Publicidad
Vivir es volver

Vivir es volver

OPINIóN IR

31/03/2020 A A
Imprimir
Vivir es volver
Todavía recuerdo, cuando sentada en el aula que llevaba el nombre del insigne Tomás y Valiente, tomaba notas al dictado de la Profesora Figueruelo Burrieza, en la Universidad de Salamanca. Estaba en clase de Derecho Constitucional y aquejada de la simpleza estudiantil de una imberbe adolescente, no podía imaginar entonces, que aquella explicación del art. 116 de la Constitución, pudiera llegar a aplicarse con los efectos que hoy, desgraciadamente, todos estamos viviendo. Estado de alarma, de sitio o de excepción, no eran más que conceptos, imágenes del pasado o si me apuran, recuerdos de escenas de títulos del cine de género fantástico y de ciencia ficción para una estudiante de primero de Derecho.

Del mismo modo, me viene a la cabeza, cómo años más tarde en quinto ya de carrera, con la poca perspectiva de la realidad jurídica que puede acumularse en cuatro años de apuntes y más apuntes, la profesora Moro Almaráz, nos hablaba de la especialidad del testamento en caso de epidemia regulado en el artículo 701 del Código Civil. Estaba en clase de Derecho de Sucesiones y pensé entonces, que, qué demonios hacíamos en nuestro país, con un texto de 1.889 que mantenía en su articulado situaciones tan alejadas de la realidad que vivíamos; realidad que, a pesar de haber transcurrido algún año que otro ya..., no distaba mucho del modo, esencia, estabilidad y situación social con la que iniciamos el vigésimo año del tercer milenio.

Nunca imaginé, que lo que allá por mis años de inocencia estudiantil asimilé con el escepticismo propio de la inmadurez de quien memoriza artículos y más artículos, pudiera hoy, con más de una década de ejercicio profesional a cuestas, volver a mi cabeza y ser la rabiosa actualidad de nuestro país.

Los abrumadores datos de afectados y muertos por la tardía, pero finalmente declarada pandemia del Covid-19, mira que costó pronunciar esta palabra a nuestras autoridades... inundan la información diaria y nos trasladan a otras épocas o realidades que conocíamos sólo a través de la historia o del celuloide.

Llevo días en los que, probablemente como ustedes, no escapo a conversación en la que no se nombre o se analice la crisis del coronavirus, en la que no salga el nombre de alguien de nuestro entorno al que la enfermedad haya asediado, rezando porque salga adelante. Y, llevo días también, en los que trato de evadirme de la situación y mitigar la impotencia y desánimo que se ha instalado en nuestras vidas, aunque no lo consigo del todo...Cualquier pensamiento o recuerdo me llevan al mismo sitio...

«Vivir es volver». Esta frase del texto ‘Las Nubes’ que forma parte de la obra ‘Castilla’ de Azorín, colgaba de una pared en el Colegio Mayor en el que la imberbe adolescente de la que les hablaba al inicio, memorizaba lecciones y artículos ingenua de su aplicación real algún día... Qué razón tan razonable escondía esa frase, porque estamos volviendo a vivir lo vivido durante el proceso codificador en la España del siglo XIX, con los efectos devastadores entonces del cólera y que hoy se replican en forma de virus coronado. El escenario codificador concluyó en 1.889 con la redacción del Código Civil, ¡sí! ese Código que se sigue aplicando en la actualidad y que, la despistada alumna de Derecho nunca imaginó que, su artículo 701 («En caso de epidemia puede igualmente otorgarse el testamento sin intervención de Notario ante tres testigos mayores de dieciséis años»), desgranado por la Profesora Moro Almaraz en aquella clase de quinto de carrera, pudiera llegar a tener hoy una delirante aplicación...

Hoy abandonada ya la inocencia de la juventud, aunque no del todo no se crean (una no se resigna a que los años pasen tan deprisa...) con el tiempo para la reflexión al que nos ha confinado una corona invisible pero real, pienso en Azorín y su «Vivir es volver», en su, «Vivir es ver pasar: ver pasar allá en lo alto, la nubes». Y quién sabe..., como «vivir es volver», quizá en algún momento, volvamos «a ver volver todo», y tengamos que refrescar también el artículo 612, olvidado ya en mis apuntes y que en tiempos atribuí al anacronismo decimonónico de nuestro vetusto Código Civil. Quizá incluso, el 613 o el 614, porque desde tesoros ocultos, hasta abejas en fundo ajeno, pasando por palomas, peces y aves con voluntad de cambiar de dueño, está el Código lleno...
Volver arriba
Newsletter