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Y dijo el toro al morir...

Y dijo el toro al morir...

OPINIóN IR

10/01/2019 A A
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Y dijo el toro al morir...
Llevo varias semanas pensando en lo 'icónico' que es cómo van muriendo poco a poco los carteles de Caja España. Esta frase la publicó en sus redes sociales mi gran amigo Héctor Viñuela, pero creo que es compartida por muchos leoneses, si no por todos. No eran las cinco de la tarde, sino las diez de la mañana del pasado viernes, cuando nuestro toro más emblemático recibía la última estocada y su cadáver salía arrastrado por los adoquines de la plaza de Santo Domingo como si de un albero se tratase.

Pero si icónico era el toro e icónica era la marca de Caja España, más lo es todavía de la sociedad leonesa la forma con arreglo a la cual nuestra entidad financiera ha acabado doblando en tablas después de padecer infinidad de puyazos. Y digo que es icónico de nuestra sociedad porque los leoneses somos cainitas y nos echamos en cara cualquier cosa con tal de hacernos con la razón, salvo que la culpa de algún problema sea de todos, porque entonces la faena se salda con silencio del público.

Y eso es lo que ha pasado en este caso. Nadie habla de por qué Caja España está en el desolladero. Su gestión dependía de políticos de uno y otro signo, de sindicalistas y de empresarios que, henchidos de orgullo, pensaban que todas sus faenas iban a acabar con ovación, vuelta al ruedo y dos orejas.

El problema surgió cuando el toro de Caja España empezó a perder las manos. En vez de asumir que la faena no daba más de sí, se quitaron la montera para ponerse la boina y siguieron dando muletazos como si nada ocurriese. Mucho se habla en este nuestro país del rescate a la banca, pero poco de que se trata sólo de las entidades gestionadas principalmente por políticos que han demostrado una vez más que lo suyo es el toreo de salón.

Resulta muy frustrante ver todo lo que ha pasado, es obvio, pero ahora lo importante es que Unicaja haga bien lo que otros hicieron muy mal pese a ser de esta tierra, ahora sólo nos queda esperar que el abanico se vea mucho tiempo en los tendidos y que no termine como el toro, diciendo al morir: "Siento dejar este mundo… sin ver un León más fecundo".
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