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"Yolanda Díaz es la oportunidad de recomponer una izquierda seria"

"Yolanda Díaz es la oportunidad de recomponer una izquierda seria"

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Fulgencio Fernández | 14/06/2022 A A
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"Yolanda Díaz es la oportunidad de recomponer una izquierda seria"
Publicaciones Gaspar Llamazares, un clásico de la izquierda española, ex coordinador general de IU, regresa a León con otro libro bajo el brazo en el que analiza la presencia y el papel de los populismos en la política española. Este martes lo presenta en la Fundación Sierra Pambley
Gaspar Llamazares, asturiano con fuertes vínculos familiares en León, un histórico de la izquierda española ahora alejado de los focos se mantiene en la brecha escribiendo, no hace mucho presentó ‘Pandemonium’ y ahora regresa al mismo lugar, la Fundación Sierra Pambley (a las 20:00 horas) para presentar ‘Del sueño democrático a la pesadilla populista’, en tertulia abierta con dos periodistas leoneses.

– ¿ Un nuevo libro después del reciente, colectivo, sobre la pandemia ¿Le ha cogido gustillo a la escritura, siempre le gustó, es una forma de mantenerse en contacto con la política ahora que está un poco más alejado?
– Es, sobre todo, una forma de mantenerme al día de lo que ocurre en el frenesí de la política. Ponerlo por escrito me permite hacerlo consciente y además un análisis más profundo y sosegado. Quizás es la herencia de la combinación de la reflexión del responsable político y de la acción del parlamentario.

– Completa así una trilogía sobre la "década del populismo".
– Me he permitido en la trilogía que va de ‘la izquierda herida’ al ‘Pandemónium’ colectivo y ahora a ‘Del sueño democrático a la pesadilla populista’, elaborar una crónica y al mismo tiempo profundizar en las claves de los precedentes que fueron el caldo de cultivo, en las consecuencias de la polarización y el antagonismo en el caso dramático de la pandemia y ahora de las consecuencias de lo que podríamos denominar la cronificación y degeneración del populismo en España. Un desequilibrio que deseo transitorio, que al tiempo que ha puesto en evidencia la crisis de la política, corre el riesgo de cronificarse afectando a sus órganos y funciones más vitales. 

El populismo recala en Vox a partir de la reacción ante el populismo independentista del Procés; su primera estación en Cataluña fue el populismo liberal de Ciudadanos– ¿Qué papel jugó el independentismo?
– Si en un primer momento la representación más genuina de lo que Aristóteles denominaba la «corrupción de la democracia» de la demagogia y del delirio del populismo fue el independentismo, hoy lo representa su contraparte del nacionalismo español de la ultraderecha de Vox.

– Ya en la dedicatoria del libro escribe “a todos los que comparten el sueño de la democracia” ¿Corre peligro, hay síntomas de enfermedad?
– No cabe duda que las democracias corren peligro a manos de los totalitarismos exteriores y del populismo interior, cada vez más ubicado en la ultraderecha. No hay más que ver el pugilato de la pandemia y ahora de la guerra. En el libro intento analizar la degeneración de sus órganos y funciones más vitales: del partido desde el ideal del intelectual colectivo a una mera guardia pretoriana del líder, el asalto al parlamento como campo de maniobras y de batalla que impide el diálogo entre diferentes que es esencial para la democracia, las dificultades para gobernar el fraccionamiento y la complejidad con gobiernos compartimentalizados y la contaminación populista del conjunto de las instituciones del Estado, como por ejemplo el Tribunal Constitucional donde ya no opera la dialéctica del consenso, sino la imposición de la mayoría sobre la minoría y la oposición política al gobierno. Algo que también se da desde las redes a los medios y en la opinión pública.

– Dedica el libro a los populismos. Habla en el prefacio de la crisis, el asalto a los cielos, el malestar social, desencanto con la política ¿Caldo de cultivo ideal para los populismos?
– El caldo de cultivo ha sido de una parte el malestar social de los trabajadores y las clases medias con una perdida de poder adquisitivo de décadas que culmina como consecuencia de las políticas de recortes y privatizaciones con motivo de la crisis financiera. Una ruptura de hecho del pacto social de Postguerra y en nuestro caso del pacto de la Transición Democrática. En este sentido, los indignados del 15 injustamente se lo atribuyeron al llamado régimen del 78 y por extensión a la democracia, que es siempre imperfecta. Si no hay deseo de mejora y de cambio no hay vida.
A lo social se suma la impotencia de la política frente a la economía de la globalización y la connivencia de una parte de los políticos con la economía especulativa y con la corrupción. Todo ello venía larvándose desde hace décadas con la desigualdad social, la polarización política y la corrupción.

