Julián López: "No podemos ni en sueños pretender que cada parroquia tenga su cura"

El obispo de León tendrá que poner en abril su cargo a disposición del Papa, aunque se encuentra "con fuerzas" para continuar al frente de la Diócesis

C. Centeno
26/01/2020
 Actualizado a 26/01/2020
El obispo de León, Julián López. | SAÚL ARÉN
El obispo de León, Julián López. | SAÚL ARÉN
El próximo 21 de abril el obispo de León, Julián López, cumplirá 75 años, una edad a la que el derecho canónico dispone que los prelados tienen que poner su cargo a disposición del Papa. La medida, impuesta a partir del Concilio Vaticano II, pretende que haya un mayor dinamismo en la vida de la Diócesis, «dado que la edad evidentemente se puede convertir en una dificultad para ejercer la función del obispo». Sin embargo, la decisión final es de la Santa Sede, que valora si puede continuar o se acepta la renuncia de manera automática, por lo que la fecha no significará que tenga que haber relevo al frente del Obispado de León.

–¿Se siente con fuerzas de seguir al frente de la Diócesis de León?
–Ahora me encuentro exactamente igual iba a decir que cuando vine a León, por tanto lo que disponga la Santa Sede estará muy bien. Si me dicen que continúe, encantado. Si me dicen que pase a la reserva, pues también, porque los obispos eméritos tienen también alguna ocupación y pueden seguir ayudando a las diócesis o al obispo que les sustituya, por lo que eso no es problema ninguno. Por ahora sí me encuentro con fuerzas, gracias a Dios, pero eso vuelvo a decir, no es ningún condicionante.

–Lleva casi dos décadas en León, ¿qué balance hace de todos estos años?
–Que he sido personalmente muy feliz, me he encontrado muy a gusto, estoy muy agradecido especialmente a la labor pastoral de los sacerdotes, con los que me he llevado muy bien y creo que ellos pueden estar contentos. La única cosa que me preocupa en este momento es la elevada media de edad de los sacerdotes de León, que se está aproximando a los 70 años. Por supuesto que hay muchos sacerdotes más jóvenes, pero en conjunto eso es una preocupación precisamente porque tenemos una Diócesis con más de 700 parroquias, más grandes o más pequeñas. Y esa es una realidad que hace 20 o 30 años pues estaba de alguna manera resuelta, porque había primero sacerdotes para estar como párrocos de casi todas, y la media de edad era también más joven. Hoy el problema de la despoblación en nuestra Diócesis y en la provincia es un factor condicionante muy serio.

Ahora me encuentro casi exactamente igual que cuando vine a León, por lo tanto lo que disponga la Santa Sede estará muy bien–Esa despoblación está obligando a hacer la segunda reestructuración pastoral de la Diócesis en su mandato, que reducirá nuevamente el número de arziprestazgos.
–Depende lo que entendamos por reestructuración pastoral. Si es la reorganización del servicio que se debe prestar a los fieles evidentemente sí. Pero si se trata de cambiar la estructura parroquial, ahí nos encontramos con una dificultad que es que ningún pueblo quiere dejar de ser parroquia y está en su pleno derecho. Decir ser parroquia supone una comunidad con su propia iglesia, con su calendario de fiestas, con sus costumbres religiosas y evidentemente eso no se puede tocar. Es muy complicado cuando faltan los sacerdotes, y entonces hay que recurrir a diáconos, a seglares, hombres o mujeres que los domingos especialmente dirigen la celebración de la palabra de Dios, están autorizados también para poder dar la comunión, pero no son párrocos, no pueden llevar digamos la gestión pastoral diaria que lleva un sacerdote. ¿Cómo lo resolvemos? Pues hoy por hoy mantenemos el mismo número de parroquias, las agrupamos bajo la dedicación de un mismo sacerdote y él se encarga ya de buscar las personas colaboradoras, por ejemplo para llevar las cuentas de la parroquia, para tener abierta la iglesia oportunamente, porque uno de los problemas que nos afectan es que la inmensa mayoría de las pequeñas parroquias están cerradas toda la semana y eso es peligroso primero porque los fieles no tienen donde encontrarse para rezar, son pocos pero… y por otra parte pues estamos también expuestos a robos o a que sencillamente en una tormenta una chispa eléctrica cause un incendio. Es decir, se ha desplazado hacia los fieles lo que antes era una atención privativa del párroco, y los fieles colaboran.

–Porque ahora mismo es imposible mantener eso de un sacerdote por cada parroquia.
–Eso solamente existe en las grandes poblaciones y en la capital y muchas veces no uno, si no más.

La única cosa que me preocupa en este momento es la elevada media de edad de los sacerdotes de León, que está cerca de 70 años–La idea es que haya ‘centros’ de referencia en las pueblos más grandes y que desde allí se gestionen las parroquias pequeñas de alrededor. ¿Cómo puede funcionar?
–Depende para qué actividades. Las actividades estrictamente parroquiales no tienen otro punto de referencia que la propia parroquia. Por ejemplo los bautismo y desde luego los funerales. Eso se hace siempre en la parroquia por pequeña que sea. Otra cosa es la preparación para el matrimonio en los pueblos, que desde luego hay muy poco movimiento en este sentido, pero hoy la movilidad y la facilidad en las comunicaciones facilita que dentro de lo que llamamos una unidad pastoral de varias parroquias, este tipo de servicios se hagan conjuntamente. Hoy la gente se mueve mucho y por lo tanto pues es fácil también de cara a la preparación para las confirmaciones o para el matrimonio incluso también para los bautismos, que son en los pueblos desde luego muy pocos en proporción a lo que han sido en otro tiempo. Ahora es posible que las personas, sean jóvenes o adultos, se agrupen.

