes, sensaciones y olores. Hay mucha gente que después de estar un año prácticamente oliendo lejía, pues ahora le recuerda muchas cosas. Es interesante que alguien te explique las cosas desde un punto de vista profesional. En la UME somos 3.500 efectivos y más de 2.000 han pasado por estos ciclos de preparación psicológica y ha sido algo fundamental.

– Esta semana ha vuelto a resurgir la polémica sobre los cadáveres hallados en las residencias por la UME. ¿Fue tan grave la situación?
– No seré yo el que alimente la polémica. En primer lugar, hay que valorar las cosas con los ojos del que lo vio, del que estuvo allí. Y luego con los ojos de una sociedad que en aquel momento no estaba preparada para recibir determinadas informaciones. Nuestras residencias estaban preparadas para ser centros de relaciones, no de confinamiento. A todos nos gusta que, si nuestros padres o nuestros abuelos están en una de ellas, no solamente estén bien atendidos, sino que puedan mantener un trato y una relación social. Esto fue en el fondo el foco de los contagios, pero hay que pensar que en aquellos momentos y no solamente en Madrid, sino en muchas otras ciudades, los servicios funerarios estaban totalmente colapsados. Si en Madrid normalmente mueren en un fin de semana 70 personas, entonces morían 700. Las funerarias no daban abasto para acudir a las residencias. Cuando una persona fallece y al poco muere otra, cuando se avisa y no viene nadie, cuando llega la UME y se encuentra que el personal de la residencia está enfermo, cuando les recibe una persona que está en verdadero estado de shock y cuando se observa un caos en el que ya no se sabe quién está contagiado y quién no, lo que hay hacer es poner sosiego. Más allá de las cifras, en aquellos momentos los soldados de la UME iban a ayudar. No iban a levantar acta de cuántas personas fallecían.

– La UME alcanza el año que viene la mayoría de edad. ¿Qué balance puede hacerse? ¿Qué han aprendido en este tiempo a la hora afrontar el futuro?
– Ya lo creo que hemos aprendido. Esa mayoría de edad… Somos unos adolescentes en comparación con otras unidades del Ejército de Tierra, de la Armada. Del Ejército del Aire no tanto, pero existe también una gran diferencia. Estamos hablando de que algunas unidades tienen más de 500 años. El Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey se remonta por ejemplo a la época de Fernando III el Santo, al siglo XIII, así que con distancia, con respeto y con mucha humildad afrontamos el futuro intentando que la UME siga siendo esa referencia para la sociedad y reforzando ese vínculo con el resto de las Fuerzas Armadas, que siempre están detrás de nuestro trabajo. Si hay un problema grave de ámbito nacional, yo estoy autorizado en la Ley de Protección Civil a solicitar refuerzos en el grado que estime necesario por tierra, mar y aire. Eso otras organizaciones no lo pueden hacer y yo sé que tengo un fondo de armario muy importante para resolver las emergencias. Y hay que entender que en este cometido somos una gran familia. No solo está la UME. Al revés, hemos llegado probablemente los últimos a esa familia. Este trabajo no se puede entender sin la Guardia Civil, sin la Policía Nacional, sin los voluntarios de Protección Civil, sin Cruz Roja… Y lo importante es evitar la improvisación, que es lo peor que puede ocurrir ante una emergencia. Es importante que nos conozcamos todos y que hagamos ejercicios regularmente. El ejercicio conjunto combinado previsto para 2020 incluía un simulacro de un terremoto en la isla de Gran Canaria y una erupción volcánica en Tenerife. Habíamos hecho todo el planteamiento y solo nos faltaba la ejecución, fijada para marzo de ese año y suspendida por la pandemia. Pero llegó la erupción de La Palma y la UME estaba preparada, porque el teniente coronel que manda en el batallón de Morón de la Frontera había diseñado en su cabeza aquel ejercicio. Es bueno ensayar las cosas. Y no solo en la UME, sino en todos los que participan en las emergencias. Cuando la UME llega a un sitio, se encuentra con la Guardia Civil o con la Policía Nacional, que nos orientan por dónde tenemos que ir o cuáles son las zonas más peligrosas. Y luego están los voluntarios. Muchas veces podemos pensar que son personas menos preparadas técnicamente, pero no es así y además conocen perfectamente el terreno. Tienen una generosidad digna de encomio. Lo importante es ir todos juntos. Si las emergencias están sincronizadas desde el 1-1-2, desde esa primera llamada, esa solicitud de la comunidad autónoma, el papel de los delegados y subdelegados del Gobierno, el papel de la Dirección General de Protección Civil y Emergencias, el tránsito hacia nuestro Ministerio con la Dirección General de Política de Defensa…. Esa cadena debe estar engrasada, como la de la bici de Induráin cuando adelantó a Armstrong y le dejó clavado. Como esa cadena debe funcionar el mundo de las emergencias.


