Genarín: huérfano, padre, parado de larga duración, viudo y después santo

Julián Robles y Javier Fernández-Llamazares publican ‘De Genaro Blanco a Bendito Canalla’ (Eolas Ediciones) donde se reconstruyen la vida del pellejero y la ciudad

D.L.M.
11/04/2019
 Actualizado a 19/09/2019
Los autores, Julián Robles (D) y Javier Fernández-Llamazares, posan con un ejemplar en Casa Benito. | MAURICIO PEÑA
Los autores, Julián Robles (D) y Javier Fernández-Llamazares, posan con un ejemplar en Casa Benito. | MAURICIO PEÑA
"Loshombres siguen influyendo sobre los demás aun después de que han dejado de estar entre nosotros. Ya muertos, todavía hablan. Solo hay que escucharlos".

Y 90 años después de la muerte de Genarín, los historiadores Julián Robles Díez y Javier Fernández-Llamazares han escuchado la voz de Genaro Blanco.

El párrafo inicial está extraído del prólogo del libro ‘De Genaro Blanco a «Bendito Canalla»’ (Eolas Ediciones), que se presenta este jueves a las 20:30 horas en el salón del actos de Instituto Juan del Enzina de León. Los historiadores Robles Díez y Fernández-Llamazares son los autores del texto al que han dedicado tres años de laboriosa investigación, bebiendo de las fuentes "primigenias" para narrar no solo el discurrir vital del célebre leonés, sino también contribuir "a la más cabal y fidedigna reconstrucción de nuestra ciudad". Así, junto al venerado pellejero y las personas más cercanas a él –los cepedanos que lo acogieron en Palaciosmil, su mujer, sus hijos y algunos de los que fueran sus amigos– aparecen en el libro personajes tan leoneses como Buenaventura Durruti, Octavio Álvarez Carballo, Alfredo Barthe, Fernando González Regueral, Bernardo Zapico y Petronila Arriola o José Álvarez Cadórniga. Pero sobre todo, más que «los que dan nombre a las calles», aparecen los "Martínez y Fernández", los personajes populares.

Como constata el etnógrafo y poeta José Luis Puerto –que este jueves conducirá la presentación– en el epílogo del libro, los investigadores siguen la escuela historiográfica francesa de los Anales, el "sustrato" que configura la Historia y que Unamuno diera en llamar ‘intrahistoria’.Puesto que "la macrohistoria se deja por el camino muchas cosas", Julián Robles y Javier Fernández-Llamazares han seguido este camino de "estudios genéricos o parciales" para describir con "fría precisión de cirujanos", según califica Javier Tomé, el León en el que se desenvolvía Genarín.

Para ello han recopilado una valiosa documentación, han rastreado archivos y han comprobado meticulosamente cada dato necesario para explicar al mundo quién era Genaro Blanco y cómo era aquel León de finales del Siglo XIX y principios del XX. A través de los asuntos "sobre los que hablaban los vecinos de Genarín en el día a día" se construye el relato surgido de la atenta revisión de cientos de sentencias judiciales de la época, de páginas de la hemeroteca, de censos, expedientes militares, registros civiles o archivos parroquiales. Discusiones en el fielato que acaban en zurras, riñas entre verduleras, niños sin escolarizar amedrentando ancianas, peleas por la honra, prostitutas a la greña, turbadores ajusticiamientos, regias visitas, romerías y festividades... Gran parte de ello ilustrado con fotografías inéditas cedidas por particulares o por instituciones como el Museo Sorolla, impactantes imágenes de aquel León de 1900 a 1930 al que bajaban en burro las lavanderas del Ferral o en el que las cuadrillas de los barrios del Mercado y de San Martín se enfrentaban a pedradas por prender la hoguera festiva del otro.

Un ambiente en el que descubrirá el lector a untiempo profundos cambios y anquilosadas prácticas. En él vivió Genaro Blanco, «El Expósito núm. 147 del 61», abandonado en Izagre.

Expósito, eludió el servicio militar, logró un oficio, se casó y formó una familia en la capital leonesaEse es el punto del partida de Julián Robles Díez y Javier Fernández-Llamazares para seguir la vida del izagreño, desde el abandono hasta su muerte. Para ello contaron también con la colaboración de Javier Benéitez Mateos, que realizó, según explican, indagaciones fundamentales sobre el terreno y en diferentes archivos.

En el Hospicio de León, "la Seguridad Social de la época", se forja la historia de Genaro Blanco. La institución fue fundamental para el devenir de la familia Blanco García y a su funcionamiento y repercusión están dedicadas varias páginas del libro, incluido un apéndice firmado por el canónigo Dionisio Pizarro, que fue director del Hospicio.

