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Y se hizo la luz (eléctrica)...

Y se hizo la luz (eléctrica)...

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Toño Morala | 06/05/2019 A A
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Y se hizo la luz (eléctrica)...
Reportajes La luz, sin lugar a dudas uno de los inventos que propició una revolución y numerosos cambios en la vida diaria de los hogares. Pasaron muchos siglos desde que los humanos se movían con antorchas y llegaron las bombillas, la luz, los enchufes; sin duda empezaba una nueva vida
Se para uno a pensar en la cantidad de siglos que pasaron entre la antorcha y la bombilla eléctrica, y se sume en un marasmo de tiempo que es casi imposible de determinar; pero y, sobre todo, lo inmensamente difícil que fue primero inventar la electricidad y después la bombilla. Durante miles de años, el ser humano se alumbró con fuego, antorchas, y además no dejaban que se apagaran, pues era difícil conseguir el fuego. Teorías hay para parar un tren, desde el famoso rayo sobre un árbol, hasta que a alguien se le ocurrió el frotar dos palos y poner unos yerbajos… las chispas entre dos piedras… y se hizo el fuego. Cómo cambió la vida con este elemento; le llamaban el cuarto. Además, parece ser, que a través del fuego, la evolución fue más rápida al tenerlo para cocinar los alimentos, y de esa manera se digerían mejor, y con el transcurso del tiempo, vinieron nuevas formas de aumentar la inteligencia natural, y comenzó un periodo donde se aumentaba la vida, y cómo no, el sedentarismo hizo el resto. Luego ya se comenzó con otro tipo de combustibles como los aceites de animales, las primeras velas, el gas para el alumbrado, y la electricidad. En estas cuatro líneas parece que la cosa ha sido fácil, pero tela con el fuego que espantaba a las fieras, daba calor, alumbrado, y también ha servido a lo largo de los tiempos como elemento de múltiples cultos y religiones; dicen que se mantenía el fuego como si fuera un dios, y las distintas tribus tenían sus propias formas de adorar a las llamas; pero esto nos llevaría mucho tiempo, y aquí, hoy, vamos a escribir sobre la luz eléctrica, que como todo se da por inventado, y parece que ha sido fácil… pues no, error de bulto. Edison, no acabó loco de milagro, y le llevó mucho tiempo y diversos experimentos antes de llegar la primera chispa eléctrica, luego llegaría la bombilla, pero luego hablamos sobre ella. ¿Se imaginan una gran urbe en los tiempos en los que la noche llegaba y no había una mísera luz por las calles? Acaso en alguna esquina una antorcha, pero poco más. Las sombras lo ocuparían todo, y excepto en las noches de luna llena, cualquier movimiento debía resultar de lo más sospechoso… no quiero ni imaginarme el estar en una gran ciudad y que se vaya la luz durante toda una noche y encima que esté nublado… miedo y pavor, y es que encima los móviles valdrían durante un tiempo, pero, ¿y luego? Y no comentamos el caos circulatorio al no funcionar los semáforos; mejor no pensarlo… ahora existen también luces de emergencia, y en las casas, pues como toda la vida, unas velinas y a esperar a que llegue la luz.

Las luces en las ciudades han recorrido un largo camino desde que se utilizaron por primera vez en el siglo XV, cuando la gente utilizaba cera de abeja, aceite de pescado y otras sustancias para alimentar la luz de sus lámparas. En ese momento no había luz de gas, pero el entonces alcalde de Londres, Sir Henry Barton, dictaminó que todos los ciudadanos debían colgar lámparas en sus casas durante las noches de invierno. Esta costumbre fue rápidamente imitada por otras grandes ciudades, como París, en 1524. Durante más de 200 años, las grandes ciudades y pequeñas comunidades rurales obligaron a sus ciudadanos a colgar lámparas de aceite durante las noches con multas para aquellos que desobedecieran esta orden. Pero llegó en 1792, William Murdoch, un ingeniero e inventor británico, utilizó el gas y cambió toda la forma de vida en el mundo civilizado. Después de encender su casa de campo, Murdoch comenzó a experimentar con diferentes tipos de gas natural y determinó que el gas producido a partir del carbón era el mejor combustible. Hizo una presentación pública de las luces de gas que dejó al público asombrado. Y hoy, valga la redundancia, la luz, nuestra luz, mucha proviene del gas natural, qué coincidencia. Durante el siglo XX, con el descubrimiento de la luz eléctrica, comenzó el declive de las luces de gas por razones obvias. La mayoría de las ciudades vieron que se podían iluminar las calles de una forma mucho más barata con luz eléctrica y rápidamente todo cambió.

