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Volver a la niñez

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Gran Cañón de Yellowstone. Ampliar imagen Gran Cañón de Yellowstone.
Alfonso y Óscar Fernández Manso | 17/08/2019 A A
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Volver a la niñez
Salvaje América Hoy me acompaña en mi visita al Parque Nacional de Yellowstone el escritor norteamericano John Burroughs, uno de los grandes maestros de la ‘writing nature’
John Burroughs quiso volver a la niñez volviendo a la naturaleza. Abandonó su rutinario y burocrático trabajo en la gran urbe de Washington para instalarse en las montañas de Catskill al sureste del estado de Nueva York. Quería retornar al campo y cultivar la tierra, quería volver a ser el campesino que fue. Burroughs había nacido en una granja familiar en el condado de Delaware, en estas mismas montañas. ¡Allí transcurrió su infancia feliz!. Burroughs pasó muchas horas en las laderas de Old Clump Mountain, mirando al Slide Mountain, uno de los picos más altos de los Catskills. Cuando finalmente consiguió llegar a su cumbre impresionado por las vistas escribió: «Las obras del hombre disminuyen, y salen las características originales del enorme globo. Cada objeto o punto es diminuto; el valle del Hudson es solo una arruga en la superficie de la tierra».
Hoy me acompaña en mi visita al Parque Nacional de Yellowstone John Burroughs, uno de los grandes maestros de la ‘writing nature’. Su extensa obra literaria se centró en la relación del hombre con la naturaleza, en la simbiosis que forman el ser humano y el mundo natural. Burroughs compartió tiempo y vida con escritores de la relevancia y popularidad de Ralph Waldo Emerson, Walt Whitman o Oscar Wilde. Fue muy valorado en su tiempo, Walt Whitman lo ensalzaba: «genuino hombre de los bosques, el único nativo entre los árboles». La obra de Burroughs fue durante mucho tiempo olvidada hasta que las nuevas sensibilidades de la «contracultura» de los 70 que sintonizaba con la naturaleza y sus problemas de conservación vuelve a apreciar, reivindicar y difundir su literatura.

Burroughs se pasó la vida regresando a aquellos bellos días rurales de su niñez. Quizá detrás de todo lo que pasó en aquel viaje de 1903, en el que acompañó al presidente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt por el Parque Nacional de Yellowstone. Burroughs caminó, compartió e interpretó con emoción la vida silvestre y las maravillas geológicas de Yellowstone. Juntos observaron tejones, alces, muflones, venados de cola negra y aves diversas mientras acampaban en lugares pintorescos y salvajes. «Encontré en el presidente un interés en la vida de las aves muy agudo, y su ojo y oreja notablemente rápidos. Pero sobre todo me sorprendió su interés por disfrutar de la soledad y la libertad que Yellowstone le ofrecía. Ciertamente Roosevelt tenía hambre de lo salvaje». Fruto de aquel viaje Burroughs escribió el libro que acompaña hoy en mi visita: ‘Camping and Tramping with Roosevelt’.

El Parque Nacional de Yellowstone fue el primer Parque Nacional que se declaró en el mundo y quizás sea uno de los más bellos e impresionantes. Inicialmente se creó para proteger sus áreas geotérmicas únicas provocadas por su fuerte y consistente actividad volcánica. Yellowstone contiene aproximadamente la mitad de los géiseres activos del mundo. El Parque Nacional se extiende en un área de 9.000 kilómetros cuadrados con majestuosos lagos, cañones, ríos y cadenas montañosas habitados por una fauna singular e impresionante.

Burroughs transmitió en aquellos días al presidente Roosevelt el amor por la naturaleza que había mamado en las montañas de Catskills. Mientras trabajaba en la granja familiar, fue cautivado por el regreso de las aves cada primavera y por la observación continua de fauna salvaje en los alrededores de la granja familiar. Y quizás aquellos días de la infancia lo llevaron a desarrollar una tremenda ilusión por vivir la vida con intensidad: «Me sigue pareciendo cada día demasiado corto para todos los pensamientos que quiero pensar, todos los paseos que quiero dar, todos los libros que quiero leer, y todos los amigos que quiero ver. El secreto de la felicidad es tener siempre algo que hacer».

