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Y la cantinera de 104 años conoció a la leyenda del "fútbol con manos"

Y la cantinera de 104 años conoció a la leyenda del "fútbol con manos"

LNC VERANO IR

Ascensión y Juanín a la puerta del bar de la primera en Bárcena. Ampliar imagen Ascensión y Juanín a la puerta del bar de la primera en Bárcena.
Fulgencio Fernández | 23/06/2019 A A
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Y la cantinera de 104 años conoció a la leyenda del "fútbol con manos"
La historia de la semana Juanín citaba a Ascensión en su carta de despedida, la ponía como ejemplo, y la centenaria de Bárcena de la Abadía le escribió una carta. El ex jugador no dudó en ir a conocerla
"Para este adiós a una etapa he buscado palabras en el diccionario que expresaran lo que os quiero decir, no las hay. Pero nuestros ancianos, nuestras gentes, son un pozo de sabiduría en el que siempre están las respuestas a todo. Hace pocos meses una mujer de 104 años (Ascensión Ramón), de Bárcena de la Abadía, cerraba el bar en el que había trabajado 100 años, un siglo, y se despedía de sus clientes con una carta en la que sólo quería decir dos cosas: ‘Gracias y aunque el bar está cerrado la puerta sigue abierta". Es un párrafo de la carta de despedida de Juanín García del balonmano en activo. Había elegido el ejemplo de esta centenario que fue noticia hace unos meses cuando cerró su bar después de 100 años de trabajo.

Y a Ascensión le llegó la noticia de la carta de Juanín. Se la leyeron los hijos que recuerdan el momento, cómo se emocionó, soltó alguna lágrima.

- ¿Ese hombre quién es?
- Ese hombre mama es un jugador de balonmano, del Ademar, del Barcelona, de la Selección española, ha llevado el nombre de León por el mundo...

Entendió Ascensión que el balonmano es «como el fútbol pero con la mano» y quiso escribir una carta a Juanín para agradecerle que se acordara de ella. Se la trajo en mano su hijo Higinio el día del partido de despedida del ademarista en León, el que le puso letra a los deseos de la buena mujer. «Mándale un beso y dale las gracias. ¿Usted quiere decirle algo? Pues sí: Juanín, ha salido usted un leonés muy fino, cuánto me presta que haya leoneses así, porque a sus años, lo que ha conseguido, la fama el honor en el deporte, el éxito, espero que tenga muchos reconocimientos, considere éste uno de ellos, porque usted lo merece. No deja de sorprenderme, que yo tenga el honor de que me cite en su cariñosa carta de despedida, gracias».

A Juanín también le emocionó la carta de Ascensión y nada más que se desembarazó de todo lo que acarreó su adiós acudió a ver a Ascensión, en Bárcena de la Abadía. La mujer no dejaba de cogerle las manos, de acariciarle, de decirle «lo sencillo que parece para todo lo que dicen que ha ganado... ¡Qué pena que tenga que retirarse con solo 41 años, yo me retiré con 104».

No le dejó Ascensión marchar sin comer, ella misma le sirvió, entendía que no bebiera alcohol... pero no le dejó irse sin que llevara una docena de huevos de corral, «son huevos de verdad», le decía la emocionada mujer que le repetía: «Vuelva cuando quiera, que aquí no cerramos la puerta».
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