– Y toma carta de naturaleza la antipolítica.
– Lo apuntado es el caldo de cultivo de la antipolítica, que en España fue muy cultivada por la dictadura, con aquello de que ‘no se meta usted en política’. Un tercer factor relevante es la fractura entre la sociedad analógica y la entrada abrupta en la sociedad digital en la que todo es uno o su contrario, no hay matices. No es de extrañar que triunfen las organizaciones que dan soluciones simples a los problemas complejos.

–Vayamos a los populismos de Podemos y Vox. Es duro con Podemos, con el entreguismo a la coalición de IU a la que afirma que “infantiliza” ¿Cómo ha sido el viaje de las asambleas del 15M a la actualidad?
– Me he ido distanciando y moderando mi análisis con el paso del tiempo. Del primer libro al tercero lo subjetivo ha dejado paso a lo objetivo. No necesito extenderme en la absorción del legado de IU cuando hoy son ellos los que se ven abocados a ponerlo en valor ante el declive electoral de la fórmula de Podemos. Por eso no dejo de reconocer la aportación que supuso la politización del movimiento de los indignados, también de lo que ha significado en cuanto a la incorporación de toda una generación joven a la política y de su frescura y luego de lo que han aportado en el anquilosado debate parlamentario o la incorporación de una nueva agenda política con temas nuevos e incluso controvertidos. También su valentía para responder a la estrategia brutal de desestabilización y de descalificación y acoso personal cuando han tocado poder en el gobierno.

– ¿Cómo ha influido la irrupción de Podemos en la izquierda?
– Su estrategia populista para acceder al poder nos ha dejado profundas heridas en la izquierda y en la democracia, y está en el trasfondo de su declive, así como en la utilización de las mismas como caldo de cultivo por parte de la ultraderecha. La simplificación de los problemas complejos, su atribución al régimen de la Transición y a la casta política, la transformación del adversario en enemigo, el desprecio de las instituciones mediadoras, en particular de los partidos, los sindicatos, los medios de comunicación y más en concreto de la centralidad del parlamento.

Yolanda Díaz supone otro tipo de liderazgo y la oportunidad de recomposición de una Izquierda seria y amable que pretende sumar y acordar para mejorar la vida de la gente– La otra pata del populismo, Vox, ¿dónde se alimenta?
– En resumen la antipolítica ha hecho mucho daño, y ahora estas premisas son utilizadas por la anti democracia de la ultraderecha. El populismo recala en Vox a partir de la reacción españolista ante el populismo independentista del Procés. Como primera estación en Cataluña fue el populismo liberal de Ciudadanos. Luego, se ha alimentado de la corrupción del PP y de la fobia al gobierno socialcomunista y últimamente del negacionismo y el oportunismo frente a la gestión de la pandemia. 

– ¿Cómo valora la figura de Yolanda Díaz?
– Lo mejor de las aportaciones de Unidas Podemos se ha producido con la entrada en el Gobierno a partir del abandono de la estrategia populista para volver a lo que llamaban el reformismo fuerte y el pactismo de la izquierda tradicional con la izquierda mayoritaria y con los agentes sociales para la gestión de gobierno en temas sociales y el avance en los derechos civiles fundamentales. Así ha ocurrido con la revalorización del salario mínimo, el ingreso mínimo vital, la reforma de pensiones, la reforma laboral, las leyes de igualdad de género y las leyes ambientales y contra el cambio climático.

– Yolanda Díaz.
– Creo que si la salida de Pablo Iglesias ha sido el principio del fin de un Podemos muy vinculado a un proyecto personal, a un relato populista y a un liderazgo carismático, el parto con fórceps de la reforma laboral ha significado el parte aguas de la legislatura y de la izquierda que muestra en Yolanda Díaz la posibilidad de otro tipo de liderazgo y la oportunidad de recomposición de una Izquierda seria y al tiempo amable que pretende sumar y acordar para mejorar la vida de la gente.

– ¿Cómo ve el futuro, hay salida, por dónde va?

– La hay, y en la mayor parte de los casos no basta con mirar atrás a lo que pudo haber sido y no fue.
Cuando estalló la indignación los partidos ya teníamos una militancia escasa y polarizada, el parlamento bipartidista ya no era el centro de la vida política y las instituciones obedecían a la lógica del reparto. Con el populismo su situación se puso de manifiesto y se ha deteriorado aún más. Estoy convencido de que la democracia representativa no tiene alternativa ni en la vuelta al ágora del mundo clásico ni en las redes sociales de la era digital. Son solo espejismos que luego se transforman en pesadillas. La tarea es a un tiempo recomponer el pacto social, regenerar la vida política y con ello reanimar y revitalizar las instituciones democráticas como los partidos o el parlamento.
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