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Zana: "O dimitía o traicionaba a los mineros, a mí mismo y a mi madre"

Zana: "O dimitía o traicionaba a los mineros, a mí mismo y a mi madre"

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Fulgencio Fernández | 12/07/2020 A A
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Zana: "O dimitía o traicionaba a los mineros, a mí mismo y a mi madre"
Entrevistas de verano Zana, que es como todos llaman a Juan Carlos Lorenzana, sólo fue un año alcalde de Pola pero no pasó de puntillas por la Alcaldía; al margen de frases como "el alcalde no va a misa... y Zana tampoco", que levantaron ampollas, no dudó en irse cuando entendió que los suyos en política –Izquierda Unida– traicionaban a los suyos en la vida
Juan Carlos Lorenzana es para todos sus vecinos Zana. YZana es minero y fue alcalde, que dimitió por coherencia personal y por no escuchar la inquietante pregunta de su madre de si sabe quiénes son los suyos. Lo sabe. Son los mineros, los obreros, los paisanos, los vecinos...

– Se te acusa de ser radical, o blanco o negro, y no les falta razón pues empezaste tu vida laboral metido en la harina blanca de panadero y acabaste en el carbón negro de minero
–Sí, soy radical, pero en el concepto de que creo que hay que ir a la raíz del problema para solucionarlo y, aquí, en el país del “vuelva usted mañana” o del “eso ahora no toca”, a quien quiere solucionar los problemas estructurales, se le tilda, peyorativamente, de radical. Por cierto, te felicito por tu labor investigadora al encontrar mis raíces laborales en la tahona.

- Sa un famoso torero la anécdota de que le pidió al gobernador que le explicara cómo se dedica uno a esas cosas y éste le dijo que «degenerando, degenerando se llega a Gobernador», tu llegaste a alcalde, pero marchaste corriendo, ¿para no caer en el degenerando, degenerando?
–Cómo para no marchar, si me descuido me hacen el encubridor del año de la última puñalada a los mineros. A ver con qué cara me presentaba delante de mi madre y le decía que ya no apoyaba a los mineros, pues buena es María Albina para eso.

–Circula la leyenda urbana de que dejaste la alcaldía para no tener que ir a misa?
–Oye, y que en pleno siglo XXI todavía hay que explicar lo de la separación Estado-Iglesia. Respeto, y defiendo el derecho a ello, a quien participe de esas creencias, pero yo creo que las Administraciones deben ser laicas, aconfesionales, y que deben garantizar la libertad de credo o de no credo. Dolió mucho aquella frase que dije siendo alcalde: el alcalde no va a misa, y Zana tampoco.

–¿Volverías a ser alcalde?
–Fue una experiencia muy bonita, mucho. Conocí mejor a las personas del ayuntamiento, más de cerca. Estuve un año y, con todo lo que pasó y pasé (otro día hablamos de esto) fui muy feliz. Es un orgullo haber sido alcalde, (seguir siéndolo, porque creo que esa dignidad nunca se pierde) intentar hacer cosas por tus vecinos y vecinas, por mejorar los pueblos, así que, aunque no entra en mis planes, no me importaría valorar la posibilidad de encabezar otra candidatura, pero lo cierto es que hay muy pocas posibilidades de que tome esa decisión..

–Si fuiste tan feliz, ¿no te habrás arrepentido de haber dimitido?
–No. No, porque no tenía otra opción. O dimitía o traicionaba a los mineros, y a mí mismo. Di mi palabra a los mineros de que les defendería y yo sólo tengo una palabra, así que… Otra cosa es si me preguntases si me dolió dimitir, ahí tendría que decirte que sí, y mucho. El día del Pleno de mi renuncia se me escaparon las lágrimas en mi despacho cuando entré por última vez a recoger mis cosas, hacia 15 años, desde la muerte de mi padre, que no lloraba.

–Te fuiste por coherencia, parece evidente que no te había dado tiempo a asimilar los códigos políticos.
–Es lo más doloroso de aquella circunstancia, ver cómo la dirección Federal de I.U, cambió el discurso de apoyo al carbón nacional por garantizarse, para ellos, asientos en el Congreso y el Senado. Alguien dijo que hay personas que adecuan sus pensamientos a sus intereses, y, lamentablemente, eso es lo que hicieron en la Federal de I.U.

–Es curioso cómo los disgustos del fin de la mina los ‘compensas’, si ello fuera posible, con el éxito evidente en la literatura con tus relatos mineros.
–Ese dolor de ver las comarcas muertas, sin posibilidad real de alternativas laborales para nuestros jóvenes, es terrible. Sobre el éxito de los Relatos Mineros, es cierto que me hace muy feliz, que me llegan comentarios de lugares donde uno no piensa que la minería tenga “tirón”. Y que, aquí, en las cuencas, muchísimas personas, hombres y mujeres, se sientan identificadas con las situaciones y personajes relatados es muy grato para mí.

–¿Qué tienen esos relatos para enganchar a los lectores?
–Creo que es porque muestran el sentimiento desde dentro, un sentimiento, el del minero, que pocas veces se había mostrado. Éramos conocidos por los accidentes, por lo duro del trabajo, por nuestra combatividad, y pensé que faltaba enseñar lo que sentíamos, los sentimientos del día a día. Explicar cómo fue que vivimos, cómo llegamos al convencimiento de que juntos, y sólo juntos, podíamos soportar todo aquello.

–¿Quién mató a la mina?
–Sin ninguna duda el PP y el PSOE. Desde la dirección Nacional de estos partidos hasta el último cargo público, desde el Secretario General hasta el último de sus votantes.

–¿La ideología también se mama?
- Se mama sí, pero también se construye leyendo, escuchando a los mayores, analizando.

–¿Es cierto que te enteraste de cómo murió tu abuelo en la calle?
- Sí, fue curioso. Yo tenía 15 años entonces, me lo dijo un señor muy mayor que había sido falangista o de los nacionales, y que vivía en Santa Lucía de Gordón cuando sucedió. Mi abuelo murió en la calle, en medio de la nieve, reventado de un culatazo en el pecho. Lo mató un guardia civil, el infausto Monedero, en enero de 1939 cuando estaba preso en Santa Lucía después de que se hubiese perdido el frente de Asturias (los tenían a él y a otros pocos trabajando en la mina antes de llevarlos a San Marcos). Siempre creí que había muerto de una pulmonía, era la ‘versión’ semioficial, mi abuelo estaba silicoso perdido, pero la realidad es que le asesinó, y esa es la palabra porque mi abuelo estaba indefenso, un guardia civil.

De todo ello, de su historia, de sus lecturas, de su experiencia y de lo mamado se nutre este prejubilado de la mina que ‘está felizmente condenado’ a ser el alcalde que dimitió por no traicionar a los mineros que le habían puesto en el despacho de la Alcaldía, por mucho que le gustara, aunque le costara lágrimas dejarlo...
Pero había que salir.
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