"Este librito en realidad es la expresión de una pobreza"

José Manuel Martín Portales recibió este viernes el Premio Nacional de Poesía Antonio González de Lama en su 45ª edición por su obra ‘Intacta la alegría’, con la que ha pretendido mantener viva la llama de la alegría del niño a pesar de todas las contrariedades de la vida

Joaquín Revuelta
14/12/2019
 Actualizado a 14/12/2019
El poeta José Manuel Martín Portales estuvo arropado por el alcalde José Antonio Díez y por varios miembros del jurado y de la editorial Eolas. | SAÚL ARÉN
El poeta José Manuel Martín Portales estuvo arropado por el alcalde José Antonio Díez y por varios miembros del jurado y de la editorial Eolas. | SAÚL ARÉN
El poeta y escritor cordobés José Manuel Martín Portales recibió este viernes de manos del alcalde de León, José Antonio Díez, el XLV Premio Nacional de Poesía Antonio González de Lama por el poemario ‘Intacta la alegría’ que pasará a engrosar la colección ‘Eria’ de la editorial leonesa Eolas Ediciones, encargada de la publicación de los 500 ejemplares que forman parte del premio junto con los 6.000 euros con que está dotado económicamente. Además, el autor fue obsequiado con un dibujo de González de Lama realizado por el dibujante leonés José Manuel Redondo, Lolo.

Tras glosar la figura de Antonio González de Lama, que da nombre al veterano certamen poético retomado por el Ayuntamiento de León tras un largo paréntesis, Díez felicitó al ganador de esta cuadragésimo quinta edición por una obra que fue reconocida, entre las 143 presentadas, como la mejor por un jurado reunido el pasado 11 de octubre en el céntrico restaurante Bodega Regia. ‘Intacta la alegría’ podrá ser consultada en todas las bibliotecas públicas de la ciudad –adelantó el alcalde– y será distribuida a través del propio Consistorio.

José Antonio Díez hizo una pormenorizada relación de los libros publicados por el autor cordobés residente en la localidad de Atalaya (Badajoz), la mayoría de los cuales han sido premiados en diferentes certámenes literarios de ámbito nacional. Entre los muchos reconocimientos recibidos por Martín Portales destacan los premios Villa de la Roda, Porticus, Justas Literarias de Reinosa, Aula de Poesía Pedro Antonio de Alarcón, Premio de Poesía Gabriel Celaya o Justas Poéticas Castellanas, entre otros.

José Manuel Martín Portales dio las gracias al Ayuntamiento de León en nombre de los autores participantes «porque en España necesitamos premios limpios, necesitamos premios honestos donde no haya compraventa, donde no haya corrupción, que desgraciadamente está por todas partes, y donde las editoriales pequeñitas apuesten por el milagro y no por la cuenta corriente». En una alocución poco habitual en este tipo de actos, Martín Portales continuó su intervención asegurando que «esto es una lucha imposible, es una utopía y me satisface muchísimo participar de la utopía de León, de este pequeño premio que es muy grande desde el punto de vista personal y que es un premio que no está contaminado, y este hecho para mí es fundamental. Y quería decirlo, porque esto es experiencia poética», argumentó el poeta cordobés.

Martín Portales reconoció que la escritura le ha acompañado desde que era un adolescente y en todo este tiempo aún desconoce qué es un poema. «Es una de las vocaciones que surgen y que realmente, al menos en mi caso, uno no sabe nunca lo que es. Yo estoy intentando indagar qué es eso de la experiencia poética y en esa perplejidad me mantengo. Lo que sí tengo claro ya a mi edad es que hay escritores, hay poetas, que están vocacionados para alimentar y enriquecer el acervo literario de la tradición, que me parece maravilloso, pero en mi caso concretamente nunca he tenido esa sensación, nunca he tenido esa vocación. Creo que no se me dio para eso la vocación poética, sencillamente se me dio para custodiar la pequeña alegría de la infancia –a pesar de todas las contradicciones y todas las barbaridades de la vida: los dolores, la injusticia, las circunstancias– y transmitirla», destacó el ganador del premio González de Lama del 2019, para quien «esto no es exactamente literatura, es otra cosa, y me parece que este librito manifiesta esa pobreza. Cuando ustedes lo lean se darán cuenta de que este librito es la expresión de una pobreza.No tiene ninguna otra intención, sino –como digo– custodiar la pequeña alegría, la que no debe ser mancillada, la que no puede ser canjeada», concluyó.

Tras el acto propiamente dicho de la entrega del XLV Premio Nacional de Poesía Antonio González de Lama, el ganador, José Manuel Martín Portales, mantuvo un breve encuentro con los medios en el que justificó, pese a las críticas vertidas, el hecho de presentarse con reiterada frecuencia a los certámenes literarios. «Yo estoy jubilado por un problema de corazón y me tengo que presentar a los premios para poder sumar a la pensión y que mis hijos puedan seguir estudiando. La verdad es que la cultura en general tiene un gran porcentaje de manipulación, tiene un gran porcentaje de labor empresarial que no está muy clara. La compraventa es ya en muchos casos bochornosa y parece ser que la poesía ha entrado en esta dinámica con una naturalidad tremenda. Es algo que me duele profundamente y siempre que puedo lo digo», señaló Martín Portales, que denuncia que en los grandes premios, los que manejan dinero y editoriales importantes, «estén siempre las mismas personas de jurado, la línea editorial es la que marca y me parece injusto en general para los que escribimos poesía sin afán de notoriedad», destacó el poeta y escritor cordobés, para quien el poemario ganador es un intento de «mantener viva la pequeña llama de la alegría del niño a pesar de las circunstancias adversas de la vida, a pesar de todas las contrariedades, de los dolores y de las contradicciones que también nosotros mismos vamos generando. Hay un reducto realmente milagroso que normalmente vamos olvidando y para mí la poesía es una forma, entre otras cuestiones, de mantener esa pequeña llama de alegría del niño», reitera Martín Portales, consciente de que esa alegría –como de alguna manera plasma la portada del libro– «no es una felicidad fácil, no es la sonrisa o la carcajada, es una alegría interior, es una alegría muy dolorida, y esa es la alegría que permanece», destaca el autor, que señala que en el libro hay dos apartados que hablan de la muerte, de la proximidad de la muerte, «y ahí es precisamente donde nos jugamos la verdad, en ese tránsito es donde vamos a saber si pudimos mantener la alegría o si la perdimos por el camino», destaca Martín Portales, que en su caso reconoce que la alegría «se encuentra en un estado conflictivo porque para mí la experiencia poética tiene mucho que ver con la conciencia y ésta es un estadio diferente al de la racionalidad, que no permite que la conciencia se desarrolle. Estamos imbuidos en las necesidades de la supervivencia y no nos damos cuenta de que estamos obsesionados por asuntos muy transitorios, que no tienen tanta importancia. Yo tuve un problema de corazón, me fui de la empresa privada y esto ha significado para mí una liberación profunda. Ahora que vivo en un pequeño pueblo de Badajoz estoy en la gloria. Tengo muy pocos medios económicos, digamos bastante austeridad, pero por otra parte nunca he estado mejor, rodeado de campo y con gente con la que se puede hablar y con la que no hay estrategia ninguna», sostiene Martín Portales, quien hasta ahora solo tenía referencias de León a través de su hermano. «Ayer vi la Catedral y me pareció impresionante. Es un lugar al que me gustaría volver para ver con tranquilidad y sobre todo para conocer también la provincia».
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