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Zumba y dale

Zumba y dale

OPINIóN IR

28/07/2021 A A
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Zumba y dale
Zumba y dale con eso de que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Mentira. Sabía yo bien lo que era la juventud antes de dejarla por el camino y también lo que me quería el mi Francisco antes de que se fuera. También sabía yo lo mucho que valía una parlada con el panadero antes de que nos confinaran. Le dejaba yo la bolsina de tela colgada a la puerta, una que bordé de joven que tiene una pata de gallo que le quité a un vestido todo viejo y unas asas que apañé al cortar el bajo de unos pantalones de uno de mis hermanos. Ahora nos come el vicio y como en las tiendas nos dan los duros a pesetas con unos trapos que se desfarrapan al primer lavado no hay manera de aprovechar nada ni para retales con los que dar de mazarrón el suelo de la portalada.

La cosa es que el panadero se volvió algo mudo aquellos primeros días. Andaba alicorto y me decía que anduviera con cuidado. «Ludi, ojo, que anda por ahí el bicho». Yo me santiguaba y me despedía a la espera de volver a verlo. Antes de que pitara ya estaba yo cada segundo día a la ventana, atenta para cuando llegara. El pobre hombre fue soltándose y sus noticias eran de las pocas sensatas que me llegaban aquellas semanas porque en la tele me volvían loca. Un día le cogió el virus a Fulanito, otro mató a Menganito, otro me contó de un entierro, Dios nos libre, sin ni siquiera la familia en el responso.

Ahora ya echamos a gusto la hebra, aunque le ponemos distancia y con mascarilla. Lo explico todo no vaya a ser que lo lean en el cuartelillo y nos den un día para el pelo. Hemos vuelto a ponernos al día y ya hablamos de los ministros y de los que quieren serlo, que me dice que hay muchos en la provincia que parece que estudiaron para ello. Yo le digo que hay mucho botarate con ganas de mangonearlo todo y él con sorna me recomienda para el Gobierno. Desencaminado no anda porque aquí vale cualquiera y tengo una buena mesa en el corral para sentarnos a debatir el futuro de León sin tantos esparabanes de ponerse a medir quién es el más leonesista de todos. La cuestión es que bien sabemos todos lo que ha perdido León, y algunas cosas sin ni siquiera haberlas tenido. Entre otras, políticos con ganas de trabajar.
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