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¿Y si hubiese sido niña?

¿Y si hubiese sido niña?

OPINIóN IR

04/03/2017 A A
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¿Y si hubiese sido niña?
Con esta cuaresma ya suman tres desde que el Sr. Rubio me dio la oportunidad de opinar y contarles algo sobre mí, y siendo fiel a una tradición corta en tiempo, pero bien cimentada en el corazón, comenzaremos como no podía ser de otra manera, hablando de Semana Santa.

Hace dos años, cuando escribí Privilegios Cofrades (la columna de la que me siento más orgulloso), dudé hasta el último momento, porque chocaba con un mundo complicado y con unas ideas de otros tiempos. Hoy me ha ocurrido algo parecido a la hora de escribir sobre este tema, innegociable para un sector que cada día se vuelve más cerril. Tras comentarlo con amigos, compañeros y por supuesto, con la madre en apuros, no he podido dejar pasar la oportunidad de plasmar la voz y el sentimiento de muchos que no tienen la suerte de escribir aquí cada semana.

Dicho lo cual, les contaré que yo siempre he defendido que mi Cofradía fuera sólo de hombres. Me parecía bien e incluso lo llegué a discutir enérgicamente en algún debate. Nunca entendí que la Cofradía hermana abriera sus puertas a la figura de la mujer, y tenía el convencimiento de que las que cedieron a la igualdad, únicamente lo hacían para coger gente y salvar sus arcas. Curioso, ¿verdad? Tenía claro que la democracia era necesaria, pero las mujeres, al menos en mi cofradía, debían salir de manolas, sin el emblema y pagando una cuota. ¡Qué contradicción!

A finales de enero de 2015 lo supimos. ¡Esperábamos un bebé! Las semanas de gestación iban pasando y ya acariciábamos la semana mayor. Hicimos lo que otros muchos padres en la misma situación, imaginar cómo será, a quién se parecerá y cómo no, barajar nombres. Si era chico, poco había que discutir, ya que el nombre del Buen Ladrón estaba escogido desde hacía tiempo.

Recordando a muchos padres que veo habitualmente llevar a sus hijas al cole, imaginaba egoístamente que fuera niña y en la alegría que me produciría según son ellas de zalameras con sus papás. Y en estos pensamientos andaba cuando me di cuenta: no podría ir con su padre el viernes en procesión. Podrá estudiar y hacer lo que quiera, será educada en igualdad y sin embargo no podrá acompañar a su padre en el día más importante del año. ¿Con qué argumento le explicaré que en otras ciudades este problema no existe? Le diré que es gracias a grandes figuras como Fray Carlos Amigo, entre otras.

Al final fue Dimas quien llegó y puso patas arriba nuestra vida, pero ese sentimiento, lejos de perderse en el olvido, cada vez está más presente, por lo que me avergüenzo de haber estado tantos años dentro de la Caverna.
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