–La despoblación también es de sacerdotes. La media de edad es muy alta y las vocaciones cada vez más escasas. ¿Cuál es la situación de los seminarios de la Diócesis?
–En la Diócesis de León tenemos el seminario de San Froilán, en otro tiempo podríamos decir que abarrotado, tanto el menor en la carretera de Asturias como el mayor al lado de la Catedral, que tenían un número de seminaristas muy elevado. Hoy hemos tenido que recurrir a una realidad que está presente en muchísimos países que es el Camino Neocatecumenal, fundado precisamente por un leonés que se llama Francisco Argüello. En esas familias surgen muchas vocaciones y estas familias también son un factor de vida cristiana con su ejemplo y con su testimonio. Hacen una labor apostólica no solo de testimonio si no también de disponibilidad para las catequesis, para la sección de los enfermos, para el cuidado de las iglesias… y hay también otras asociaciones de fieles que realizan tareas semejantes, en las familias cristianas han surgido y surgen ahora vocaciones, no tanto en la edad infantil y en la adolescencia como en plena juventud e incluso en edades mayores. Estas vocaciones son conscientes, responsables y aunque en número no sean tan grandes como en el pasado, en perseverancia y en eficacia pastoral evidentemente prestan un gran servicio y se puede decir que completan la carencia que ha habido y que hay todavía de vocaciones juveniles. El futuro no sabemos cómo será, pero desde luego siempre descansará sobre el ministerio de los sacerdotes aunque sean pocos y, cada vez más, en la participación de seglares bien formados que tengan también un sentido profundo de la fe y de la vida cristiana.

El futuro no sabemos cómo será pero descansará sobre el ministerio de los sacerdotes y sobre la participación de seglares bien formados–En algunas zonas para paliar esa falta de sacerdotes se habla de medidas como la ordenación de hombres casados o de dar más protagonismo a las mujeres. ¿Qué le parecen?
–Cuando hablamos de falta de sacerdotes tenemos todos como referencia especialmente aquí en León que ha sido siempre una Diócesis muy rica de vocaciones, la situación de los años pasados, cuando el sacerdote lo era todo, hasta tocar las campanas si hacía falta. Hoy el ministerio del sacerdote está más restringido a la predicación de la palabra de Dios y a la celebración de los sacramentos. Por ejemplo, la administración de los bienes de la parroquia no necesariamente la tiene que llevar él, la llevan los feligreses. Nuestra Diócesis tiene infinidad de pueblos pequeños, no podemos ni en sueños pretender que cada parroquia tenga su cura. Entonces eso que tiene su lado negativo evidentemente por la falta de vocaciones, tiene también su lado positivo porque provoca una mayor participación de todos y un mayor sentido de iglesia, de comunidad, de familia… la religión, la práctica pastoral, ya no es cosa del cura. El responsable último es él pero colaboran personas casadas, solteras, hombres, mujeres, jóvenes…

–Ya en la capital, está a punto de inaugurarse el Museo Diocesano y de la Semana Santa, ¿qué va a significar para León?
–Esto va a ser una riqueza para la ciudad, va a ser una riqueza para las cofradías de Semana Santa y va a ser una riqueza, por lo tanto, en general para todos los leoneses que van a ver un edificio que en otro tiempo estaba lleno de seminaristas, que sigue a disposición de la ciudad y de los que vienen a visitarla. Se va a mostrar una realidad muy importante que es la Semana Santa pero también el patrimonio artístico que tienen nuestros pueblos, porque una iglesia que esté cerrada todo el año no puede tener allí un cuadro o una imagen de valor, se puede depositar en el museo y cuando llegue su fiesta llevarla al pueblo.

–¿Ya hay fecha de inauguración?
–No hay fecha todavía para la inauguración del museo. Queda poco para las obras pero hay unos trámites legales a la hora de poner en uso este tipo de construcciones. Yo confío que dentro de este año podremos inaugurarlo.

–¿Llegará paraSemana Santa?
–Va a ser muy difícil, la mirada está puesta en un encuentro de cofradías que se va a celebrar en el mes de septiembre, a ver si para entonces ya es posible.

Va a ser muy difícil que la apertura del Museo llegue para esta Semana Santa, la mirada está puesta en el encuentro de cofradías de septiembre–A partir del 21 de abril el Vaticano decidirá si sigue o no al frente de la Diócesis. Si es que sí, ¿cuáles son los grandes retos a partir de ahora?
–Pues vamos a seguir trabajando en lo mismo y, evidentemente hay que adaptarse. La mentalidad, no solamente de los pastores si no también de los fieles. Hay que acomodarse a una nueva situación, hay que dar mayor protagonismo a los fieles laicos y ellos mismos también deben ser conscientes de esto, no esperar a que el cura resuelva todos los problemas, que a veces no tanto por falta de interés del sacerdote como de respuesta de los fieles quedan situaciones, pueblos, iglesias que no están suficientemente atendidas. Es una cosa interactiva, mutua. Dialogando, estando en contacto, ayudándose mutuamente, siendo los fieles seglares responsables también, pues todo funcionará si cabe mejor que en el momento actual. En ese sentido, aunque haya menos sacerdotes en cuanto al número va a haber creo una labor pastoral renovada, compartida y mucho más responsable por parte de todos, de los que tienen que ejercer el ministerio que son los sacerdotes y de los fieles que son miembros vivos de la iglesia, miembros activos no simplemente pasivos de que venga el señor cura y nos resuelva los problemas.
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