El batallón de León suele ser el que más actúa. Aquí se pueden juntar el fuego, la nieve y las inundaciones– ¿Qué valoración hace del funcionamiento del batallón que la UME tiene en Ferral del Bernesga? ¿Está suficientemente dotado de medios materiales y humanos?
– El batallón de Ferral del Bernesga es probablemente el que más intervenciones realiza, porque es el que tiene la zona más extensa. Hay que tener en cuenta además que aquí se juntan las inundaciones, las nevadas y los incendios en una proporción superior a la que vemos en el resto de los batallones. Sin embargo, el éxito no es solo de este batallón, porque los demás están siempre en reserva. Las organizaciones están preparadas para que este batallón no se circunscriba estrictamente a su zona. Puede declararse un incendio en Aragón al cual tiene que ir el batallón de León. Lo hemos visto con el volcán de La Palma, una misión que se ha prolongado durante tres meses y en la que todos los batallones han ido rotando para acudir a la isla. No pensemos por tanto en si los medios del batallón de León son suficientes para la comunidad. Se compensan unos con otros. Es cierto que el material se emplea todos los días. Eso implica mucho desgaste y que hay que renovarlo y vigilarlo constantemente. Las mangueras tienen su seguimiento, pero el material de rescate vertical o de submarinismo tiene que estar siempre en condiciones. Si en una práctica o en un rescate en el que hay un tirón en una cuerda, hay que hacer una ficha para sustituirla cuando lleva un número determinado de emergencias. Eso implica una logística, unos cuadros técnicos y unos ojos atentos a la renovación de ese material. Es complicado, porque no es la gestión pasiva de un almacén, es mantener permanentemente un material operativo. En todo caso, sí puedo decir que los medios son suficientes y están dimensionados para unos esfuerzos de tipo medio a los que luego se suman los mecanismos de apoyo entre los distintos batallones, que están bien estructurados.

– La guerra de Ucrania ha puesto sobre la mesa el debate sobre la necesidad de aumentar el gasto en defensa. ¿Cree que es necesario?
– Un país necesita encontrar una defensa que se ajuste a su medida, a sus compromisos y al papel que quiere jugar en su entorno. En este caso, si España ha entrado en unas organizaciones de seguridad y en unas instituciones europeas durante la época de la transición democrática, lo hizo fundamentalmente para obtener unos beneficios de tipo político, social y económico, pero también tenía que contribuir al esfuerzo en materia de defensa. Hay que tener en cuenta que en aquella época, cuando España entra en la Otan, estábamos en la Guerra Fría. Gracias a esa época de gran crecimiento económico y desarrollo social que España vivió a partir de entonces, muchas veces hemos llegado a pensar que en esa famosa ecuación de cañones y mantequilla los cañones sobran y la mantequilla es más necesaria. Pero lo cierto es que siempre hay que buscar un equilibrio entre una parte y la otra. Siembre va a haber personas que buscan esas pequeñas debilidades y esas fisuras en nuestra seguridad y ahora nos encontramos que unas Fuerzas Armadas de la Unión Europea o de la Otan necesitan estar ya. No podemos empezar a diseñarlas ahora. Eso implica un planteamiento, unos recursos, unas inversiones y, sobre todo, mantenerse siempre en un nivel excelente de preparación, de medios y de desarrollo técnico. Creo que ahora todo el mundo ha entendido la necesidad de invertir en defensa porque, si no hay seguridad, esas medidas de disuasión, no hay nada más. Nos podemos cargar la paz, nos podemos cargar el desarrollo económico, nos podemos cargar las libertades y nos podemos cargar todo lo bueno que hemos conseguido en estos años, porque para que se den esas circunstancias tiene que haber seguridad. Y desgraciadamente eso se consigue con medios de defensa que tienen que ser creíbles. Y eso es fundamental en el momento que estamos viviendo.
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