El cáncer no es una batalla que se gana con buen humor

Por Sofía Morán

Sofía Morán
18/10/2020
 Actualizado a 18/10/2020
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«El que se quiere curar de cáncer se cura y el que no, se muere. La actitud es la aliada de la evidencia científica de tratamientos muy duros. Repito: el que quiere consigue lo que quiere. Es mi forma de pensar. El que no quiere, no lo consigue», este es el mensaje que publicaba en sus redes sociales el pasado domingo el médico y comunicador granadino Jesús Candel, más conocido como ‘Spiriman’, generando una de esas polémicas que no dejan indiferente a casi nadie.

Además, se da la circunstancia de que Candel desveló en el mes de agosto que sufre un cáncer con metástasis, asegurando entonces que «los milagros se hacen realidad cuando se pelea y se cree en ellos». Como ya se pueden imaginar, la bola de nieve del pasado fin de semana no dejó de crecer hasta que, finalmente, Twitter dejó su cuenta en suspenso.

Un mensaje claro, sin rodeos y sin paños calientes, Candel dijo exactamente lo que quería decir, sin disfrazarlo de esas palabras bonitas y motivadoras que tanto nos gusta oír, y eso, justo eso, es lo que en realidad provocó el escándalo. Llevamos ya muchos años tragando sin masticar toda esa filosofía del «si quieres puedes» y el «sonreirás sobre todas las cosas», donde si no disfrutas de la vida seguramente sea porque algo has hecho mal, y si no tienes todo lo que quieres es porque no lo has deseado lo suficiente.

Vivimos en una especie de dictadura de la felicidad, con sus eslóganes motivacionales trasmitidos continuamente en la publicidad, en las redes sociales y en los medios de comunicación, bien troceados y mezclados entre artículos de salud, bienestar y psicología. Dice Juan Carlos Siurana, escritor y profesor de ética en la Universidad de Valencia que, «el pensamiento positivo y la idea de 'autoayuda' parten de la peligrosa premisa de que tú eres el único responsable de tu condición y que, en cierta manera, todo lo que te ocurre o te deja de ocurrir, es únicamente tu culpa». También el cáncer, del que parece que no te curas si no estás lo suficientemente animado, si no sonríes, si no luchas. El mensaje es peligroso y es tóxico, pero sobre todo es falso.

Es evidente que una actitud positiva frente a cualquier adversidad de la vida siempre va a ser lo deseable, pero cuando hablamos de una enfermedad como el cáncer, hay que hablar del tipo de cáncer, del órgano al que afecta, de si se ha diseminado a otra parte del cuerpo, del momento del diagnóstico, la fisiología del paciente, el acceso al tratamiento y a posibles ensayos clínicos… esos y otros muchos factores son los que serán determinantes en el pronóstico de la enfermedad. Y decir lo contrario, sencillamente es mentir.

Pero en esta sociedad de ‘Mr. Wonderful’ en la que vivimos, nos empeñamos en presionar a los pacientes para que sean fuertes y estén contentos a pesar de todo, obligándoles muchas veces a mostrar un optimismo que realmente no sienten. Y es que el sufrimiento es un estigma del que no queremos saber nada. Preferimos el falso decorado, el maquillaje y eso de ver sólo el lado bueno de las cosas, también el del cáncer, con su lucha, su buen talante y su sonrisa.

Sin embargo, cualquier momento es bueno para poner los pies en el suelo, porque no hay que hacer una fiesta después del diagnóstico, no hay que ser aún más feliz porque has aprendido a valorar más la vida, no hay que ser un luchador incansable que no se queja y no se rinde, porque ni el buen humor te cura, ni estar feliz es un tratamiento.

Se trata más bien de aceptar la situación tal y como es, y vivir las emociones como vengan, las buenas y también las malas, sin reprimirse ni forzar nada, a veces como una especie de montaña rusa donde subes o bajas en función de cómo van las cosas. Esto es lo normal, y esto es lo adaptativo, nos digan lo que nos digan todos esos gurús de la felicidad que andan sueltos por ahí.

Y si seguimos creyendo que es sano eso de poner siempre al mal tiempo buena cara, corremos el riesgo de acabar engullidos por esta tiranía del optimismo que nos invade.

Sofía Morán de Paz (@SofiaMP80) es licenciada en Psicología y madre en apuros
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