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Yo soy de los Reyes Magos

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10/01/2019 A A
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Yo soy de los Reyes Magos
Así rezaba una chapa que recibió mi hija de manos de uno de los ayudantes del príncipe Aliatar, personaje totalmente desconocido para mí en la infancia y que irrumpió en mi vida hace ya algunos años al otro lado del Negrón. Y es que en tierras de Don Pelayo se ha puesto cara y nombre a lo que en tierras leonesas denominamos simplemente cartero real. Siempre ha habido clases y clases.

Esa afirmación grabada sobre metal ratifica una vez más que vivimos en una época de extremos. Eres de los Reyes Magos o de Papá Noel. Eres feminista o machista. Eres progresista o conservador. Eres defensor de lo público o de lo privado. En definitiva, o eres de los míos o de los otros. Lógicamente, este antagonismo es más o menos preocupante según el trasfondo de la cuestión y en el caso que nos ocupa no deja de ser anecdótico, aunque eso sí, se pueden observar ciertos tufillos y conductas que dejan entrever ideas y pensamientos que también están presentes en otras líneas de actuación con más importancia en nuestra sociedad.

Antes de nada y como suele ocurrir con el origen de personajes famosos o en determinar dónde o quién hizo algo por primera vez, hay que decir que en el asunto de la cabalgata de los Reyes Magos también hay disputas y diferentes versiones sobre la ciudad que organizó por primera vez la visita de esta expedición real. Si bien la cabalgata de la localidad alicantina de Alcoy es considerada por muchos la más antigua de nuestro país, otras fuentes apuntan que las ciudades de Madrid y Barcelona pudieron acoger una celebración similar varias décadas antes. Si hay discrepancia por ejemplo en dónde está el Santo Grial, cuál fue la cuna del parlamentarismo, dónde nació Cristóbal Colón y si Epi y Blas eran amigos o pareja de hecho, sería ilógico que sólo hubiera una misma y única versión oficial y oficiosa sobre el origen de los tres viajeros que mirando al cielo llegaron a Belén.

Lo que sí está claro es que durante los últimos años el trato dado al trío de los camellos da para una tesis, eso sí, con corta y pega que es muy castizo. Grandes pensadores e ilustrados de nuestra época han querido y conseguido en ocasiones, travestir la esencia de la cabalgata de los Reyes Magos e incluso a sus protagonistas. Su objetivo no es otro que ejercer un exorcismo a la inversa, es decir, han buscado expulsar de esta celebración cualquier reminiscencia religiosa, como si éstas fueran perjudiciales para nuestra salud. Nuestra querida y maltratada Constitución deja bien claro que vivimos en un estado aconfesional, pero creo que esto no da patente de corso para intentar adaptar ciertas tradiciones a los intereses e ideales de algunos, porque esto no provoca más que situaciones rocambolescas y esperpénticas. ¿Quién puede olvidar los ‘carmenianos’ Baltasar, Gaspar y Melchor que en 2016 llegaron a la capital de España no vestidos de Reyes Magos sino disfrazados de algo que sólo sabía la alcaldesa? ¿O la irrupción de las reinas magas en nuestras vidas? Y así podríamos enumerar un sinfín de operaciones de estética acometidas por los cirujanos de lo políticamente correcto y cuyo resultado final no desmerece en nada a los desaguisados que vemos en algunos de los rostros de los ‘celebrities’.

Se pueden buscar todo tipo de excusas y argumentos por los que algunos están empeñados en cambiar ciertas cosas hasta llegar al absurdo. Y menos mal que a algún visionario de la época le dio por introducir a un rey de raza negra, porque sino estaríamos ante una cabalgata racista y éste sería el primer cambio que hubieran acometido. ¿O si no por qué piensan que en la felicitación de este año del Ayuntamiento de Madrid han puesto en primer lugar de la comitiva ciclista al rey Baltasar? Todo el mundo sabe que Baltasar era un enamorado de la bicicleta y que comparte médico con Lance Armstrong, por lo que no puede ir en otra posición que no sea la primera. ¿Pero y por qué no introducir a un rey mago chino, otro sudamericano o indio? Así quedaría todo mucho más multicultural. Ahí les dejo la idea a las mentes iluminadas, que cada año vayan rotando las razas y etnias de los reyes magos para así fomentar la diversidad. Si a esto unimos también la rotación por sexo, estaríamos ante un canto a la igualdad sublime. Ah, y que no se nos olvide prohibir el término roscón de reyes por roscón de reinas y reyes o de sus majestades, para que sea lo más neutro posible. Doy por hecho que también se tendría en cuenta paridad entre camellos y camellas, caballos y yeguas y vehículos de gasolina y eléctricos. Que todo es importante y vital para el futuro de nuestra humanidad y más cuando hablamos de la cabalgata de los Reyes Magos.

Y a todo esto hay que sumar a los opinólogos que criminalizan a los padres que engañamos a nuestros hijos por mentirles sobre la existencia de estos personajes mágicos y los casos de posesión que sufren algunas personas cuando suben a un balcón, como el protagonizado este año por el Baltasar de Andoain y sobre el que siempre nos quedará la duda de realmente lo que quiso decir cuando proclamó que ‘los Reyes Magos son los padres’. Pero bueno, sean o no los padres, de lo que a día de hoy todavía tengo dudas, no me importa reconocer, por si no se habían dado cuenta, que yo también soy de los Reyes Magos.
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