Se han documentado en Yellowstone cientos de especies de mamíferos, aves, peces y reptiles. Pero sobre todo es el lugar donde las principales especies de la «megafauna» de Estados Unidos vive en estado salvaje. La creación del Parque Nacional contribuyó a la recuperación de los osos grizzly y los bisontes americanos, a la reintroducción del lobo, al manejo del fuego en el paisaje y la restauración de peces nativos. En la actualidad osos grizzly, lobos, manadas de bisontes y alces viven libremente en el Parque Nacional.
Los osos grizzly son el ícono de lo salvaje de Yellowstone. Para muchas personas, los osos grizzly simbolizan lo salvaje porque ellos dominan el territorio. Su inteligencia, tamaño, velocidad, fuerza e ingenio evocan asombro. Los osos nos recuerdan un mundo ancestral lleno de peligros y dificultades naturales que la mayoría de las personas rara vez experimenta. Sólo unos cientos de osos grizzly sobrevivieron a los colonización europea, la protección que el Parque Nacional les dio contribuyó a recuperar sus poblaciones.

El segundo gran icono de la naturaleza salvaje de Yellowstone es el bisonte de las llanuras (conocido como búfalo). Esta especie contó alguna vez con decenas de millones de ejemplares y su distribución abarcó gran parte de América del Norte. Sólo unos pocos cientos de bisontes de llanuras sobrevivieron a la caza y la matanza comerciales entre mediados y finales de 1800. El Parque Nacional proporcionó en aquellos lejanos días refugio a un pequeño rebaño relicto, salvaje y libre. Esta situación condujo a uno de los primeros movimientos para salvar una especie en peligro. El número de bisontes aumentó rápidamente después de la protección contra la caza furtiva. Yellowstone es el único lugar en los Estados Unidos donde los bisontes han vivido continuamente desde tiempos prehistóricos.

El tercer icono de la naturaleza salvaje de Yellowstone es el lobo. En el Parque Nacional se ha desarrollado uno de los proyectos de restauración de vida silvestre más ambiciosos y controvertidos del mundo. El Proyecto ‘Yellowstone Wolf’ ha producido más de dos décadas de descubrimientos sobre el comportamiento del lobo, las relaciones depredador-preso, el manejo de enfermedades de la vida silvestre y la complejidad ecológica. La reintroducción del lobo fue el experimento ecológico más celebrado de la historia según el ecólogo Mark Boyce: «Los ciervos se alimentaban de la vegetación boscosa durante el invierno, sobrepastoreando gravemente los árboles caducifolios y los arbustos; al reducir las densidades de ciervos en algunas áreas, la vegetación boscosa consiguió recuperarse, esto sucedió especialmente en hábitats ribereños, donde sauces, álamos y alisos proporcionaban pasto cada invierno y a menudo morían sus plantas. Así que hemos visto cómo se ha recuperado la vegetación y, además, se ha incrementado el número de osos grizzly y de pumas, todo ello ha creado unas interacciones biológicas más complejas en el Parque Nacional, superando la interacción inicial creada entre ciervos y lobos». ¡Verdaderamente increíble! ¡La naturaleza siempre nos sorprende!

Todos estos esfuerzos de conservación no hubieran sido posibles sin personas como John Burroughs, el hombre que siempre supo volver a la naturaleza de su niñez: «Bendito el que haya pasado su infancia en una granja, y si era una granja lechera, sus recuerdos serán aún más fragantes. Ir y volver con las vacas a los pastos todos los días y todas las temporadas durante años... ¡cuánto verano y cuánta naturaleza le han infundido estos trayectos! ¡Para cuantas caminatas y excursiones ha servido este encargo de excusa! Las aves y sus nidos, las bayas, los bosques de hayas con sus tesoros... y cientos de aventuras inenarrables, están todas ligadas a aquel corto viaje de un kilómetro de ida y vuelta a los remotos pastos. A veces faltaban una o dos vacas al traer el rebaño a casa por la noche; entonces salir a buscarlas era otra aventura». Benditos todos aquellos que han permitido que podamos disfrutar hoy de la salvaje naturaleza de Yellowstone.
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