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"Veías caras de compañeros desencajadas por el cansancio pero un ambiente de colaboración total"

"Veías caras de compañeros desencajadas por el cansancio pero un ambiente de colaboración total"

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Antonino Pérez, uno de los responsables de mantenimiento del Hospital de León. | SAÚL ARÉN Ampliar imagen Antonino Pérez, uno de los responsables de mantenimiento del Hospital de León. | SAÚL ARÉN
Jesús Coca Aguilera | 31/05/2020 A A
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"Veías caras de compañeros desencajadas por el cansancio pero un ambiente de colaboración total"
Sanidad Antonino Pérez cuenta cómo vivieron la epidemia en mantenimiento: "El miedo era a no ser capaz de dar el servicio adecuado para servir a toda la gente"
Entre los trabajadores que vieron multiplicadas sus funciones en el Complejo Asistencial Universitario de León durante la epidemia del coronavirus estuvieron todas las personas de mantenimiento, que tuvieron un papel básico dado el numeroso cambio de plantas y ubicaciones que se llevaron a cabo durante los peores días.

Un plantel amplio, que supera las 80 personas entre todos los oficios y turnos, y a los que hay que sumar los ingenieros. Electricidad, que es la que más profesionales tiene, electrónica, mecánica, calefactores, fontanería, carpintería, pintura, jardinería, administrativos o personal de almacén. Para todos ellos fueron también unas semanas de dura batalla en las que doblar turnos y afrontar retos estaba a la orden del día.

«Al principio fueron días bastante complicados, ya que estábamos continuamente habilitando zonas nuevas. Fueron jornadas de mucho esfuerzo pero en las que veías que todo el mundo, sin distinción de trabajo, estaba dándolo todo por ayudar», señala Antonino Pérez, encargado del equipo de mecánica y que lleva más de 30 años trabajando en el Hospital, que lo recuerda como «una experiencia que ni en el peor de los sueños hubiéramos imaginado que existiría. Veías caras de compañeros desencajadas por el cansancio y sufrimiento, había un poco de miedo a no poder acoger a todos los pacientes, porque no paraban de llegar, era algo continuo y existía ese agobio por si no fuéramos capaces de atenderles a todos y llevaba a notar a la gente algo deprimida».

«Cada uno dio lo mejor de sí mismo, la gente se volcó y todos los servicios trabajamos codo con codo» Sin embargo, pese a esa situación, Antonino resalta que «se notaba un ambiente de querer colaborar y de ayudar. Cada uno dio lo mejor de sí mismo, la gente se volcó, todos los servicios trabajamos codo con codo»; incidiendo en que el caso de mantenimiento «fuimos un equipo muy compacto, sin importar la profesión, trabajando en habilitar lo mejor que se pudiera los espacios».

«Ahora las cosas ya han cambiado, estamos más prevenidos que no relajados, pero desde luego no es la presión ni la sensación de agobio de esos días, que te ibas para casa pensando que no llegábamos. Hay mucho trabajo porque hay que volver a recolocar todo, estamos volviendo a retomar servicios y reequipar cosas como estaban, pero se va con otro ritmo y con la mente más despejada, tienes un poco más de margen para ir haciendo las cosas sin esa presión añadida», señala Antonino sobre la situación actual, muy alejada de los peores días, «en especial 10, de la semana del 16 de marzo en adelante, que fueron fatales».

«Nos fuimos con la sensación de dar todo por que a los pacientes se les atendiera. Fue duro, pero valió la pena» Y es que, cambiar de sitio zonas del hospital, suponía muchos aspectos extra. «Cuando fueron ocupándose plantas y plantas y plantas para los enfermos del Covid, había zonas que no eran de camas sino de otros servicios y eso conlleva un mantenimiento que va desde poner un lavacuñas a que no estuvieran equipadas con toma de oxígeno y de vacío y hubiera que portar la botella con su regulador sobre la marcha, cosas que no son tan normales en esos sitios y había que ir montando a la carrera», recuerda Antonino, que explica cómo «desde mantenimiento también ayudamos a mover el mobiliario a celadores, había que poner tomas de corriente al lado de la cama para conectar a la red cualquier equipo, en una mañana y parte de la tarde se desmontó la zona de rehabilitación de gimnasio y terapias que se colocaron ahí casi 60 camas, hubo que desplazar muchas cosas desde el edificio de San Antonio... Fue un esfuerzo grande pero mereció la pena, nosotros nos fuimos con la sensación de haber dado todo por que a los pacientes se les atendiera y conseguimos que se llegara a todos».

«Tu pensabas: debo poner esto para que lo puedan usar los médicos y tiene que ser ya, no pensabas en más» Todo ello no dejaba tiempo ni de pensar y de hecho cree que «el miedo de contagiarte era lo de menos, todo el mundo estaba centrado en volcarse en dar lo mejor para que el paciente tuviera la atención necesaria, íbamos un poco sin ser consciente del peligro que corríamos, con unos guantes y unas mascarillas y sin preocuparte mucho. Tú pensabas: ‘tengo que poner esto para que lo puedan utilizar los médicos y enfermeras y tiene que ser ya, y tirabas para adelante’. El único miedo era a no ser capaz de dar el servicio adecuado para servir a toda esa gente que llegaba en malas condiciones».

«En 30 años trabajando aquí nunca había visto una situación parecida. Fue duro, querías llegar a todos los lados y te agobiabas, pero mereció la pena ese sacrificio», recuerda un Antonino que, como sus compañeros de mantenimiento, es también uno de esos héroes anónimos que han dejado esas críticas semanas.
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