Probablemente, el primer motor eléctrico fue un motor electrostático simple, construido por el benedictino escocés Andrew Gordon en 1740. Werner von Siemens patentó en 1866 la dinamo. Con ello no solo contribuyó al inicio de los motores eléctricos, sino también introdujo el concepto de Ingeniería Eléctrica, creando planes de formación profesional para los técnicos de su empresa. La construcción de las primeras máquinas eléctricas fue lograda en parte, sobre la base de experiencia práctica. A mediados de la década de 1880, gracias al avance en el electromagnetismo, con contribuciones como las desarrolladas por Nikola Tesla, Michael Faraday o al éxito de Werner von Siemens, la ingeniería eléctrica se introdujo como disciplina en las universidades. En 1886, el ingeniero español Isaac Peral, desarrollaría el primer sumergible (el Submarino Peral), empleando motores eléctricos; casi nada. La fascinación por la electricidad aumentó con la invención de la dinamo. Karl Marx predijo que la electricidad causaría una revolución de mayores alcances que la que se vivía en la época con las máquinas de vapor. Antonio Pacinotti inventó el inducido en forma de anillo en una máquina que transformaba movimiento mecánico en corriente eléctrica continua con una pulsación, y dijo que su máquina podría funcionar de forma inversa. Esta es la idea del motor eléctrico de corriente continua.

León fue pionera en centrales hidráulicas como la de Ambasaguas y el salto de Vegacervera  En 1881, Comillas -Cantabria- fue la primera en empezar a usar electricidad en sus calles, menudo adelanto, luego ya le siguieron muchas más. Y no muy lejos de allí, en Sotres, -Asturias- no llegó la luz eléctrica hasta el año 1981, hace un par de días, como quien dice. Ramón García Fontenla, en su obra “La luz itinerante”, describe de forma magistral, la manera de fabricar electricidad, y no deja a nuestra querida provincia de lado, ni mucho menos; cuenta que en León capital, el cambio se hizo en 1889, cuando la Sociedad Electricista de León pone en marcha desde la botica de Joaquín Rodríguez del Valle la primera central de generación en un edificio que actualmente ocupa el Teatro Emperador. Será la segunda ciudad española que abandone los “derivados del petróleo” para generar energía eléctrica. Un par de años después, llegó el alumbrado público a Ponferrada de la mano de Gómez y Compañía, una sociedad propiedad del comerciante Rufino Gómez. Estos precedentes tuvieron su continuidad en Villafranca del Bierzo, con la propia Sociedad Electricista, y en Astorga, donde Electra de Astorga, a comienzos del siglo XX, ya recibió el visto bueno para un préstamo solicitado con el fin de implantar el sistema de alumbrado. Cuenta también, que en la capital leonesa se aprovechaban los molinos harineros para fabricar luz. La historia es larga de contar, pero nuestra provincia ha sido pionera en centrales hidráulicas como la de Ambasaguas y otra apuesta fue el salto que se ubicará en las Hoces de Vegacervera. Luego llegarían los pantanos, y como no, las centrales térmicas de carbón, siendo nuestra querida provincia uno de los proveedores más importantes de energía eléctrica para la región y el país. Y uno todavía recuerda el tener una sola bombilla en la casa, en la cocina, a 125 voltios y que iba y venía cuando quería, pero eso sí, siempre había sustituto… y si se fundían los plomos, pues un hilo o dos de cable eléctrico, y a seguir para adelante… hasta la siguiente, que podía ser en el mismo día, dependía de las bajadas y subidas de la pequeña tensión.

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