De hecho, el libro recoge la importante contribución de autores como Antonio Valbuena, Victoriano Crémer, José Pallarés Eguiagaray o Pepe Gracia, cuya aportación al conocimiento de la ciudad, según consideran los investigadores, no siempre está reconocida en la medida que merece. Precisamente, otro de los acicates que ha movido a Robles Díez y Fernández-Llamazares a escribir esta obra, es la ausencia de menciones a Genarín en textos como la ‘Tabla de varones ilustres, indinos y malbaratados, de la ciudad de León y su circunstancia’ de Crémer (Evergráficas), en el que sí figuran El Boto o el Héroe del Caney, cercanos al pellejero, pero no se menciona al inspirador del afamado Entierro. Dar respuesta a esta cuestión provocó que los autores profundizarán aún más en las crónicas de la época y en las propias obras de Crémer, Eguiagaray o Gracia.

Sin ideas preconcebidas

Ahora, con el libro en la calle, los autores afirman que el destino de Genarín "estaba escrito". Sin embargo, su investigación comienza «sin ideas preconcebidas», tirando de esa manta del Hospicio de León, que lleva a Palaciosmil (Quintana del Castillo), desde donde Genaro Blanco regresa al Hospicio para cimentar una vida que eludió el servicio militar y logró formar una familia en León, azotada por la fatalidad del desempleo –de larga duración– y la enfermedad y acabar de la manera recordada cada noche de Jueves Santo. Una sucesión de acontecimientos documentados, demostrados y contextualizados con estremecedoras conclusiones, que en cierto modo continúan vigentes: "Desde el año en que Genaro Blanco pierde el empleo (1911) hasta su muerte en 1929, alrededor de 55.000 personas emigran desde León a América". Abunda en ello el apéndice número seis del libro, que detalla ‘La emigración al Brasil’.

Con 14 años tuvo que dejar el pueblo de su infancia, luego perdió el empleo, enviudó y vio morir a varios hijosEn el centro del texto y de la investigación está Genaro Blanco, pero a su alrededor, como en una constelación, surgen multitud de temas bien definidos en el libro. Genarín es el hilo conductor de la decena de capítulos que, por otra parte, permiten al lector saltar de uno a otro sin perderse. "Es nuestro propósito ofrecer un libro apoyado siempre en los numerosos documentos que durante varios años hemos podido reunir en los archivos, no olvidando los aspectos científicos y metodológicos, sacrificando ligeramente la comodidad literaria de los lectores en aras del rigor histórico, pues no es fácil conseguir ambas cosas", explican en el prólogo los autores que dan cuenta de ‘El servicio de armas’, ‘Los días de los Santos Miguel y Froilán’, ‘Los malos tiempos’ o ‘La plaza de dependientes de consumos’, por citar algunos.


Uno más en el banco


Dentro de las dificultades propias del trabajo del historiador, la reconstrucción histórica de la vida de Genaro Blanco ha topado con obstáculos como la lenta burocracia, los archivos guardados en antiguas iglesias parroquiales que requieren de la dedicación del párroco para ser visitados o los diferentes ritmos de las administraciones a la hora de entregar la documentación solicitada. Además, en los momentos en los que la investigación queda varada, se hace fundamental la inspiración para, por ejemplo, "continuar investigando por los expedientes militares". Un trabajo que, como aclaran los autores, se hace más llevadero con los compañeros, "familia" del archivo, con los que han compartido muchas horas de trabajo.

Por otra parte, Julián Robles y Javier Fernández-Llamazares consideran que "gracias a las formas de trabajar, los procesos y las herramientas existentes actualmente, estamos en condiciones de revelar información que hasta ahora era muy difícil conocer". Estas nuevas posibilidades han favorecido la publicación del libro ‘De Gerano Blanco a «Bendito Canalla»’ y también servirán para otros proyectos.

Por el momento, "Genarín ya tiene un sitio en el banco del archivo", bromean Robles y Fernández-Llamazares, que prácticamente, abandonando el terreno de la Historia y entrando en la Literatura, han caminado con el pellejero por las calles de León casi a diario. "Nos acordamos de él cuando tomamos orujo", ríen. Pero también se deja sentir la emoción cuando recuerdan la firma "con mano temblorosa" de Ángel, uno de los hijos del pellejero, en un documento oficial. Julián Robles y Javier Fernández Llamazares han ‘escuchado a Genarín’y afirman que, entre otras muchas cosas, fue un proscrito "porque era necesario".

La voz de Genarín ya responde a la otra voz, "la voz del pueblo", el pueblo que le ha elevado a los altares.
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