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Castañas y reflexiones

11/07/2021
 Actualizado a 11/07/2021
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Amanece. En esta encrucijada de castaños con la mirada herida por el chancro y la avispilla, herida o muerta o viva con un vigor eterno como el del castaño de Hermide o el del Tío Guillermo en Villasinde con sus ochocientos años, al parecer, sujetando una cuesta bien pronunciada. Para la eternidad. Amanece hoy en este lugar distante de la fuente de la Moura o la de los Arroxiños con la arrecogida total del aire en brazos del claror emanante en los arroyos como si tal en esta encrucijada berciana. Tú y yo últimos y primeros, advirtiendo como hila la luz los pensamientos sanos con honor y orgullo. Los pensamientos. Prometo injertar a menudo, oportunamente, mis besos en tus labios con avellanas, frambuesas y nata más la jerarquía púrpura de los arándanos. No importa la dificultad si en ella anida la esperanza. Digamos las horas medidas desde ti y en ti en el soto creciente de la felicidad. Digamos que la explicación de las castañas según las variedades bercianas, todas ellas dulces (Rapada, Marela, Negral, Pared… imploran a Dios unas gotas de agua en el estiaje) no es la misma que los brazos enhiestos con que la ginesta implora a la Nuestra Señora unas gotas de lluvia en extremos veranos si no que se lo pregunten a Antonio Álvarez (Tono) y José Manuel Trabado, apasionados ambos por el mundo castañero y sus aledaños. Está claro, por ejemplo, que esta humilde explicación de las castañas no es ni similar siquiera a cualquier cercana explicación sobre los cerezos o las uvas y sus racimos.

Castañas aparte, ese fruto otoñal un tanto redondeado que mucho alegra mi mesa a cualquier hora me detengo en las palabras tristes y me quedo con ‘pandemia’ y ‘paliza envuelta en ‘saña’, ese «sentimiento, más allá del rencor, del odio, de la inquina», como manifiesta Margo Glantz en su obra ‘Saña’. Comprendo las palabras tristes. Las comprendo y me duelen sus fonemas, grafemas y significados sin poder tantas veces tantas frenar el anunciado dolor que viaja en mis venas. Así ‘pandemia’ y ‘paliza’ desembocadora en una muerte muy joven con ‘saña’.

Mi pensamiento ahora aterriza en ‘pandemia’, en concreto en la pandemia del Covid-19, originaria de la población china de Wuhan, con una preocupación algo menor que días o años anteriores, debido al amplio número de personas vacunadas actualmente , entre las que me hallo, en mi caso siendo receptora de las dos dosis de la PFI ZER pero tan sólo algo, pues el gran aumento de la incidencia acumulada en autonomías tales como Cataluña, Cantabria, Navarra, donde por segundo año consecutivo no se dio el celebérrimo chupinazo de San Fermín a las doce horas de la mañana de todos los seis de julio desde el balcón consistorial pamplonés (al pensamiento se me acercan felices Hemingway, Arthur miller, Ava Gardner…) limitándose a la presencia de unos pocos y apenas voceros pañuelos rojos atados al cuello, Castilla y León (aquí, en el caso capitalino leonés, nos ha arrebatado las fiestas de San Juan y San Pedro aparte de la Semana Santa y en el de Fabero del Bierzo el Corpus y casi seguro las fiestas agosteñas ), Baleares, Andalucía. Muy preocupante tal subida sobre todo porque esta quinta ola afecta a la población joven comprendida entre 20 y 30 años hasta ahora la menos afectada. Tal vez por el frecuente abandono de la mascarilla o el no respeto de la distancia exigida. ¿Habrá que tomar medidas más restrictivas o vigilar, controlar más las existentes ? No resulta fácil saber dilucidar lo más conveniente, pero el miedo, aunque en menor grado sigue metido en el cuerpo de muchos españoles.

Y tras el relato de todo cuanto antecede recalo en un hecho tremendamente mezquino, penoso, miserable, cruel, luctuoso y criminal para el que como ciudadana de a pie pido desde estas humildes líneas que se haga justicia. Me refiero al asesinato del joven pacífico auxiliar de enfermería que «enseñaba la biblia y tocaba la flauta», de 24 años, que iba para protésico dental, Samuel Luiz Muñiz. Samuel ya no volverá a caminar por el paseo coruñés de Riazor, aunque éste continúe moviéndose en sus dos orillas. Una manada superior a doce desalmados, mejor, una jauría humana, sin conocerlo, lo linchó a golpes y con saña el día tres. Una vida que se ha ido por el capricho de unas bestias o alimañas que no aceptan la presencia conviviente y pacífica del otro y en su defensa alegan que se hallaban borrachos, circunstancia que lejos de exculparlos agrava más su conducta. Entre todos los recuerdos tardaré en perder el de Samuel. Acaso nunca lo pierda, Samuel. Has sido dulce en el corazón de los demás y sólo quienes desprecian la bondad ante tu vil asesinato la tristeza y el llanto no se instala en su rostro.
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